OPINIÓN: Donald Trump no está aprendiendo de sus errores

Aunque otros presidentes en la historia de Estados Unidos tuvieron comienzos complicados, aprendieron más pronto de ellos a diferencia del republicano.
¿Perdido?  La mayoría de los economistas tradicionales dudan seriamente que esos grandes recortes fiscales produzcan un crecimiento radical automático.  (Foto: EFE)
David Gergen

Nota del editor: David Gergen es analista político sénior de CNN y fue asesor de la Casa Blanca en cuatro presidencias. Es egresado de la Facultad de Derecho de Harvard, da clases de Servicio Público y es uno de los directores del Centro de Liderazgo Público de la Escuela Kennedy de Harvard. Síguelo en Twitter como @david_gergen. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Mientras se prepara para los implacables ataques de la prensa tras 100 días de gobierno, el equipo de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, señala justificadamente que otros presidentes también tropezaron.

John Kennedy se enfrentó al desastre con la invasión de la bahía de Cochinos en Cuba. Bill Clinton resbaló y se vio envuelto en la polémica por los gays en las fuerzas armadas. El equipo de George W. Bush no prestó suficiente atención a la advertencia de los servicios de inteligencia sobre los secuestros de aviones para fines terroristas.

Como argumentó Richard Neustadt en un trascendental libro sobre el poder presidencial, el nuevo equipo en la Casa Blanca tiene que tomar algunas de las decisiones más importantes desde el principio; como es cuando tienen menos experiencia, cometen errores. A pesar de todo, los acontecimientos de los días pasados ponen de relieve una diferencia marcada y potencialmente peligrosa entre la presidencia de Trump y varios de sus predecesores: la mayoría (la de Kennedy y la de Clinton en particular) fueron organizaciones que aprendieron y que mejoraron mucho sobre la marcha.

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En contraste, el desempeño del equipo de Trump indica que su curva de aprendizaje es mucho menos pronunciada de lo que debería.

Para ser justos, ha habido algunos signos alentadores de que las cosas mejoran, especialmente en cuestiones internacionales gracias al nombramiento del general H. R. McMaster como asesor de seguridad nacional, quien trajo consigo una toma de decisiones y un proceso de ejecución más atinados.

Sin embargo, ni siquiera eso es como debería ser: las recientes metidas de pata relacionadas con el paradero de un grupo de portaaviones ciertamente avergonzó a un profesional como McMaster. El mundo sigue sin entender cuál es la estrategia y el rol de liderazgo de Trump a nivel mundial.

A estas alturas de su presidencia, debería reinar la sensación de que él y su equipo tienen control total del gobierno. Pero sin importar la magnitud de las cuestiones, en días recientes la administración ha revelado que está cometiendo la misma clase de errores que cometió hace unos meses.

Hermetismo

Desde el principio, la presidencia que prometió transparencia se ha refugiado en un hermetismo excesivo, con lo que da la impresión de que está tratando de ocultar algo. ¿Por qué impusieron nuevas restricciones a sus bitácoras de visitantes? ¿Por qué no han aprendido que aunque reafirmar estas conductas los hace sentir muy machos, la confianza de la opinión pública se erosiona?

¿Un nuevo plan para la atención médica?

Desde el principio, a la prensa y a la opinión pública le ha preocupado que el presidente de Estados Unidos sea un estafador que vende algo que no es lo que parece. Esto no es bueno para él ni para el país. ¿Entonces por qué la presidencia se ha adherido al nuevo plan de reforma a los servicios de salud que proponen los republicanos de la Cámara de Representantes? Según los reportes preliminares, en el plan se establece que el gobierno federal seguirá brindando muchos de los beneficios de Obamacare, pero concedería a los estados la facultad de eliminarlos. ¿Cómo pueden los enfermos y los ancianos depender de un plan como este? Muchos pensarán que es una estafa.

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La cuestión de los impuestos

En ese tenor, el secretario del Tesoro de Trump y sus principales asesores económicos en la Casa Blanca han dicho que en vez de pagar los grandes recortes fiscales a la antigua (reduciendo el gasto o aumentando los demás impuestos), la Casa Blanca podría adoptar un crecimiento económico mucho más rápido que generaría muchos más ingresos.

La mayoría de los economistas tradicionales dudan seriamente que esos grandes recortes fiscales produzcan un crecimiento radical automático. De hecho, en días pasados, los mercados indicaron que la economía (que inicialmente recibió impulso gracias a Trump) está en retroceso hacia un crecimiento inferior a lo normal. ¿Cuánto tiempo pasará para que los demócratas califiquen los recortes fiscales de Trump como otra estafa que lo beneficiaría a él y a sus amigos?

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¿Desorden en la Casa Blanca?

Aunque las encuestas indiquen que Trump aún cuenta con el apoyo de las bases, también indican que el público en general se está hartando de su rimbombancia y de sus descabelladas vueltas de tuerca. Es obvio que se necesita que haya más orden en la Casa Blanca. ¿Por qué entonces, en días pasados, Trump le ha insistido al Congreso no solo evite el cierre del gobierno la próxima semana, sino que también apruebe la propuesta de ley de atención médica en la Cámara de Representantes, cosa que nadie en el Capitolio espera que pase?

¿Por qué Trump sorprendió a su Departamento del Tesoro al proclamar que presentará su plan fiscal el miércoles 26 de abril o poco después? Su propio equipo se muestra escéptico. Lo siento, amigos. Esta no es la forma en la que funciona una Casa Blanca ordenada.

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¿Una cena con Ted Nugent?

Su equipo en la Casa Blanca dijo con razón que el tiempo es vital para el presidente. Tal vez parezca mezquino preguntarse por qué sigue dándole tan poca importancia a las reuniones informativas sobre seguridad nacional, pero la semana pasada destinó cuatro horas a cenar y dar un recorrido guiado por la Casa Blanca a Sarah Palin, Kid Rock y Ted Nugent, de quien es bien sabido que es racista, que pidió que colgaran a Hillary Clinton y a Barack Obama y que dijo que Obama era un "perro subhumano".

Los asesores de la Casa Blanca podrían restar importancia a esto y decir que es poner demasiados reparos. Bien podrían decir que no está tuiteando tanto y que en general, sus tuits han sido mucho menos ponzoñosos. Sí, es cierto (gracias a Dios), pero también omiten lo más importante: que en muchas formas, las cosas no han mejorado tanto.

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El hermetismo, los engaños, la rimbombancia, las rencillas internas, el lentísimo proceso de designación de funcionarios, la denigración de sus oponentes, la falta de estrategias, etc., etc. Más de lo mismo.

Otros presidentes demostraron lo importante que es aprender y crecer en el cargo. Después del lío de bahía de Cochinos, Kennedy se esforzó al máximo y un año y medio más tarde fue un líder magnífico en la crisis de los misiles cubanos, con lo que evitó una guerra nuclear. Clinton recuperó el control tras los primeros errores y se volvió un presidente más fino, mucho más efectivo. Con el correr del tiempo y gracias a la determinación y a la introspección, Barack Obama se volvió un presidente mucho mejor.

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Por el bien del país y por el suyo propio, es importante que Trump y su equipo aprovechen lo que ha ocurrido en estos 100 días simbólicos, que dejen de estar tan a la defensiva y que aprendan discretamente de estos primeros meses para gobernar con mayor eficacia. La historia demuestra que se puede.

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