OPINIÓN: ¿Trump se está divirtiendo en la presidencia de EU?

A seis meses de haber asumido la presidencia estadounidense, las técnicas de empresario impulsivo de Donald Trump no se adaptan a la política, que exige atención y precaución, opina Michael D'Antonio.
No parece que el presidente de EU esté disfrutando su nuevo cargo.
Trump  No parece que el presidente de EU esté disfrutando su nuevo cargo.  (Foto: Reuters)
Michael D'Antonio

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (editorial St. Martin's Press). Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Tras seis meses en el cargo, el 45º presidente de Estados Unidos luce como un guerrero muy infeliz. Sí, el rostro de Donald Trump se ilumina cuando llegan camiones enormes a la Casa Blanca y tiene la oportunidad de sentarse al volante. Pero en gran medida, levantar los pulgares o aplaudir un poco son sus muestras de entusiasmo y su mirada refleja a un hombre que preferiría estar en cualquier parte menos en Washington.

¿Quién podría culparlo? Durante su campaña, Trump prometió que sus habilidades empresariales y de conductor de programas de telerrealidad bastarían para liderar al país y al mundo. Luego, descubrió que lo que le funcionó durante toda una vida a cargo del negocio familiar no necesariamente se puede transferir. Ser director ejecutivo no te prepara para el despacho oval.

Cuando era un ciudadano común, Trump controlaba un imperio familiar de miles de millones de dólares, lo que significaba que prácticamente hacía y decía lo que le daba la gana. Si no le gustaba el desempeño de la gente de su organización, podía despedirla.

Cuando sentía que alguien ajeno al mundo Trump lo ofendía, se manifestaba de la forma que le parecía más adecuada. Dijo que un columnista del diario The New York Times era un perro y declaró que Hillary Clinton "no puede satisfacer a su esposo". Le pagó a una pandilla de abogados para demandar a quienes creía que lo habían perjudicado y para protegerlo de las acusaciones de quienes se sintieron pisoteados por él. Con algunas excepciones, Trump prevaleció porque podía pagar más artillería jurídica y podía soportar la batalla más tiempo.

Como presidente, Trump ha seguido actuando como tipo rudo. Si se siente ofendido por los reporteros que revisan la veracidad sus afirmaciones, dice que la prensa es "enemiga del pueblo". La diferencia ahora es que los blancos de Trump no se arredran fácilmente. Los supuestos enemigos del pueblo han informado confiablemente sobre las muchas mentiras y falsedades del presidente de Estados Unidos.

Por otro lado, su índice de aprobación sigue cayendo. En la encuesta más reciente, solo el 36% de los estadounidenses dijeron que estaban satisfechos con su trabajo. En la historia de las encuestas, ningún presidente ha recibido una calificación tan baja tras seis meses en el cargo. Las cifras de Trump son tan malas que los legisladores, incluso sus colegas republicanos, podrían sentirse envalentonados para desafiarlo. El intento fallido del Partido Republicano por abrogar y reemplazar Obamacare con su propia ley es el ejemplo principal. Durante la campaña, en 2016, Trump prometió: "Van a terminar con una atención médica genial por una fracción del costo y eso va a pasar inmediatamente después de que entremos. ¿De acuerdo? Inmediatamente. Rápido. Pronto".

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El Congreso no actuó rápido. Los líderes republicanos se involucraron en el proceso complicado de legislar y pasaron los meses. Ahora, la propuesta de ley del Senado se desplomó.

Frustrado, el presidente no ocultó que los legisladores que se le opusieron se enfrentarían a unas elecciones primarias complicadas en el próximo ciclo electoral. Aunque las amenazas pueden funcionar con subcontratistas que quieren que les paguen, los legisladores que rinden cuentas a sus electores no necesariamente son tan vulnerables.

A pesar de que su partido controla ambas cámaras, Trump y los líderes de la legislatura no pudieron conseguir los votos. De hecho, justo en el momento en el que Trump se reunía con unos senadores para hablar del siguiente paso en el tema de la atención médica, los senadores Mike Lee, de Utah, y Jerry Moran, de Kansas (ambos republicanos), anunciaron que se opondrían al plan de atención médica y por lo tanto, las probabilidades de que pase se derrumbaron.

Las diferencias entre republicanos hacen tropezar el plan de salud de Trump

Moran y Lee hicieron lo que los niños hacen con los abusones en el patio de juegos: se aliaron para enfrentársele. Un político menos beligerante y experimentado nunca se habría dejado orillar a una situación tan desfavorable como ha ocurrido con Trump. Sin embargo, no logró ser lo suficientemente persuasivo y, al final, perdió de forma humillante.

Salirse por la tangente no funciona

En la derrota, Trump aplicó otro de sus métodos favoritos de su vida anterior: salirse por la tangente. Primero, presumió sus logros legislativos: "Hemos promulgado más leyes (y estoy hablando de toda la legislatura) que cualquier presidente de la historia". Luego, acotó al margen que "sería mejor que diga 'creo'; si no, me van a poner un pinocho. Y no me gustan los pinochos". Los "pinochos" son los símbolos que los revisores del diario The Washington Post usan para indicar una mentira presidencial y, en el caso de la afirmación sobre la promulgación de leyes, Trump esperaba que lo corrigieran. Así fue; se demostró que la presidencia de Trump de hecho tiene un desempeño menor al promedio y muchas de las propuestas de ley que Trump ha promulgado han sido intrascendentes.

