Los dos niños tienen la 'fortuna' de asistir a clases virtuales cada uno en sus recámaras, dice el gerente de operaciones en un call center. Una vez que acaba el día escolar, él y su esposa revisan lo aprendido y refuerzan la lección hasta por 45 minutos adicionales. El sistema funciona para la familia, pero también ha sido un proceso desgastante, pues además de hacer tareas y vigilar que los pequeños estén atentos a la enseñanza, deben trabajar. Todo al mismo tiempo.
"Hemos tenido momentos en que la luz se va y todo se complica, sobre todo para los padres que tenemos que trabajar en Zoom, mandar información o revisar correos. Hasta hoy ha funcionado, sin embargo, es complicado enfocarse al trabajo, sabiendo que en estas épocas no se puede perder, y ayudar a los hijos a rendir con sus estudios", dice.
Rubio es consciente de que sus hijos tienen la oportunidad de acceder a una educación vía remota, a diferencia de otros menores. La situación también llevó a ambos padres a desembolsar dinero adicional: Útiles escolares, dos computadoras extra, licencias de Office, incremento de velocidad de internet y dos repetidores que les dieran abasto.
Con estos factores, sumados a las extenuantes jornadas laborales que se acentuaron con la llegada de la contingencia, el estrés se ha hecho presente. "Difícilmente (las empresas) dan flexibilidad en tiempos, pero hay cosas que sí pueden hacer para ayudar con el agotamiento, como ayudarnos con mobiliario para ejercer nuestras funciones, brindarnos alternativas de actividades físicas en línea, apoyo con actividades extracurriculares para los chavos o actividades de bienestar", opina.