OPINIÓN: La paciencia de los republicanos con Trump podría estar agotándose

El despido del director del FBI, la filtración de información de inteligencia con Rusia y el memorando de James Comey han cimbrado al Partido Republicano.
Desde que prestó juramento como presidente, el presidente Trump ha contado con la protección de los republicanos ante las investigaciones o ante los contraataques político, aseguran analistas.
Clave  Desde que prestó juramento como presidente, el presidente Trump ha contado con la protección de los republicanos ante las investigaciones o ante los contraataques político, aseguran analistas.  (Foto: Reuters)
Julian Zelizer

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton, además de miembro numerario de New America. Escribió los libros Jimmy Carter y The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. También es conductor del podcast Politics & Polls. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — La noticia de que el exdirector del FBI, James Comey, escribió en un memorando que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, le pidió en febrero que dejara de investigar a Mike Flynn, entonces asesor de seguridad nacional, ha dejado sentir sus efectos en Washington.

Todo ocurrió en la peor semana política de Trump y eso es mucho decir. Tras impactar y sorprender al país durante varios meses, Trump finalmente está haciendo algo que parecía posible: amenaza con fisurar el muro de defensa republicano en el Capitolio que ha servido más que nada para protegerlo.

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En general, los republicanos del Congreso estadounidense se han mantenido firmes mientras Trump hace declaraciones controvertidas y provoca tensiones internacionales. Le han dado el beneficio de la duda con la esperanza de que, aunque los primeros 100 días de la presidencia carecieron de cualquier logro legislativo significativo, el segundo ciento le permita al Partido Republicano avanzar finalmente con su programa tras haber estado perdidos ocho largos años.

Aunque se teme que la ley sobre servicios de salud que se aprobó en la Cámara de Representantes dañe a los republicanos del Senado, Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado, dijo que confía en que pueden volver a armar una iniciativa exitosa.

Pero en tan solo siete días, todo ha cambiado. Trump desconcertó al país al despedir al director del FBI, James Comey, en plena investigación sobre su campaña presidencial y luego reconoció en una entrevista en televisión que lo hizo "por lo de Rusia".

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Los asesores presidenciales se vieron en dificultades para tratar de justificar lo que acababa de pasar y parecía que se contradecían entre sí. Ni siquiera habían recuperado el aliento cuando el diario estadounidense The Washington Post publicó una bomba el lunes 15 de mayo por la noche, en la que afirmaban que Trump había compartido información altamente confidencial sobre el Estado Islámico con unos funcionarios rusos.

Aunque es legal que el presidente haga esto, dar esta clase de información delicada a un país que no es aliado es muy inusual y, de acuerdo con la mayoría de los expertos, peligroso.

Aparentemente exasperado, McConnell dijo a los reporteros: "Nos serviría que hubiera un poco menos de dramatismo de parte de la Casa Blanca en muchas cosas para que podamos concentrarnos en nuestra agenda, que consiste en desregulaciones, reforma fiscal y derogar y reemplazar Obamacare".

Luego, llegó la bomba de Comey.

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El despido de Comey, la filtración de información de inteligencia con Rusia y el memorando de Comey han cimbrado al Partido Republicano y han suscitado dudas sobre la capacidad del presidente para manejar dos funciones presidenciales esenciales que los republicanos siempre han priorizado: el Estado de derecho y la seguridad nacional.

Ahora bien, son cada vez más los republicanos (como el senador por Tennessee, Bob Corker, quien advirtió sobre la "espiral descendente") que se están quejando. Otros simplemente no salen en defensa de Trump y se mantienen notoriamente callados. Ninguno sabe exactamente qué hacer. Como están pensando en las elecciones de 2018, se dan cuenta del daño que Trump puede hacerles en el sentido electoral, particularmente porque sus índices de aprobación están en alrededor del 38%.

Las controversias de la semana pasada también coinciden con un momento crucial para los republicanos. Los miembros del Congreso han estado ansiosos por avanzar con alguna especie de proyecto legislativo. Querían avanzar en alguna clase de propuesta de ley de servicios de salud y estaban particularmente ansiosos por avanzar con la propuesta de Trump de reducir los impuestos al sector productivo.

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Esperaban que este fuera finalmente el momento en el que Trump hiciera un "giro legislativo" y se tomara la misión de promover las propuestas de ley en el Congreso con la misma seriedad con la que se tomaba sus tuits. Algunos incluso esperaban que finalmente, a pesar de todo, Trump pudiera tener alguna clase de logro diplomático radical en su visita a Medio Oriente.

Parece que nada de esto va a pasar. El impulso va en la dirección contraria. Trump está políticamente paralizado y estará a la defensiva mientras la Casa Blanca intenta manejar las consecuencias. Hay mucha presión por las investigaciones sobre Rusia y los titulares de los diarios hablan cada vez más de su competencia mental y de un juicio político, así que los hombres y las mujeres del presidente dedicarán gran parte de su tiempo a controlar los daños.

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Un día antes de que los encabezados hablaran de la reunión de Trump con los líderes rusos en el despacho oval, el diario The New York Times ya había reportado que los republicanos del Senado estaban pensando en promover las propuestas de ley por su lado. "Parece que casi todos los días hay un levantamiento, una crisis en Washington que cambia el tema", se quejó Susan Collins, senadora por Maine.

En el fondo, escribió el columnista conservador del Times, David Brooks, después de que se diera a conocer la historia del Washington Post, "Trump es infantil". El senador Lindsey Graham dijo: "Si esto es cierto, será un problema". El senador John McCain tuiteó: "Si es cierto, es profundamente perturbador".

Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, dijo a través de su portavoz: "No tenemos forma de saber qué dijo, pero lo más importante es proteger los secretos de nuestro país. El presidente de la Cámara espera que la presidencia dé una explicación total de los hechos".

A pesar de todo lo que se ha dicho sobre el populismo y el atractivo de su inconformismo, el eje de la supervivencia de Trump ha sido el poder del partidismo. Durante su campaña electoral, dependió de que la mayoría de los republicanos respaldara su versión de la línea del partido sin importar la opinión que tuvieran de él. Los republicanos cumplieron.

Desde que prestó juramento como presidente, Trump ha contado con la protección de los republicanos ante las investigaciones o ante los contraataques políticos gracias a que desean sacar el mayor provecho de lo que puede hacerse con un gobierno unido.

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Ciertamente no se sabe aún si los republicanos romperán filas. Hasta ahora solo han sido palabras y tuits. Pero está claro que la presión se está acumulando y que las protestas de los conservadores son cada vez más fuertes.

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Si los actos indignantes de los pasados siete días logran romper la unidad del partido, Trump estará verdaderamente expuesto. Si los legisladores sienten que su mayoría y que el futuro a largo plazo de su partido están en riesgo (particularmente por culpa de un presidente que muchos no querían desde un principio), entonces todo es posible. En ese caso, Trump podría aprender lo imperioso que puede ser el poder legislativo cuando se decide a arremeter contra la Casa Blanca.

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