OPINIÓN: ¡Es la política, estúpido!… la que mueve los mercados

Los cientistas políticos han empezado a cobrar tanta importancia como economistas y analistas financieros en los comités de inversión de los mayores inversionistas del mundo.
La inesperada victoria de Trump en la elección presidencial de EU en noviembre enfatizó el punto de la injerencia de la política en la estabilidad de los mercados de aquel país y del mundo.
Sorpresa  La inesperada victoria de Trump en la elección presidencial de EU en noviembre enfatizó el punto de la injerencia de la política en la estabilidad de los mercados de aquel país y del mundo.  (Foto: EFE)
Axel Christensen

Nota del editor: Axel Christensen es director de Estrategia de Inversión para América Latina e Iberia de BlackRock. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — Hace 25 años, James Carville, el jefe de estrategia de campaña de un joven y desconocido candidato Bill Clinton, viendo que había tantos temas disputando la atención en la campaña presidencial contra el entonces presidente Bush (padre), se hizo famoso al centrar la contienda electoral en la situación económica, a través del eslogan: “¡Es la economía, estúpido!” El resto es historia.

Volviendo al presente y en mi rol de estratega de inversiones, parece no haber mejor manera de caracterizar a la actual situación de los mercados financieros que parafraseando “¡es la política, estúpido!”

La importancia de la política o de eventos geopolíticos en los mercados no es algo nuevo. El uso de palomas mensajeras anticipando noticias de la derrota de Napoleón en Waterloo, que llevó a la compra anticipada de bonos británicos es toda una leyenda. Sin embargo, esta importancia se ha manifestado últimamente con mayor fuerza que lo usual, a diferencia de años anteriores donde monedas, acciones y bonos se movían más bien por eventos de naturaleza económica (como decisiones de bancos centrales) o financieras (como la caída de Lehman).

Así, la sorpresiva decisión en junio de 2016 de una mayoría de ciudadanos británicos de abandonar la Unión Europea fue la primera campanada de alerta de que la política tendría una injerencia mucho más relevante en las decisiones de inversionistas. La inesperada victoria de Trump en la elección presidencial –irónicamente ante otro Clinton, esta vez la favorita– en noviembre enfatizó el punto.

Para decidir qué alternativa de inversión se veía más atractiva (o más riesgosa), ya no bastaba analizar tasas de interés o flujos de caja. Rápidamente los cientistas políticos empezaron a cobrar tanta importancia como economistas y analistas financieros en los comités de inversión de los mayores inversionistas del mundo (al mismo tiempo que los “encuestólogos” perdían todo dejo de credibilidad que les quedaba).

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América Latina no estuvo ajena a este fenómeno de creciente importancia de la política: desde el juicio político y la salida de la presidenta Rousseff en Brasil a un primer intento fallido de aprobar el Plan de Paz en Colombia, los eventos políticos tuvieron impactos significativos en mover las variables financieras.

Este año 2017, la situación no ha cambiado mucho. En EU, el foco ha pasado desde la campaña electoral a la instalación del gobierno de Trump y los intentos de materializar sus promesas de campaña. Así, el precio de las acciones de bancos y empresas de sector salud se ha movido al vaivén de las noticias que salen desde Washington y que pueden afectar las regulaciones de sus respectivas industrias. Los activos financieros de México (en especial la moneda) se convirtieron en verdaderos barómetros que median la aproximación (y después el aparente alejamiento) de la tormenta que significaría la renegociación del NAFTA.

En otras partes del mundo, como Siria o Corea del Norte, la escalada de tensiones geopolíticas también ha servido para alimentar mayores temores en los mercados financieros, ante escenarios que si bien de baja probabilidad de ocurrencia –como un conflicto de EU con Rusia o un incidente con armas nucleares–, de suscitarse traen consigo impactos altamente negativos.

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En Europa, las votaciones en Holanda y Francia han marcado también la agenda financiera. Fue notoria la reacción de alivio de inversionistas tras conocerse el resultado de la segunda vuelta de la elección presidencial en Francia.

Pero, ¿cuánto podrá durar esta mayor tranquilidad desde la dimensión política? No demasiado tememos. Si bien los últimos resultados electorales en Europa parecieran indicar un cierto freno a los movimientos populistas/nacionalistas, no es fácil destacar un repunte de volatilidades a medidas que nos acerquemos a las elecciones generales en Alemania más tarde este año (o posibles elecciones en Italia).

Aquí mismo en México tampoco nos podemos restar de la importancia de la política sobre los mercados. Ante las perspectivas de cambio político con las elecciones del próximo año, los inversionistas han comenzado a mover fichas. Saben muy bien que, de no considerar la política, pueden terminar convertidos en verdaderos estúpidos.

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