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Escuelas de inglés reinventan su modelo de negocio ante el auge de apps e inteligencia artificial

Frente al auge de apps e inteligencia artificial, las escuelas de idiomas redefinen su negocio y apuestan por experiencias inmersivas, viajes y convivencia internacional para justificar sus costos.
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Mientras las apps abaratan el aprendizaje del inglés, empresas como EF buscan diferenciarse con campus internacionales, convivencia multicultural y programas donde el idioma se convierte en experiencia diaria. (Expansión)

Nueva York, Estados Unidos.-El modelo de negocio de las escuelas de idiomas vive un punto de inflexión. Durante décadas su propuesta se sostuvo en un diferencial claro. Aprender inglés requería aulas, profesores y convivencia física. Hoy ese argumento convive y compite de forma directa con aplicaciones móviles, plataformas digitales y herramientas de inteligencia artificial capaces de ofrecer práctica constante, personalizada y a bajo costo.

En ese contexto el campus de EF en Nueva York se presenta como una apuesta por la inmersión total, algo que la tecnología aún no puede replicar del todo. Ubicado en Tarrytown a las afueras de Manhattan, el complejo ocupa el equivalente a 15 canchas de futbol y está integrado por 11 edificios que funcionan como residencias, aulas, comedor, gimnasio, alberca, canchas deportivas, un Starbucks y espacios comunes donde el inglés no se estudia únicamente, se vive.

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Más de 400 estudiantes cursan actualmente algún programa de idiomas en el campus. De ellos 120 son latinos y 18 mexicanos, provenientes de un país donde el inglés sigue siendo una habilidad limitada pese a la cercanía geográfica y comercial con Estados Unidos. En temporadas altas la escuela reúne hasta 72 nacionalidades distintas y el verano pasado alcanzó 83. Una diversidad que busca replicar el entorno global que muchos estudiantes no encuentran en su país de origen.

El funcionamiento del campus se asemeja al de una universidad estadounidense. Tiene dormitorios con capacidad para 1,450 personas organizados por edad, nivel de idioma, género y programa académico. Además del inglés general se imparten cursos especializados y programas de preparación universitaria. En total trabajan alrededor de 200 personas entre docentes, personal administrativo y equipos de actividades, con entre 30 y 70 profesores activos según la temporada.

Deborah Arapovic, Executive Director de EF Nueva York, resume la filosofía del modelo. No se trata solo de enseñar gramática o vocabulario sino de construir una experiencia diaria en la que el idioma sea inevitable. “No queremos que los estudiantes se sientan como un número. Queremos que vivan una experiencia personal, que convivan con otras culturas y que practiquen el idioma todo el tiempo”, explica.

Cuando aprender inglés dejó de ser solo tomar clases

Ese enfoque de inmersión es el principal activo que EF intenta defender en un mercado donde las reglas están cambiando. El aprendizaje de idiomas dejó de estar monopolizado por instituciones tradicionales. Hoy compite con apps de gamificación, plataformas de conversación automatizada y herramientas impulsadas por inteligencia artificial que prometen avances rápidos sin necesidad de viajar.

Para la compañía sin embargo la diferencia no está en la eficiencia del aprendizaje sino en su profundidad. “Una app puede ser rápida, accesible y conveniente. Lo nuestro busca algo distinto. Queremos que la experiencia transforme a la persona, que haga amigos internacionales, que viva otra cultura y que el idioma se vuelva parte de su vida”, afirma Thales Zutin, LATAM Senior Marketing Manager de EF.

El campus también refleja cómo se segmenta hoy el mercado. El perfil del estudiante mexicano por ejemplo combina dos extremos. Jóvenes que están por ingresar a la universidad y buscan elevar su nivel de inglés y profesionistas que lo ven como una herramienta para escalar en el mercado laboral, acceder a un MBA o construir una carrera internacional.

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Ana Méndez es una de las estudiantes mexicanas que hoy cursa inglés en el campus de EF Nueva York. Viene de San José, Guanajuato, y llegó a Estados Unidos para estudiar un programa de nueve meses, después de sentir que en las escuelas de México nunca logró aprender el idioma.

Tiene 20 años y sus papás, comerciantes de ganado, invirtieron alrededor de 400,000 pesos para que pudiera entrar al programa. Además, le envían cerca de 10,000 pesos semanales para sus gastos personales. Luego de cuatro meses en el campus, ya pasó de un nivel básico a B1.2, considerado intermedio avanzado.

