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Antes del burnout estuvo el burnying

El burnying es un desgaste en el ámbito educativo que puede afectar durante varios años a los estudiantes, e incluso puede ser el antecedente de un trabajador agotado.
mar 25 octubre 2022 10:00 AM
que es el burnying síndrome universitarios
En las universidades la problemática que persiste es el burnying, un síndrome por desgaste que combina el agotamiento con el bullying (o acoso escolar). iStock

En la universidad se transmiten conocimientos y se desarrollan habilidades para luego incursionar en el mundo laboral; sin embargo, estos espacios tienen varias similitudes con los centros de trabajo y una de ellas es que los estudiantes reproducen las mismas situaciones que detonan problemas psicosociales como el estrés, ansiedad, depresión o burnout.

La gran diferencia radica en que estos problemas pueden permanecer y acentuarse en la carrera profesional, advierte Abel Navajas, manager de Affor Health, empresa especializada en gestionar y mejorar la salud psicosocial de las personas en las organizaciones.

Mientras el burnout es el desgaste de un colaborador en el ámbito profesional, en las universidades, en cambio, la problemática que persiste es el burnying, un síndrome por desgaste que combina el agotamiento con el bullying (o acoso escolar).

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Es menos conocido, pero ya registra importantes afectaciones en los alumnos que puede llevarlos a profundos problemas de salud mental y en casos muy graves al suicidio, señala la psicóloga Yunue Cárdenas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) los trastornos mentales que padecen las personas de entre 9 y 25 años registran la tasa de suicidio más alta en el país, con 10.7 decesos por cada 100,000 jóvenes.

“Muchos casos de suicidio que se registran en la gente joven tienen antecedentes de burnying. Al final de cuentas, en la escuela los alumnos están sometidos a presiones, tienen que cumplir con tareas, se relacionan con otros alumnos, trabajan con autoridades que en este caso son los profesores. Están inmersos en un modelo donde también hay estrés y ansiedad”, detalla Cárdenas.

Una excesiva presión hacia ellos y un gran desconocimiento del trastorno por parte de los docentes puede contribuir a que los jóvenes egresen de las universidades con efectos de burnying, que posteriormente se agudiza en las empresas y los convierte en colaboradores extremadamente desgastados y sin motivación.

La escuela también es un modelo organizacional

Actualmente, el 41% de la fuerza laboral está representada por jóvenes de la generación Z, según cifras del Banco Mundial. Aún tratándose de jóvenes inmersos en la tecnología, el consumo excesivo de ésta puede ocasionar un desgaste. Un estudio reciente de Microsoft establece que el 53% de las personas que utiliza una computadora tiene un uso medio entre 4 y 10 horas diarias, pero los centennials hacen un uso más intensivo que puede llegar hasta las 14 horas diarias.

“La no desconexión tecnológica de la Generación Z es un problema, al igual que la no desconexión en los colaboradores en las empresas. En ambos casos hay un sentimiento de despersonalización”, asegura Navajas.

El gran reto consiste en empezar a mirar este problema, analizarlo y buscar soluciones integrales como ocurre en los centros de trabajo. Según los especialistas, el alumno no es consciente de que padece burnying, por lo que detectarlo a tiempo puede contribuir a que este problema de salud mental no trascienda al ámbito laboral.

¿Cómo prevenir el burnying?

Ofrecer espacios de esparcimiento en las universidades, donde los estudiantes puedan realizar actividades recreativas. Las empresas, por ejemplo, recurrieron a las clases de yoga, webinars, meditación y mindfulness para bajar los niveles de estrés.

Contar con apoyo psicológico. Que los estudiantes tengan la posibilidad de tratarse con un especialista.

Crear una cultura de respeto. Al igual que en las compañías, es importante que las universidades construyan una cultura de respeto, con el fin de evitar las burlas o el acoso entre compañeros.

Más apoyos económicos. En la Encuesta para la Medición del Impacto Covid-19 en la Educación, el Inegi halló que para el ciclo escolar 2020-2021, 5.2 millones de estudiantes de entre 3 a 29 años no se inscribieron. Entre las razones más importantes está que alguno de sus padres o tutores se quedaron sin trabajo o los jóvenes tuvieron la necesidad de empezar a trabajar.

Docentes más humanos. Los profesores también son líderes y como tales su función es guiar a los estudiantes y hacerlos crecer. Un profesor autoritario ya no cabe en la nueva realidad educativa y laboral.

 
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