OPINIÓN: 12 cosas que Trump debería saber sobre Corea del Norte

El discurso de "fuego y furia" de Donald Trump indica que su presidencia no tiene una estrategia real para abordar la amenaza de Corea del Norte, opina Jamie Metzl.
Amenazas  Los líderes de Corea del Norte dependen ideológicamente de la continuación de un estado de guerra hiperparanoico.  (Foto: Expansión)
Jamie Metzl

Nota del editor: Jamie Metzl es investigador sénior del Atlantic Council; ha trabajado para el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, para el Departamento de Estado, para la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, y para la ONU en Camboya; escribió el libro Eternal Sonata y tres libros más. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — El intercambio verbal cada vez más intenso entre el errático, impredecible y verbalmente excesivo presidente de Corea del Norte, Kim Jong Un, y el errático, impredecible y verbalmente excesivo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está sumiendo a la península coreana en una crisis cada vez más profunda, ya que parece que la presidencia de Trump no tiene una estrategia real para encontrar una solución.

El lunes 7 de julio, Trump advirtió a Corea del Norte que dejara de hacer amenazas y dijo que "se enfrentaría al fuego y la furia como el mundo nunca ha visto". En respuesta, la prensa estatal norcoreana señaló que el país está analizando sus planes para perpetrar un ataque en las cercanías de Guam.

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Sin embargo, si la presidencia de Trump quiere mitigar eficazmente la amenaza norcoreana, tendrá que entender doce cuestiones clave:

1. Los líderes de Corea del Norte se están apresurando a desarrollar armas nucleares porque creen que son la forma más efectiva y económica para garantizar su supervivencia y para aumentar su influencia sobre otros países. Desde su punto de vista, las armas nucleares impiden que otros países los acosen, les dan seguridad frente a la clase de intervención extranjera a la que Libia y Ucrania se enfrentaron tras ceder su arsenal nuclear, aumentan el prestigio de su dirigencia e incrementan el costo de un posible golpe de Estado. Alcanzar estos objetivos a través de medios militares convencionales sería imposiblemente caro para este país desposeído.

2. Como los líderes de Corea del Norte dependen ideológicamente de la continuación de un estado de guerra hiperparanoico, como creen que estarán más seguros con armas nucleares que sin ellas y como usualmente no cumplen los tratados de reducción de armamento que han firmado, no habrá estratagema ni compromiso que convenza al gobierno norcoreano de ceder su arsenal nuclear. La única forma de que Corea del Norte entregue sus armas es que sus líderes se convenzan de que mantener las armas nucleares es mucho más gravoso que cederlas.

3. Fuera de un cambio de dirigencia en Corea del Norte o de un ataque militar estadounidense sumamente improbable y casi seguramente ineficaz y contraproducente, el único medio de provocar este cambio de percepción en los líderes norcoreanos sería intensificar las sanciones y cualquier otra medida coercitiva no militar hasta el punto de socavar su poder, a falta de desnuclearización.

4. Aunque las sanciones contra Corea del Norte que se anunciaron el sábado 5 de agosto se basan en una ronda anterior de sanciones, es casi seguro que no convencerán a Corea del Norte de cambiar el rumbo de forma significativa. Aunque las sanciones duelan, los líderes crueles de Corea del Norte han demostrado que están dispuestos a dejar que cientos de miles de ciudadanos mueran de hambre con tal de no hacer concesiones estratégicas. La única forma de que las sanciones provoquen que Corea del Norte ceda su arsenal nuclear sería que China manifestara creíblemente su voluntad de cortar el flujo comercial y petrolero a falta de desnuclearización, cosa que China no está nada dispuesta a hacer por sus propias razones estratégicas.

5. Para China, Corea del Norte es un amortiguador entre su territorio y Corea del Sur, aliado de Estados Unidos; es una herramienta para evitar la reunificación de la península coreana y una fuente de mano de obra y recursos naturales baratos. A cambio, China provee casi todo el crudo y la mayoría de los alimentos para las fuerzas armadas norcoreanas, ofrece servicios de transferencia de efectivo al gobierno norcoreano a través de sus instituciones financieras y mantiene a flote a la economía norcoreana a través del comercio y del acceso a los mercados chinos. Sin este apoyo y sin la intervención de China en el aligeramiento de las sanciones de la ONU y de otras formas de presión internacional, Corea del Norte probablemente colapsaría en poco tiempo.

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6. Sin embargo, el apoyo de Beijing a Pyongyang es cada vez más gravoso. Corea del Norte es cada vez más hostil con China y su programa nuclear se contrapone al tratado de no proliferación nuclear del que China es signataria. La relación de China con Corea del Norte provoca que el gobierno chino sea cómplice en los "crímenes contra la humanidad" que están ocurriendo en Corea del Norte; su inestabilidad y la disparidad tecnológica desembocan en la posibilidad de un accidente nuclear que podría contaminar el noreste de China.

La beligerancia de Corea del Norte también justifica la intensa presencia estadounidense en Corea del Sur; el fortalecimiento de las capacidades de defensa antimisiles en Corea del Sur y Japón que socavan el disuasivo nuclear de China; la posible revisión del artículo noveno de la Constitución japonesa que proscribe el uso de la guerra para resolver disputas internacionales (y sobre la que descansa el pacifismo del Japón de la posguerra), e incrementa las probabilidades de una carrera nuclear en Asia. Todo esto afecta los intereses de China más que los de cualquier otro país.

