Las herramientas digitales han evolucionado, pero siguen sin detectar emociones, ni entender matices del lenguaje o referencias culturales. Tampoco ofrecen explicaciones a la medida ni ajustan su método según el estudiante.
“Cada alumno enfrenta dificultades distintas, y un profesor puede ajustar la enseñanza sobre la marcha. Esa flexibilidad aún no existe en las máquinas”, señala Nina Anziska, especialista en crecimiento internacional de Outschool.
Algunas plataformas incorporan ejercicios de pronunciación, pero su evaluación es básica. No distinguen entre tonos, acentos ni entonaciones. Y aunque la IA pueda indicar si una frase es correcta, no enseña a usar el tono adecuado en una entrevista laboral ni a interpretar ironías.
Hablar inglés u otro idioma es más que memorizar reglas gramaticales y vocabulario. Implica leer entre líneas, reconocer expresiones idiomáticas y entender el contexto cultural.
“Los docentes no solo enseñan inglés; también comparten referencias sociales que una máquina no puede replicar con exactitud”, dice Kate Bell, directora de Evaluación en Education First.
Frases como break a leg o hit the books no se entienden sin contexto. En esos casos, el profesor actúa como traductor cultural.
México se queda corto
México ocupa el lugar 87 de 116 países en el Índice de Dominio del Inglés 2024 de Education First, y se mantuvo por tercer año consecutivo como el penúltimo en América Latina, solo por encima de Haití. Aunque subió dos posiciones respecto al año anterior, el país continúa con un nivel de competencia considerado muy bajo.
Además, Anziska refiere que el 80% de las ofertas laborales en México exigen inglés, pero solo 3% de los estudiantes alcanza el nivel deseado al terminar la secundaria.
“La demanda supera por mucho a la capacidad de los métodos tradicionales, por eso han cobrado fuerza las herramientas digitales”, explica Vera.
Pero el rezago persiste. Las plataformas ayudan, sí, pero no resuelven el problema de raíz, que es la falta de interacción humana en el proceso de aprendizaje.
Plataformas como Italki ya combinan IA con supervisión docente. Su tecnología crea resúmenes, vocabularios y da seguimiento al progreso. Aun así, la corrección profunda sigue siendo trabajo del profesor.
Outschool, por su parte, creció 20% en México el último año. Su apuesta también va por lo híbrido. “La tecnología complementa, pero el papel del profesor sigue siendo indispensable para que los estudiantes entiendan el idioma más allá de la gramática o las traducciones automáticas”, apunta Anziska.
La IA no se va. De hecho, se integrará cada vez más en la enseñanza del inglés, desde la generación de contenido hasta la automatización de tareas repetitivas. Pero, de momento, no hay sustituto para el contacto humano.
“El aprendizaje de un idioma es muy humano”, apunta Bell. “La IA puede apoyar, pero no motiva ni construye una comprensión auténtica del idioma”.