OPINIÓN: ¿Los estadios serán blindados como los aeropuertos luego de Manchester?

Tras el ataque en un concierto de Ariana Grande en Manchester, se podrían implementar medidas de seguridad más estrictas en los estadios.
Un antes y un después  Después de lo de Manchester, la definición de "medidas razonables de seguridad" podría alterarse para siempre.  (Foto: AFP)
Danny Cevallos

Nota del editor: Danny Cevallos es analista jurídico de CNN y abogado especialista en lesiones, condenas injustas y defensa penal; ejerce en Nueva York, Pennsylvania y las Islas Vírgenes Estadounidenses. Síguelo en Twitter como @CevallosLaw. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Hasta la noche del martes 23 de mayo había 22 muertos (entre ellos niños) tras una explosión ocurrida afuera de un concierto de Ariana Grande en la Arena Manchester, en Inglaterra.

Los conciertos y los eventos deportivos son particularmente vulnerables al terrorismo porque hay públicos grandes en un lugar cerrado y llaman mucho la atención. Teniendo eso en mente, ¿hasta dónde llega la responsabilidad de los dueños de un estadio respecto a los asistentes?

Las leyes estadounidenses se derivan del common law inglés y de un sistema feudal concebido para proteger los intereses de los terratenientes. En ese entonces, se consideraba que el terrateniente era el soberano dentro de los límites de su propiedad y su única responsabilidad con la gente que vivía dentro de su propiedad era no lesionarlos intencional o innecesariamente.

Tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, las leyes han evolucionado considerablemente. En Estados Unidos, la responsabilidad de los propietarios y los poseedores de la tierra ha llegado a depender de la condición de la persona lesionada, es decir, depende de si es un invitado, un usufructuario o un invasor. Los asistentes a un concierto se considerarían "invitados": personas que están en una propiedad con un fin comercial. Un estadio en Estados Unidos tiene ante el invitado la responsabilidad de mantener las instalaciones en condiciones de seguridad razonables para evitar cualquier daño previsible o advertir a los invitados de los peligros ocultos.

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Un clásico ejemplo de cumplimiento de esta responsabilidad es instalar redes en un estadio de béisbol en las zonas en las que suelen llegar pelotas de foul. Que un aficionado reciba un pelotazo es una lesión previsible y la solución es relativamente barata. También es un ejemplo muy tangible respecto a en dónde se marcan los límites a las lesiones previsibles. Tal vez hayas notado que la red de la línea de foul no cubre todos los asientos del estadio, sino solo las zonas en donde se considera que recibir un pelotazo de foul es particularmente peligroso.

Claro que las pelotas pueden caer en cualquier parte del estadio, pero la decisión de no cubrir con una red todos los asientos toma en cuenta la probabilidad de que haya un daño y lo compara con el costo de la protección, así que los aficionados que están en los asientos expuestos tendrán que arreglárselas solos.

La actividad delictiva, que incluye al terrorismo, es otra cuestión. Es imposible que el propietario de un estadio elimine totalmente la vulnerabilidad ante las actividades delictivas de un tercero. La ley toma en cuenta esta situación: el propietario de un sitio usualmente no está obligado a proteger a los invitados de actos delictivos cometidos por terceros. Hay una excepción a esta regla: el propietario de un lugar debe tomar medidas dentro de lo razonable para proteger a la gente de actos delictivos de terceros si sabe o tiene razón para saber que hay un riesgo excesivo y previsible.

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Y ahí está la cosa: los actos terroristas no son frecuentes, pero en una sociedad posterior al 11-S, todos son "previsibles", aunque nunca hayan ocurrido en un lugar en particular. De hecho, esa es la razón por la que el terrorismo es efectivo: un atentado horrible en un concierto puede cambiar la forma en la que todos asistimos a estos eventos.

Por ejemplo: uno de los efectos persistentes de los acontecimientos del 11-S es que ahora el terrorismo es algo previsible en los aeropuertos de Estados Unidos y en otros eventos o medios de transporte masivos. Aunque las autoridades descubran y frustren las conspiraciones terroristas, el haber estado cerca queda grabado a fuego en nuestra consciencia sobre la "previsibilidad", como si el atentado hubiera tenido éxito. La conspiración frustrada del "zapato bomba" de hace varios años y la amenaza actual de las laptops son ejemplos de amenazas que tal vez nunca se materialicen, pero que son "previsibles" porque imaginamos que pueden ocurrir fácilmente.

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Las medidas de seguridad han cambiado mucho en los estadios desde el 11-S. Antes, si revisaban nuestros bolsos, era para ver si llevábamos bebidas alcohólicas; ahora es para buscar explosivos. Ahora es rutina que nos revisen manualmente o con un detector de metales. Después de lo de Manchester, la definición de "medidas razonables de seguridad" podría alterarse para siempre y la norma podría ser más estricta, no solo porque los dueños de los estadios querrán limitar los riesgos, sino porque así será la norma internacional. Tal vez las revisiones al estilo TSA (Administración para la Seguridad en el Transporte de Estados Unidos, por sus siglas en inglés) sea el nuevo futuro de los conciertos y los eventos deportivos.

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Pero hay una razón más por la que el terrorismo es tan insidioso: el daño trasciende al radio de la explosión y redefine el término "previsible" en el caso del daño que podemos sufrir.

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