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La historia detrás de la gorra de Donald Trump

El accesorio con la leyenda 'Make America Great Again' fue popularizado por el ahora presidente estadounidense, al convertirlo en un instrumento de campaña.
lun 20 febrero 2017 09:38 AM
Sin diseño
Sin diseño El diseño de los accesorios de campaña del magnate inmobiliario reflejaban lo que quería alcanzar en la campaña. (Foto: EFE/Nigel Roddis)

Estaban por todas partes el día de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

Las gorras de color rojo brillante inscritas con las palabras 'Make America Great Again' ('Hagamos a Estados Unidos grande otra vez') dominaron la muchedumbre que celebraba en frente del Capitolio. Los gorras eran un poderoso recordatorio del dramático cambio de poder que iba a desarrollarse en Washington y se volvieron posesiones preciadas para algunos de los partidarios de Trump.

Mark Stroman compró cinco gorras a un vendedor ambulante para llevar a sus amigos de regreso a su casa en Los Ángeles, reconociendo la división política que la prenda representaba.

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“Creo que trajeron cierta división”, dijo Stroman. “Causaron una gran división entre los demócratas y los republicanos, pero creo que hicieron que la gente prestara atención, hicieron despertar a la gente”.

Los artículos de campaña son fáciles de desestimar, pero la gorra de Trump captó la forma en que su candidatura afectó y dividió el país. Como muchas cosas en la campaña de Trump, es difícil concluir que hubo una gran estrategia que haya llevado a su éxito. Pero su conexión con los votantes, para bien o para mal, es innegable.

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Aquí está la historia de cómo la gorra se convirtió en uno de los símbolos más poderosos de la política estadounidense moderna.

Poseer un eslogan

No hubo expertos en mercadotecnia o investigación de diseño involucrados en la idea inicial para la gorra, de acuerdo con el exgerente de la campaña Corey Lewandowski.

“Creo que de hecho alguien nos envió una muestra”, dijo Lewandowski a CNN. “Ellos trajeron esa muestra a Donald Trump y él dijo: 'Me gusta, modifiquemos esto, hagámoslo de manera diferente”.

Lewandowski dijo que probaron diferentes prototipos, fuentes de diferentes tamaños y estilos antes de obtener el modelo que permaneció. Después de eso, había gorras en el avión de Trump todo el tiempo.

Fue poco más de un mes después de anunciar su candidatura que Trump se puso la gorra por primera vez en público, en un evento de campaña. Cuando hizo un viaje muy anunciado a Laredo, Texas, en julio de 2015, para visitar la frontera entre Estados Unidos y México, el clima caliente requirió un aspecto más informal que su traje y corbata habituales.

“Solo por el factor de sudor y otras cosas, eligió usar la gorra”, dijo Lewandowski.

En aquel entonces, Trump estaba envuelto en un tornado de controversia, desde el cuestionamiento del estatus del senador John McCain como héroe de guerra hasta la especulación acerca de postularse como un candidato de un tercer partido, y también el hecho de que un sindicato de la Patrulla Fronteriza retiró su apoyo a la visita en el último momento.

Un grupo de periodistas esperó a Trump en la pequeña terminal del aeropuerto cuando su avión aterrizó.

“Él se acercó y todos dijimos: 'Oh!'”, recordó Dana Bash, corresponsal política de CNN, quien cubrió el evento. “Realmente lo recuerdo vívidamente porque fue como: 'Oh, por supuesto, él es el maestro del marketing. ¿Por qué no iba a ponerlo en un gorra?'”.

Mercadotecnia
Las gorras con el eslogan de campaña de Trump se volvieron una conexión con sus partidarios.

Trump visitó brevemente la frontera, y habló ante las cámaras en tres ocasiones separadas, sin dejar de hablar de su tema distintivo, la inmigración. En cada toma, su marca era imposible de perder.

Bash también se sorprendió al notar que Trump llevaba zapatos de golf blancos, provocando un ruido de “crujidos” al caminar hacia un podio.

La gorra misma pudo haber sido una casualidad, pero el eslogan tenía una historia más profunda con Trump.

Empezó a usar la frase desde 2011. Tomó un nuevo significado para Trump a raíz de la derrota de Mitt Romney en 2012. Tanto en el estilo como en la sustancia, Trump sintió que Romney no proyectaba una visión positiva de la fuerza estadounidense. Solo seis días después de esa elección, Trump firmó el papeleo para registrar la frase 'Make America Great Again'.

“Él estaba en esa silla —esa silla icónica que tiene en su oficina en el piso 26 de la Torre Trump— y levantó la vista y dijo: 'Mi lema va a ser Make America Great Again', dijo a CNN Sam Nunberg, un exayudante de campaña que ayudó a sentar las bases para la postulación de Trump. “Alzó la vista hacia el techo con una sonrisa en su rostro, y dijo: 'Y, mira, a todo el mundo le va a encantar'. Estaba en lo correcto”.