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7. Los políticos chinos podrían querer que Corea del Norte siga el ejemplo de China y se reforme desde dentro, pero, a pesar de que su economía está en ruinas, los líderes norcoreanos no podrán hacer suficientes reformas económicas sin reformas políticas que socavarían los cimientos de la estructura totalitaria del país.

Para alcanzar un crecimiento económico significativo, se necesita un grado de información de mercado y de empoderamiento del proletariado que es sencillamente incompatible con el sistema de control brutal de Corea del Norte; sin embargo, ceder ese control a final de cuentas acabaría con el dominio de los líderes norcoreanos y con su Partido del Trabajo. Como el régimen actual ha asesinado, matado de hambre y encarcelado a una enorme cantidad de norcoreanos, es dudoso que muchos de los líderes sobrevivan a una transición a una sociedad más abierta.

8. Por estas razones, los líderes chinos tienen dos opciones. Si China cree que están mejor con una Corea del Norte hostil y con armas nucleares como vecina, pueden seguir por el mismo camino, manifestar su inconformidad y respaldar algunas sanciones sin presionar lo suficiente a Corea del Norte para alterar sus planes y sus acciones. Si China cree que no puede vivir en estas condiciones, tienen que hacer lo que sea necesario para obligar a la dirigencia norcoreana a ceder sus armas nucleares o a enfrentarse a la desestabilización y al colapso del régimen.

9. Seguir por la ruta actual le dará al gobierno norcoreano aún más influencia sobre Beijing y una capacidad creciente de obligar a China a mantener o incrementar el grado de apoyo material y político, sin importar cuánto daño pueda causar sobre los intereses estratégicos de China. Este enfoque también invitará a Estados Unidos, Corea del Sur y Japón a darse cuenta de que la mejor forma —y tal vez la única— de influir en la conducta de Corea del Norte es hacer que a China le cueste más respaldar el statu quo.

10. China también podría decidir que está dispuesta a provocar un cambio dándole a Corea del Norte la opción de entregar su arsenal nuclear para no cortar el flujo comercial y económico. Esto sería muy arriesgado para Beijing, pero la recompensa podría ser enorme.

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11. Si China lograra convencer a Corea del Norte de ceder su arsenal nuclear, China surgiría como la potencia responsable de la región y socavaría los esfuerzos de Estados Unidos y sus aliados por contrarrestar la amenaza nuclear norcoreana. Si Corea del Norte no estuviera dispuesta a ceder su arsenal nuclear y China aumentara la presión al grado de que la permanencia de la dirigencia norcoreana en el poder se viera amenazada, China también podría asumir el liderazgo en la gestión del proceso de reunificación coreana que protegería expresamente los intereses de China. En este proceso podrían incluirse garantías de que las fuerzas estadounidenses no crucen al norte del paralelo 38 e incluso la posibilidad de establecer tropas chinas en Corea del Norte por un periodo definido en un mandato de la ONU. La reunificación coreana mejoraría las relaciones comerciales de China con Corea, abriría un corredor de alta tecnología de Corea del Sur hacia el noreste de China, eliminaría la amenaza de proliferación nuclear, haría menos justificable mantener los niveles actuales de fuerzas estadounidenses en Corea y daría a China una muy buena posición para ayudar positivamente en el proceso de transición. Esto tendría como resultado varias generaciones de buena voluntad y colaboración beneficiosa para todos.

12. Como China usualmente mira a Corea del Norte a través del cristal de su rivalidad estratégica con Estados Unidos, se necesitaría cierto grado de confianza estratégica entre ambos gobiernos para que esta clase de transición sea posible. En vista de la conducta sumamente errática, de la incongruencia de estrategias y de lo poco confiable que es el gobierno estadounidense en general, será muy difícil alcanzar este grado de confianza estratégica.

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En resumen: aunque la evolución constante de las sanciones contra el gobierno norcoreano aumenta la presión, estas sanciones no funcionarán si China no está dispuesta a presionar más y a arriesgarse más en aras de la desnuclearización. Aunque Estados Unidos puede —y debe— aumentar el costo de mantener el statu quo, tanto para China como para Corea del Norte, el cambio real solo llegará cuando China cambie su política de acuerdo con sus propios intereses estratégicos o cuando el régimen norcoreano finalmente caiga bajo su propio peso, cosa que podría tomar años.

Como ambos escenarios son poco probables en el corto plazo, es muy probable que Estados Unidos retome, en el caso de Corea del Norte, una política de contención similar a la que adoptó durante muchos años para contener a la Unión Soviética y su arsenal nuclear. Esta clase de relación a final de cuentas se volverá relativamente estable porque los líderes norcoreanos se cuidarán de lanzar un arma nuclear que seguramente llevaría a su país a la aniquilación.

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A pesar de que se ha tomado en cuenta la beligerancia verbal del líder de Corea del Norte, este mismo atributo es mucho más desestabilizador cuando se trata del presidente de Estados Unidos… y la posibilidad de que alguno de los dos cometa un error de cálculo crece cada día.

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