OPINIÓN: Tres terremotos

La dificultad más grande e importante es la enorme cantidad de recursos económicos que se requieren para demoler, recoger escombros y reconstruir edificios, lo que durará meses, opina Antonio Toca.
CDMX evalúa estructuras tras el sismo para descartar responsabilidades penales
Antonio Toca Fernández

Nota del editor: Antonio Toca Fernández es arquitecto, profesor en la Universidad Autónoma Metropolitana y colaborador en la Revista Obras. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) – La intensidad del terremoto del pasado 19 de septiembre fue mayor que el de 1985, según el servicio Sismológico Nacional; y sin embargo millones de casas y edificios -algunos de enorme altura- siguen en pie. Hay varias razones para eso; la primera es que las normas de construcción han sido más estrictas, después de 1985. Otra, es que los materiales son ahora más ligeros y resistentes.

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Si se analizan algunos de los edificios destruidos se comprueba que muchas estructuras de concreto tenían muros de tabique, que son pesados y no cargan; lo que resulta una enorme contradicción. He visto edificios altos en los que se siguen utilizando muros de albañilería, deplantados desde el primer piso, que solo dividen espacios y que pesan centenares de toneladas que, en un terremoto, son una carga enorme que debilita la resistencia de la estructura. Eso es algo que -por seguiridad- debería estar prohibido. Hay procesos constructivos que utilizan materiales ligeros y aislantes, que además permiten una gran libertad para compartimentar los espacios.

De manera muy rápida se han realizado las evaluaciones de los daños en las edificaciones más importantes, como hospitales, escuelas y oficinas públicas, para poder restaurar su funcionamiento. Se contabilizan ya más de 140 mil edificaciones dañadas por los tres terremotos; y han muerto 333 personas: 194 en la Ciudad de México, 74 en Morelos, 45 en Puebla, 13 en el Estado de México, 6 en Guerrero y una en Oaxaca. Aunque cualquier muerte es trágica, se puede comprobar que han sido muchas menos, a pesar de la intensidad de los terremotos.

La siguiente etapa, que demandará la ayuda y solidaridad de todos, es la demolición de las estructuras que se colapsaron, la remosión de miles de toneladas de escombros, que se deben depositar sin invadir arroyos o cañadas, para que después sean triturados y posteriormente se usen como agregados en construcción. Se necesitan retro excavadoras, maquinaria pesada, camiones de volteo y la fuerza de miles de personas; que necesitan urgentemente dinero por ese trabajo.

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En paralelo, se tiene que realizar un programa de dotación inmediata de vivienda, que debe considerar las diferencias en estados como los de México, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Morelos, o Puebla, donde los daños han sido en comunidades dispersas que necesitan urgentemente atenderse, utilizando materiales del lugar, con asistencia técnica para hacer resistentes las viviendas. Un error gravísimo ha sido construir apresuradamente cajones de tabique y losas de concreto, que son totalmente inadecuadas para sus habitantes, el clima y las costumbres de esas comunidades.

En esa etapa es fundamental la participación de organizaciones sociales de apoyo a la auto-construcción, que tienen experiencia en esos programas. También es necesaria la asesoría de Colegios de Ingenieros y de Arquitectos y consultores legales.

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La dificultad más grande e importante es la enorme cantidad de recursos económicos que se requieren para demoler, recoger escombros y reconstruir edificios, lo que durará meses. Eso exige que se publique un Plan de Reconstrucción, que identifique claramente los niveles de responsabilidad de autoridades, en sus diversos niveles y en el que participe el Ejército y la sociedad organizada.

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Se requiere despolitizar ese trabajo, lo que es muy difícil, porque, desafortunadamente, algunos auto-proclamados “salvadores de la patria” ya han determinado cómo repartir recursos que no son suyos. Lo que es urgente es que la sociedad presione para lograr que una parte importante del gasto en los partidos, y en las elecciones del 2018 sea utilizada para este Plan de Reconstrucción.

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Los siguientes meses serán fundamentales para esos trabajos y la solidaridad de miles, que se ha manifestado ahora, no debe de perderse como llamarada de petate. Por eso, es urgente que cada uno de nosotros participe -como pueda- en una tarea que es urgente e indispensable.

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