OPINIÓN: Trump tiene una pésima opinión de quienes votaron por él

S. E. Cupp escribe que al defender a los manifestantes de la derecha alternativa, parece que el presidente de Estados Unidos está confundiéndolos (erróneamente) con sus bases.
Actitud  La única explicación para la lealtad del presidente estadounidense Donald Trump a la derecha alternativa es que cree que son su base, señalan analistas.  (Foto: AFP/Archivo)
S. E. Cupp

Nota del editor: S. E. Cupp es analista política de CNN y conductora de un nuevo programa de temas contemporáneos de la televisora estadounidense HLN. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) — Tras recibir críticas de conservadores y liberales, de legisladores de ambos partidos y prácticamente de todos los demás, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está buscando quién lo defienda por haber defendido a los nacionalistas blancos que se pusieron violentos en una manifestación que se llevó a cabo el sábado 12 de agosto en Charlottesville, Virginia.

Sin importar cuánto lo regañen los republicanos y los demócratas en Washington, la prensa e incluso algunos de sus asesores, es poco probable que Trump ceje en su mensaje indefendible. Mientras las personas que votaron por Trump no decidan que no quieren que los confundan con neonazis ni con supremacistas blancos, esta crisis espantosa y perturbadora de consciencia nacional no cederá.

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Desde que Donald Trump bajó por la escalera eléctrica de la torre Trump, en 2015, quedó claro que su campaña abrazaría a cierto segmento de la población. Supimos más sobre este segmento conforme pasaron los meses: eran mayormente personas blancas, económicamente desamparadas. Se sentían abandonadas por ambos partidos, ignoradas por las élites por sus valores sociales y culturales. No cabe duda de que Trump entendía a estos electores como ningún otro candidato de cualquier partido.

Pero lo que no quedaba claro era si Trump también estaba tratando de abrazar a un segmento más pequeño y profundamente perturbador de la extrema derecha: los supremacistas blancos, los nacionalistas blancos y los neonazis.

Durante toda la campaña dio señales extrañas de complicidad con esta pequeña cohorte de repugnantes incitadores al odio. Al principio, Trump fingió que no sabía que David Duke era supremacista blanco y le costó renegar de sus halagos. Duke tuiteó obras de arte antisemitas, además de que se denunció al menos un comercial de campaña por ser antisemita.

También tenemos su lealtad a Breitbart, un sitio web que ha albergado puntos de vista de la derecha alternativa, antisemitas, nacionalistas, homófobos y machistas; su director general, Steve Bannon, pronto tuvo una función prominente en la nueva Casa Blanca de Trump.

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A pesar de todos esos patrones perturbadores, no quedaba del todo claro si Trump simplemente estaba tolerando el respaldo de los nacionalistas blancos radicales para pasar las elecciones o si los estaba defendiendo tácitamente. La conferencia de prensa del martes 15 de agosto disipó cualquier ambigüedad.

Dos días después de haber hecho equivalencias morales entre los neonazis de Charlottesville (uno de ellos mató a una joven y lesionó a 19 personas más) y los manifestantes que llegaron a censurarlos, finalmente cedió a las presiones para que declarara en términos claros que "el racismo es malévolo", afirmación que podemos considerar nada polémica para cualquier otra persona que esté en una posición de liderazgo.

Sin embargo, el martes se retractó. Claramente resentido de que lo presionaran para modificar sus declaraciones iniciales, Trump se mostró molesto y dejó en claro que defendería a lo peor de la gente, incluso a costa de una joven asesinada.

Muchos se preguntan por qué. ¿Qué ganaría cualquier presidente al defender a los neonazis, grupo al que todo el mundo condena desde hace siete décadas? Seguramente significa que está de acuerdo con ellos. Pero yo no lo creo.

La condena de Trump a los racistas llegó finalmente dos días después

Comencemos con la idea de que algunas personas piensan que Trump es fascista. Esto implicaría que tiene principios políticos y creo que está claro que no los tiene, así que podemos descartar esta suposición. Su política es la de la transacción: será lo que tenga que ser para obtener lo que quiere. Atribuirle algo más profundo francamente sería darle demasiado crédito.

Asumamos entonces, como muchos hacen, que simplemente es un tipo que podría tener impulsos nacionalistas blancos profundamente arraigados que provocan que odie a las minorías, a las mujeres y a los judíos. Es fácil analizar algunos de sus discursos e incluso sus políticas y decir que tiene lógica. Pero en su vida personal, empresarial y política se ha rodeado de toda clase de personas, incluidas minorías, mujeres y judíos.

Creo que la única explicación para la lealtad de Trump a la derecha alternativa es que cree que son su base. Permítanme ser muy clara: no creo que todos los que votaron por Trump sean nacionalistas blancos. De hecho, docenas de mis conocidos que votaron por Trump no quieren que defienda a los neonazis en su nombre. De los cientos de personas que votaron por Trump a las que he conocido, ninguno ha dicho que sus ideas de nacionalista blanco son la razón por la que votaron por él.

De igual forma, los representantes de Trump han insistido desde hace meses en que es injusto decir que quienes votaron por él son racistas y fanáticos. Sin embargo, Trump debe pensar que la ira que impulsa a la mayoría de sus electores es la misma clase de ira que impulsa el movimiento nacionalista blanco y que desconocerlo categóricamente equivaldría a traicionar a sus electores.

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Parece que o no entiende o no quiere creer que las frustraciones económicas de la clase media baja blanca deprimida no tienen nada que ver con las nociones de limpieza étnica o de superioridad racial.

Aunque es cierto que muchas de las personas que votaron por Trump están molestas porque el sistema de inmigración no funciona, no es por odio racial, sino por inseguridad económica. Al votante promedio de Trump no le preocupa que los judíos lo "reemplacen", como coreaban los neonazis en Charlottesville. Si Trump cree que sus bases son los extremistas de derecha que llegaron a Charlottesville… vaya que tiene una pésima opinión de sus electores.

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No debería ser difícil decirles "no quiero sus votos. No quiero su apoyo. No hablo en su nombre y no soy su amigo" a quienes evidentemente son neonazis como James Fields, el hombre al que arrestaron en el incidente de Charlottesville, y a los supremacistas blancos como David Duke.

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Tal vez Trump piensa equivocadamente que a todos sus electores los mueve la misma clase de ira y odio, lo que sería la única explicación de por qué no se los ha dicho y por qué no piensa hacerlo. Mientras la mayoría de quienes votaron por Trump no le digan que está equivocado (cosa que pocos han hecho hasta ahora), Trump no cambiará el rumbo.

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