Su historia refleja un reto estructural de aprendizaje en México. Aunque el país comparte frontera con Estados Unidos y mantiene una de las relaciones comerciales más importantes del mundo el dominio del inglés sigue siendo bajo. El más reciente EF English Proficiency Index ubicó a México en el lugar 103 de 123 países evaluados y como el país con peor nivel de inglés en América Latina.

Álvaro González director general de EF México atribuye parte del problema al modelo educativo. “En México no existe una inmersión real del inglés. Está presente en educación básica pero si alguien quiere aprenderlo bien tiene que pagar una escuela privada”, explica. A ello suma una falla de origen en la enseñanza. “Muchos maestros de inglés no son pedagogos y muchos pedagogos no dominan el idioma”.

Ese rezago estructural añade también responde a la falta de exposición cotidiana. A diferencia de otros países donde el inglés está integrado al entretenimiento, los medios o el trabajo, en México su uso suele limitarse al salón de clases. Esa brecha es la que EF busca cubrir con experiencias presenciales intensivas en el extranjero.

Además de Nueva York, EF opera campus y escuelas de idiomas en ciudades como Londres, Oxford, Manchester, Dublín, París, Roma, Barcelona, Berlín, Tokio, Sídney y Vancouver. Algunas sedes permiten combinar estudios con esquemas vinculados a permisos laborales y otras funcionan exclusivamente bajo visas de estudiante, dependiendo del destino y la duración del programa. La oferta incluye desde cursos cortos de verano hasta programas intensivos que pueden extenderse entre dos y 52 semanas.

La amplitud geográfica también forma parte de la estrategia comercial. En un entorno donde las apps reducen el costo de aprender vocabulario o practicar conversaciones, las escuelas presenciales buscan monetizar algo más difícil de digitalizar. La posibilidad de estudiar, viajar, hacer contactos internacionales y consumir una experiencia cultural completa.

El campus también refleja cómo se segmenta hoy el mercado. El perfil del estudiante mexicano por ejemplo combina dos extremos. Jóvenes que están por ingresar a la universidad y buscan elevar su nivel de inglés y profesionistas que lo ven como una herramienta para escalar en el mercado laboral, acceder a un MBA o construir una carrera internacional.

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La apuesta por vender experiencias y no solo idiomas

La estrategia de inmersión cultural no es nueva para la compañía. EF fue fundada en 1965 por Bertil Hult quien desarrolló el concepto tras descubrir que aprendía inglés con mayor rapidez conviviendo en un entorno angloparlante que estudiando de forma tradicional.

Hult tenía dislexia y abandonó la preparatoria en Suecia porque el sistema educativo no lograba adaptarse a su forma de aprendizaje . Tiempo después consiguió trabajo en un banco y fue enviado a Londres, donde entendió que convivir todos los días con el idioma aceleraba mucho más el proceso que memorizar reglas gramaticales en un salón de clases.Su experiencia terminó convirtiéndose en el origen de EF en 1965.

La compañía arrancó con 700 dólares y un grupo de 33 estudiantes suecos que viajaron a Inglaterra para aprender inglés durante vacaciones y hoy opera programas de idiomas, internados, viajes educativos y formación corporativa en más de 100 países.

Hoy sin embargo el desafío no es solo educativo sino competitivo. Las escuelas de idiomas compiten contra plataformas digitales de bajo costo como Duolingo o aplicaciones de conversación automatizada que han cambiado la expectativa del usuario. Aprender más rápido por menos dinero y sin salir de casa.

“Antes competíamos con otras escuelas. Ahora competimos con experiencias completamente distintas”, admite Zutin. El costo promedio de un programa internacional de EF ronda los 800 dólares semanales, aunque varía según destino duración y temporada. A cambio la empresa ofrece una garantía de avance. Si un estudiante no sube de nivel tras seis semanas cumpliendo asistencia y actividades puede extender su curso una semana sin costo adicional.

El argumento de fondo es que la inteligencia artificial no elimina la necesidad de inmersión sino que puede incluso reforzarla. “Entre más automatizada se vuelve la vida más valor tiene convivir viajar y conectar con otras personas”, sostiene Zutin. En esa lógica la experiencia física se vuelve el producto premium frente a lo digital.

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