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nullLa oponente de Trump, Hillary Clinton, criticó el eslogan como volver un tiempo abstracto en la historia estadounidense, llamándola una “fantasía cruel”. La frase ha sido usada en el pasado por los presidentes Ronald Reagan, George H.W. Bush e incluso por el esposo de Clinton, Bill Clinton.

Pero en los libros de historia, el eslogan pertenecerá a Trump.

Las solicitudes de marca registrada tardan mucho tiempo en procesarse. Trump no recibió la marca 'Make America Great Again' sino hasta julio de 2015, justo a tiempo para el viaje a Laredo.

Tecnología disruptiva

“Es solo una tecnología disruptiva”, dijo Lewandowski a CNN acerca de las gorras de la campaña. “Las personas que no estaban involucradas en la política, que no tenían antecedentes políticos, querían mostrar su apoyo a algo diferente y su manera de hacerlo era comprar gorras”.

Las gorras se venden en una gama de colores, pero Trump ha mostrado afinidad por la gorra roja, así como por la gorra blanca y un gorra de estilo camuflaje con letra naranja.

Trump se sorprendió por la ubicuidad de las gorras, desde los mítines en las zonas rurales de Estados Unidos hasta en cenas oficiales de donantes del Partido Republicano, dice Lewandowski. Además, a pesar de su repercusión entre los partidarios, el diseño casi parecía una idea de último momento.

“No fue diseñada”, dijo a CNN Lindsey Ballant, un diseñador y profesor adjunto del Maryland College of Art. “No representaba lo que uno piensa cuando considera la política tradicional en términos de mensajes visuales, y eso es esencialmente lo que Trump fue también”.

La fuente es la predeterminada, Times New Roman, el diseño de color es básico, y el estilo, que se asienta extrañamente muy alto en la cabeza con una cuerda esbelta que se extiende por el frente, coincide con el de las gorras que Trump ha usado durante mucho tiempo en sus campos de golf.

Gorras de golf
El magnate utilizaba estos accesorios para ir a sus campos

“En cambio, la campaña de Hillary fue increíblemente pensada. Era elaborada. Había todo un sistema completo que giraba alrededor de la simplicidad y la belleza del logo la marca”, dice Ballant sobre la campaña de la oponente de Trump.

La campaña de Trump sabía que querían sacar capitalizar la popularidad del gorra, al gastar más de 2.8 millones de dólares en gorras de la compañía Cali-fame, radicada en Los Ángeles, incluso cuando personajes políticos se burlaban de ellos.

“Eso alentó ataques de la izquierda de una forma que encajó en lo que creo que la campaña Trump y la organización Trump querían: un choque de dos civilizaciones políticas que creían que trabajaban a su favor”, dijo Kevin Madden, estratega republicano y colaborador de CNN.

Lewandowski dijo que no fue fácil encontrar una compañía estadounidense para producir las gorras. Se venden por 20 o 30 dólares, y las imitaciones más baratas de países como China y Bangladesh son comunes.

“El señor Trump firma muchas gorras y sabe la diferencia”, dijo Lewandowsi a CNN. “Él me decía: '¿Sabes?, de las diez gorras que firmé, ocho de ellas eran imitaciones'. Y decía: '¿Cómo atrapamos a esos tipos?'”.

Cali-fame produce las gorras que ahora se venden en el sitio web de Trump, y las que podemos ver en su cabeza, pero la campaña de Trump también compró algunas gorras de empresas como Ace Specialties LLC y Maxim Advertising, según informes financieros.

Si uno se adentra en la pequeña tienda en el sótano de la Trump Tower, hay una esquina dedicada a los artículos promocionales de campaña, con la gorra clásica, así como nuevas versiones reveladas después de la elección. El cajero tiene cuidado de rechazar a cualquier comprador potencial que no sea ciudadano estadounidense, ya que la compra del gorra se considera una contribución de campaña para la reelección de Trump.

Los gorras son una conexión física entre Trump y muchos de sus partidarios rurales y de la clase obrera, pero también continúan siendo un blanco del sentimiento anti-Trump: desde las muchas parodias de la gorra hasta manifestantes quemando una en la toma de posesión.

No importa qué emoción inspire, la gorra, descrita un vez por The New York Times como un “accesorio de verano irónico”, ha consolidado su lugar en la historia. Una gorra roja y una blanca fueron colocadas cerca del escenario, resguardadas tras un vidrio, en la fiesta de Trump la noche de las elecciones.

“Si alguna vez fuera a diseñar una biblioteca presidencial de Trump, y alguien dijera cuál es el artefacto que más quieres, yo diría que el gorra original de Donald Trump resguardada tras un vidrio”, dijo el historiador presidencial Douglas Brinkley a CNN. “Toda la campaña puede resumirse en sus tuits reunidos, y en esa gorra”.

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