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OPINIÓN: La falta de moralidad de Trump deja desamparado a Estados Unidos

Tras la forma como el presidente estadounidense abordó la situación en Charlottesville, el liderazgo moral tendrá que provenir de los ciudadanos y no del líder del país, opina Jen Psaki.
mié 16 agosto 2017 11:47 AM
Protestas
Protestas Estados Unidos no debería sorprenderse con los comentarios de Trump sobre lo ocurrido en Charlottesville. (Foto: SHANNON STAPLETON/REUTERS)

Nota del editor: Jen Psaki es analista política de CNN e investigadora del Instituto de Políticas y Servicio Público de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos. Fue directora de comunicaciones de la Casa Blanca y portavoz del Departamento de Estado durante la presidencia de Obama. También fue consultora de Planned Parenthood Federation of America. Síguela en Twitter: @jrpsaki . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — Estados Unidos, ¿por qué estás sorprendido? El Donald Trump que el sábado (y nuevamente el martes) dibujó una equivalencia entre la "gente muy buena" en los manifestantes neonazis en Charlottesville, y aquellos que se oponían a este evento como una afrenta a los cimientos de Estados Unidos, es el mismo Donald Trump al que apoyaron millones de personas y al que el colegio electoral puso en la Casa Blanca.

Trump se abstuvo de censurar a los supremacistas blancos y culpó a "muchas partes" de la violencia que estalló cuando un grupo de nacionalistas blancos y neonazis se reunieron el pasado fin de semana en Virginia, Estados Unidos, para marchar y protestar por la remoción de una estatua de Robert E. Lee. Incluso después de que un auto arrolló a una multitud y mató a una mujer, Trump omitió abordar esta situación con el liderazgo presidencial que tanto se necesita.

Además, luego de que su equipo de la Casa Blanca, incluidos el vicepresidente y el jefe de gabinete, dedicaran dos días a convencerlo de leer un comunicado redactado cuidadosamente el lunes 14 de agosto, para el martes reiteró el que evidentemente es su punto de vista . Cualquier persona con una brújula moral sabe que está totalmente equivocado y que casi todo el mundo ha criticado sus declaraciones. Pero no fue desconcertante.

Durante la campaña, Trump atacó verbalmente a un juez mexicoestadounidense nacido en Indiana e insinuó que estaba en su contra en una demanda porque quería construir un muro para impedir que los mexicanos cruzaran la frontera. También atacó al padre de un soldado estadounidense musulmán caído en batalla. Criticó a una ex Miss Universo por su apariencia. Mucho antes de eso, puso en duda que el entonces presidente, Barack Obama, hubiera nacido en Estados Unidos. Se dice que su jefe de estrategia, Stephen Bannon, simpatiza con los supremacistas blancos. Trump nunca ha ocultado nada de esto. De hecho, ha sido notablemente coherente.

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Los acontecimientos de Charlottesville me hicieron recordar las horas que siguieron a la publicación de los resultados de las elecciones en noviembre. Hay una foto que se tomó a la mañana siguiente, en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca. Un grupo de empleados, entre ellos yo, lucíamos molestos, tristes e incluso asqueados. Así nos sentíamos, pero no porque estuviéramos calculando el impacto de las elecciones en el legado de Obama. No era que estuviéramos tristes por Hillary Clinton y su equipo. Esos sentimientos llegaron después. Ese día nos preocupamos por nuestros colegas, nuestros amigos y nuestros vecinos. Por la gente musulmana, africana o LGBT de Estados Unidos… porque nos preguntaban qué significaba para ellos que Trump hubiera resultado electo. La verdad es que no sabíamos.

Nos preguntábamos sobre esa sensación de optimismo que habíamos sentido respecto al progreso del país. No porque pensáramos que el racismo y el machismo se habían erradicado ni porque pensáramos que el primer presidente afroestadounidense podía borrar los prejuicios y la discriminación simplemente ocupando el despacho oval. Nos alarmaba que millones de personas hubieran ignorado el racismo y la misoginia al votar. No porque fueran racistas o machistas (en la mayoría de los casos), sino porque esas cosas no fueron factores decisivos para ellos.

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Barack Obama solía citar a Martin Luther King Jr. y su frase de que "el arco moral del universo tiende hacia la justicia". Todavía no podemos creerlo porque ha habido momentos terribles en nuestra historia y los acontecimientos de Charlottesville no fueron, para la comunidad afroestadounidense, el primer indicio de que el racismo persiste en Estados Unidos.

Hoy, la diferencia es que la mayoría de los presidentes modernos, ya fueran republicanos o demócratas, fueron fuerzas del bien, de la unidad, de la aceptación. Ahora nos enfrentamos a una gran interrogante. Si el presidente de Estados Unidos no cumple esa función, ¿entonces quién es la guía moral en la que el pueblo puede buscar liderazgo?

Soy una mujer blanca y me criaron en la religión católica; nunca he sentido el miedo que sienten muchos afroestadounidenses ni el que siente la comunidad judía ni muchas otras comunidades minoritarias de Estados Unidos. Pero no podemos esperar que las comunidades que se sienten amenazadas presenten este argumento. Todos tenemos nuestra responsabilidad. Los republicanos del Congreso deberían seguir denunciando los comentarios de Trump y también defendiendo a sus comunidades. Tienen que darle a entender a la gente que saben que gobiernan para todos, que representan la igualdad y la seguridad de todos. De igual forma, los líderes empresariales tienen que intervenir y dejar en claro que relacionarse con Trump no es lo que más conviene a sus productos o a sus marcas.

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A falta del liderazgo moral en el despacho oval, muchos estadounidenses nos sentimos a la deriva, sin timón. Esto significa que el liderazgo moral tendrá que provenir de los ciudadanos y no del líder del país. Así que a quienes se sienten impotentes, a quienes quisieran meterse bajo las cobijas, a quienes no quieren meterse en política, les recomiendo que se obliguen a ver esto para que recuerden que el odio y la ira existen, elijan una empresa cuyo director ejecutivo siga formando parte del consejo empresarial de Trump, pónganse en contacto con él y encuentren un sitio en el que puedan hacerse oír. Los hará sentir menos impotentes.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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