Aunque la afirmación de Trump resultó ser falsa, esto reveló algo muy genuino sobre él. Siempre ha prestado mucha atención a los reportajes sobre él y sigue haciéndolo. Está claro que las reseñas negativas le están afectando.

De igual forma, la reacción de Trump al fracaso de la atención médica revela que tras las bravatas yace un hombre dolorosamente tímido. Al momento de la derrota en la cuestión de la atención médica, se desquitó y dijo que los republicanos, quienes están totalmente al mando en Washington, deberían "dejar que Obamacare fracase". Agregó que cuando esto ocurra, "no vamos a asumir la responsabilidad".

La petulancia y la crueldad de un presidente que declara que preferiría que los estadounidenses sufran la destrucción del sistema de atención médica y que no va a asumir la responsabilidad nos recuerda al niño que envía a su hermanito a robarse un chocolate y le advierte: "si te atrapan, yo no tuve nada qué ver".

No se puede esperar más de Trump

Trump no puede hacerlo mejor porque está abrumado por el cargo; alguna vez confesó que es más difícil de lo que esperaba. Esa dificultad es más que evidente en el escándalo creciente sobre Rusia. Trump sentó las bases de la crisis durante su campaña por alabar a Vladimir Putin y por negarse a reconocer que Rusia interfirió en su beneficio.

Trump y Putin sostuvieron una reunión en el G20 de la que no se había hablado

Trump suele redoblar sus discursos y sus tácticas, así que criticó a las dependencias investigadoras que alertaron sobre la interferencia de Rusia e ignoró que tenía la responsabilidad de investigar para proteger al país de interferencias futuras en las elecciones. La controversia se volvió un escándalo luego de que varios altos funcionarios, entre ellos el fiscal general Jeff Sessions; el exasesor de seguridad nacional, Michael Flynn, y el consejero y yerno de Trump, Jared Kushner, omitieran revelar sus contactos con los rusos. Sessions se recusó de todos los casos relacionados con la investigación, Flynn renunció y Kushner tuvo que revelar más de 100 contactos que olvidó mencionar, según el New York Times.

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Fiel a sus viejas costumbres, Trump trató de deshacerse del problema de Rusia despidiendo al hombre al que consideraba más problemático: el director del FBI, James Comey. Sin embargo, el gobierno estadounidense no es una empresa privada; cuando un presidente despide al investigador a cargo de una pesquisa sobre su propia presidencia, es evidente que sufrirá represalias. En este caso, las represalias se tradujeron en la designación de Robert Mueller, el predecesor de Comey en el FBI, como fiscal especial, quien armó un equipo estelar de investigadores para terminar la tarea que Comey empezó.

Los acontecimientos más recientes en el tema de Rusia han involucrado al hijo mayor de Trump. Como reveló el New York Times, Donald Trump hijo se reunió con una abogada rusa que, de acuerdo con el hombre que organizó la reunión, quería entregar "información de muy alto nivel y confidencial" que "es parte del respaldo de Rusia y de su gobierno al sr. Trump". Esta reunión se llevó a cabo en junio de 2016. También asistieron Kushner; el director de campaña, Paul Manafort; un hombre que servía en las fuerzas armadas soviéticas, e Ike Kavelazde, un estadounidense nacido en Georgia que estuvo relacionado con una investigación sobre lavado de dinero. Kavelazde niega haber participado.

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Trump rara vez tiene días buenos

Si a los problemas con Rusia le sumamos los fracasos legislativos y el hecho de que muchos de los cargos más altos de su gobierno siguen vacantes, podemos darnos una idea de que Trump rara vez tiene un buen día en la presidencia.

Desde que lo eligieron, ha habido protestas masivas contra su presencia en el despacho oval, sus familiares han sido protagonistas de escándalos y se ha enfrentado regularmente a sus propias limitaciones y a sus errores. La vida era mucho más fácil cuando era un magnate rodeado de empleados y familiares que dependían de su favor.

Howard Stern, una personalidad provocativa de la radio en cuyo programa Trump figuró varias veces antes de las elecciones, predijo que Trump sufriría en la presidencia. Después de las elecciones, dijo: "Esto va a perjudicar su salud mental porque le gusta ser apreciado, le gusta ser querido, quiere que la gente le aplauda", dijo. "De verdad quiere que la gente lo quiera y eso es uno de sus motores más importantes. Creo que tiene un ego muy sensible y cuando eres presidente de Estados Unidos, la gente te va a criticar duro".

Los temores de Stern se volvieron realidad y Estados Unidos está casi sin líder mientras Trump aplica una y otra vez las tácticas impulsivas del empresario multimillonario a un trabajo que requiere diplomacia, tacto, atención y cuidado. Trump nunca ha tenido estas cualidades y no da señas de estarlas desarrollando.

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No sorprende que la presidencia lo esté haciendo sentir miserable. Además, también hace sentir miserables a muchos que rezan por que haya una persona confiable en el despacho oval.

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