OPINIÓN: México debe activar una estrategia nacional en materia económica

Con el acenso al poder de Trump, el país está mostrando de forma muy clara la carencia de una estrategia para el desarrollo y, en cambio, la fidelidad hacia dogmas que se vuelven obsoletos.
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IVÁN FRANCO

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – México tiene una capacidad limitada de reacción ante las circunstancias adversas. Ya sea por las políticas de un vecino iracundo o debido a los problemas internos. Desde hace años olvidamos un concepto clave para cualquier nación soberana: la estrategia nacional.

La estrategia es una habilidad que utilizamos escasamente. En la esfera pública, la corrupción rampante y el dogma económico y político impiden la existencia de un Estado que analice, anticipe y modifique el curso del país.

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Hace casi 26 siglos Sun Tzu plasmó en El arte de la guerra que “cuando te halles en un terreno cerrado, prepara alguna estrategia y muévete”. Por ello, la estrategia es también un elemento de la seguridad nacional.

La última gran maniobra estratégica implementada por un gobierno mexicano fue el TLCAN. Desde entonces, México vive de ese tratado y de sus ramificaciones, como la migración, las remesas y la inversión directa. Después del tratado, nada ha cambiado en nuestro país. El TLCAN y sus derivaciones representan conjuntamente 78% del PIB. Además, uno de los puntos cuestionables del modelo de apertura es la falta de agregación de valor a nuestra economía.

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En el ámbito geopolítico México juega con una sola carta, y en el doméstico, solo contamos con las políticas monetaria y la fiscal. En su libro The price of inequality, Joseph Stiglitz habla de las “políticas y modelos defectuosos” que son instrumentos que han generado desigualdad y la búsqueda de rentas por parte del 1% de la población, olvidando el interés general.

Países como Rusia, China, Brasil o inclusive, Bolivia y Corea del Sur, con todos sus problemas, han implementado una visión estratégica propia con principios históricos y considerando el escenario geopolítico actual. Esto implica mover las piezas del tablero estratégico atendiendo, en primer lugar, al interés y a la seguridad nacionales y, solo después, a intereses particulares.

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¿Por qué un país joven como Canadá, con 35 millones de habitantes produce más que México? ¿Si Canadá también depende del comercio con Estados Unidos? ¿Por qué Singapur tiene salarios altos y México tiene los más bajos de Centroamérica?

Ningún país está libre de la corrupción; sin embargo, parece que estos países usan la doctrina económica solo como una herramienta, no como la base de su desarrollo. Su éxito relativo yace en la visión que tienen como nación y en la estrategia para lograr esa visión.

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En México llevamos años pensando al revés. Juzgamos el nacionalismo de otros lugares. Y, por otro lado, somos fieles al dogma económico, el mismo que nos tiene estancados. El dogma y la estrategia son mutuamente excluyentes. Porque la estrategia es flexible, atrevida y dinámica, mientras que el dogma es rígido, conservador y parsimonioso.

¿Cuáles son los dogmas perniciosos de México?

Desde los años 90, todos los gobiernos han gestionado el desarrollo bajo las siguientes ideas y modelos:

1. Fincar el crecimiento económico en el consumo, creyendo que el consumo es sinónimo de bienestar.
2. Creer que la apertura a la inversión privada de sectores estratégicos como petróleo, gas, gasolina, minería y agua son vías para el desarrollo y que no implican altos costos para nuestra seguridad nacional.
3. Pensar que las políticas nacionalistas son algo exclusivo de los dictadores o de gobiernos antidemocráticos.
4. Dejar que el mercado asigne por sí mismo porque la intervención del Estado es indeseable. Esto incluye además el respeto a la ley y la persecución de los delitos tanto públicos como privados.
5. Apostar a que una permanente debilidad fiscal abone al desarrollo.
6. Pensar que nuestros 55 millones de pobres no son un asunto de seguridad nacional.
7. Creer que la corrupción y el crimen son costumbres y no problemas sociales y económicos en franco crecimiento.
8. Que el ciclo de “inversión-empleos” es un modelo de desarrollo sostenible. Aunque el empleo es una forma de vida para millones de personas, es esencialmente un costo para el empresario. Y el incentivo de un empresario es minimizar sus costos y buscar aumentar sus rentas. Stiglitz es precisamente quien ataca este mito económico que también origina inequidad.
9. Que los bajos salarios de México son resultado de una baja productividad laboral.
10. Y que los salarios precarios son independientes del endémico problema de corrupción y crimen que afecta nuestra seguridad.

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Con el acenso al poder de Trump, México está mostrando de forma muy clara la carencia de una estrategia para el desarrollo y, en cambio, la fidelidad hacia dogmas que se vuelven obsoletos. Estados Unidos es hoy nuestra única opción en el juego y también está mostrando vulnerabilidades y un acelerado declive como líder global.

Si no activamos una estrategia seria en materia económica y con interés nacional, nunca escaparemos de la pesada rueda de los ciclos económicos limitados por el techo de 2% de crecimiento anual del PIB, que cabe señalar, está asociado con el ciclo industrial de Estados Unidos.

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Para poder generar y activar una estrategia de Estado, primero debemos enterrar los dogmas económicos y políticos que nos tienen estancados y utilizar la experiencia internacional y empresarial como aprendizajes. Después, definir una visión de país con posiciones donde podamos sobresalir a nivel global y que fortalezcan la seguridad nacional. Existen múltiples estrategias ancla para desarrollar y proteger al país de los riesgos globales y de los peligros más cercanos e inmediatos, como Trump.

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