OPINIÓN: El problema de Trump está en su propio país y se llama reforma fiscal

El magro resultado de estos primeros 100 días se debe a que ni Trump ni su equipo han reconocido que el problema de Estados Unidos no es de comercio exterior (y menos con México).
El abandono de Estados Unidos al TLCAN traería una recesión económica para México, por la enorme dependencia en las importaciones de ese país.
Consecuencias  El abandono de Estados Unidos al TLCAN traería una recesión económica para México, por la enorme dependencia en las importaciones de ese país.  (Foto: EFE)
Iván Franco

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – A lo largo de los primeros 100 días de su gobierno, Donald Trump se estrelló contra el muro de su propia retórica. Quizá producto de la frustración ha vuelto al ataque contra el TLCAN.

Trump estaba evaluando emitir una orden ejecutiva que declara la intención de Estados Unidos de abandonar el tratado para supuestamente apresurar la renegociación. Un escenario que no conviene ni a México ni a Estados Unidos.

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Cualquier regreso a un esquema de aranceles, incluso del 1%, temporal o permanente, tiene impactos redistributivos en detrimento de la demanda de los dos países, además de los impactos negativos en los mercados y en el peso.

Por otra parte, un abandono definitivo de Estados Unidos del TLCAN traería una recesión económica para México, por la enorme dependencia en las importaciones de ese país y la poca flexibilidad para sustituirlas. Un impuesto transfronterizo es aún peor para México (y también para Estados Unidos) por la caída en la demanda que se vería en ambos lados.

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Es cierto que México podría cobrar impuestos a las importaciones, pero ¿a quién le beneficia esto? Las medidas comerciales espejo de las que habla México para contrarrestar a Estados Unidos son como echarle más leña al fuego. Un arancel es un impuesto antes que una medida proteccionista.

El verdadero problema

El magro resultado de estos primeros 100 días se debe a que ni Trump ni su equipo han reconocido que el problema de Estados Unidos no es de comercio exterior (y menos con México), sino uno fiscal.

Desde el punto de vista monetario, su abultado déficit comercial es algo lógico y hay poco que hacer. Estados Unidos nunca podrá revertir esta situación dado que está pagando el precio de dolarizar a la economía global.

El día que Estados Unidos tenga un superávit comercial será porque el dólar habrá perdido valor y ya no será una moneda de reserva global.

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Trump está enfrentado con el reto económico más grande de Estados Unidos en la actualidad: una deuda pública de 20 trillones de dólares, el techo de la deuda y la promesa de una reforma fiscal que beneficie a las empresas y a la clase media. Son realidades contrapuestas. Como nunca antes, el gobierno de ese país tiene un margen de maniobra fiscal muy limitado.

¿Cómo serán los próximos 100 días de Trump?

Aunque Trump es impredecible, la balanza se inclina por una renegociación del TLCAN con menores impactos. Por ejemplo, aumentar el valor agregado regional con el mecanismo de las reglas de origen. Esto, más que nuevos empleos, promoverá una pérdida de competitividad derivada de la sustitución de importaciones.

El gobierno necesita dar certeza sobre sus promesas fiscales y el plan de infraestructura. El reloj corre en su contra y los 100 siguientes días serán complicados para Trump. Porque las soluciones, la capacidad de ejecución y su credibilidad se están agotando.

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Trump y su equipo económico piensan que el hueco fiscal que provocará un recorte del impuesto a las empresas podrá taparse con más recaudación, derivada de un mayor crecimiento económico. Pero si esta fórmula mágica no ocurre (que es lo más seguro), tendrán que recurrir al endeudamiento.

Por otro lado, el gobierno necesita 1 trillón de dólares adicionales para el plan de infraestructura original, en un país que depende de ésta para mejorar su competitividad relativa, rebasada por sus socios comerciales.

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La ecuación es difícil de resolver y hay pocas opciones para maniobrar. Por el lado del gasto público, tienen la deuda. A lo que se suma, un costoso plan de infraestructura y recortes de impuestos a las empresas y a la clase media (que aún están por verse).

Del otro lado, una política monetaria normalizándose (con balances acrecentados de la FED), y consecuentemente, poco margen para una política fiscal expansiva. Finalmente, menor entusiasmo de los mercados y de los consumidores en la economía.

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Como una economía dependiente de Estados Unidos, México se encuentra inmerso en esta pesadumbre por ser el eslabón más débil de la cadena económica. Afortunadamente, aún no entramos en el terreno de peligro. Todo depende de las decisiones comerciales que se tomen próximamente.

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En el pasado, la retórica contra México le ayudó a Trump, pero la realidad le está diciendo que nuestro país no representa un problema económico para él. El problema está en su propia casa y se llama reforma fiscal.

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