Durante décadas, la divulgación científica estuvo asociada a aulas, libros especializados o espacios académicos formales. Hoy, ese esquema convive con otro muy distinto: videos breves, consumo fragmentado y plataformas gobernadas por algoritmos. TikTok se convirtió en uno de esos nuevos territorios donde la ciencia busca —y encuentra— audiencia. Pulpo Culto es uno de los proyectos que encarnan ese cambio y que, en 2026, llega a los TikTok Awards como parte de una tendencia más amplia en la circulación del conocimiento científico.
La divulgación científica dejó el aula y se mudó al algoritmo: el caso Pulpo Culto, rumbo a los TikTok Awards
Pulpo Culto como parte de una tendencia
Fundado en 2021 por Pablo Escobedo, Pulpo Culto nació con la intención de responder preguntas sobre el mundo y el universo desde un enfoque accesible. Con un equipo integrado por jóvenes especialistas en física, química y biología, el proyecto consolidó una estrategia basada en la escucha activa de la comunidad, alianzas con instituciones académicas y una comprensión clara del consumo digital.
Hoy, con más de 1.3 millones de seguidores en sus plataformas y TikTok como canal principal, Pulpo Culto llega a los TikTok Awards no como un fenómeno aislado, sino como un ejemplo de cómo la divulgación científica dejó de habitar exclusivamente el aula y encontró en el algoritmo un nuevo espacio para crecer.
Lejos de plantearse como una sustitución de los espacios tradicionales, el desplazamiento hacia plataformas digitales responde a un cambio en los hábitos de consumo. “La divulgación científica se está adaptando a nuevas conversaciones y a nuevas audiencias. Pareciera un cliché, pero es la realidad: hoy la gente accede al conocimiento de muchas maneras y hay que estar ahí. Sí, la ciencia sigue en los libros y en las aulas, pero también se consume en TikTok, en el metro, en el autobús, antes de una cita o de una reunión. Ahí es donde estamos encontrando a la audiencia”, explica Pablo Escobedo, fundador de Pulpo Culto.
Del aula obligatoria al interés voluntario
Una de las diferencias centrales entre la divulgación científica tradicional y la que ocurre en plataformas como TikTok está en la disposición de la audiencia. Mientras en el aula la presencia suele ser obligatoria, en el entorno digital el acceso parte del interés. “En las aulas no siempre está quien quiere estar, muchas veces se está porque se debe estar. En TikTok no: ahí está la gente que quiere aprender, que va de paso en la aplicación, ve un tema que le llama la atención y se queda. El reto es atrapar a quien se queda, explicarle y hacerlo de una forma menos técnica, pero entendible y disfrutable”, señala Daniel Calderón, presentador en Pulpo Culto.
Ese tránsito fugaz obliga a replantear el lenguaje, el ritmo y la estructura del contenido. El objetivo no es replicar la clase magistral, sino captar atención, sostenerla y transmitir información comprensible sin recurrir a tecnicismos innecesarios. El desafío está en lograr que el aprendizaje también se disfrute y que la explicación resulte clara y accesible.
Traducir sin simplificar en exceso
La competencia directa con el entretenimiento coloca a la divulgación científica frente a un desafío histórico: cómo traducir conceptos complejos sin subestimar a la audiencia. “El reto de la divulgación científica siempre ha sido tomar conceptos abstractos y compartirlos sin volverlos básicos ni subestimar a la audiencia. Se trata de traducirlos al día a día, usando analogías, metáforas o temas que ya están en la conversación, y a partir de ahí desarrollar un lenguaje correcto, un guion atractivo y una edición que compita con el entretenimiento”.
En Pulpo Culto, la elección del tema y la escritura del guion concentran buena parte del tiempo de producción. Solo esa etapa puede tomar entre cuatro y seis días, dependiendo de la complejidad del tema y del esfuerzo necesario para llevarlo a un formato de divulgación accesible.
Una semana de trabajo para cuatro minutos de ciencia
Detrás de cada video hay una cadena de decisiones editoriales, técnicas y narrativas. Tras el guion viene una etapa de retroalimentación interna, grabación y edición. Incluso pocos minutos frente a cámara requieren múltiples tomas, ajustes técnicos y repeticiones para obtener el material final.
A eso se suman varias horas de edición. El resultado, en promedio, es una semana completa de trabajo para que el público vea en su feed “Diez minutos a cuadro no son diez minutos reales. Para que al final aparezcan tres o cuatro minutos útiles, la grabación puede tomar mucho más tiempo. Luego viene la edición, que puede llevar entre tres y cuatro horas. En total, hablamos de casi una semana de trabajo para que la gente vea cuatro minutos de ciencia en TikTok”, como lo define el fundador del proyecto. El proceso refleja una lógica distinta a la de la inmediatez que suele asociarse con redes sociales.
Rigor frente a métricas y viralidad
En un entorno dominado por visualizaciones, retención y viralidad, el riesgo de sacrificar rigor por alcance es constante. Sin embargo, Pulpo Culto asume las métricas como una herramienta de orientación, no como un fin. “Las métricas no son un riesgo, son una brújula. Nos ayudan a entender cómo se consume el contenido y cómo llegar a más personas, pero no dictan lo que hacemos. No porque algo funcione vamos a repetirlo sin cuestionarlo. Siempre somos fieles al rigor científico”.
Esa postura implica renunciar a contenidos que, aunque prometen alto impacto, no están suficientemente verificados. “Muchas veces encuentras ganchos muy sensacionalistas que podrían disparar métricas, pero al investigar te das cuenta de que no están verificados. Ahí te preguntas si vale la pena sacrificar la veracidad del canal solo por llamar la atención. En nuestro caso, la respuesta es no”.
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Un cambio generacional en el acceso al conocimiento
Para ambos voceros, el traslado de la divulgación científica a plataformas digitales no es un fenómeno pasajero. Existe una pasión creciente por la ciencia entre audiencias jóvenes, visible tanto en redes como en eventos presenciales. El acceso cotidiano a un celular y a plataformas como TikTok o YouTube se convirtió en una vía para acercar disciplinas que antes parecían lejanas.
Ese proceso ocurre dentro de los límites de edad establecidos por las plataformas y no sustituye la educación formal, pero sí amplía el alcance del conocimiento científico hacia públicos que antes no se acercaban a él.