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¿Ha cumplido Trump con sus promesas de campaña?

El presidente de EU ha honrado compromisos con sus votantes como el de considerar a Jerusalén como capital de Israel, pero también ha fallado.
vie 08 diciembre 2017 06:04 AM
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Promesas de campaña Hasta ahora, el presidente no ha pagado un precio tangible por cumplir con sus promesas más controvertidas. (Foto: Evan El-Amin/Shutterstock / Evan El-Amin)

Un político que realmente hace lo que prometió a los votantes parece casi incomprensible en Washington, una ciudad de promesas incumplidas. Para Donald Trump, ser un presidente que cumple es especialmente crucial, ya que es una de las llaves doradas de su vínculo inquebrantable con sus seguidores.

La necesidad de estar a la altura de esa imagen ayuda a explicar por qué Trump, que está bajo una presión cada vez mayor en una investigación sobre Rusia, reconoció este miércoles a Jerusalén como la capital de Israel, a pesar de los riesgos ampliamente conocidos.

Ese fue solo el último ejemplo en el que el presidente obstinadamente honró los votos de sus ultraleales seguidores, incluso aquellos que se horrorizan con la clase establecida de la política, a los críticos de los medios y a los líderes aliados.

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Este miércoles, Trump reconoció a Jerusalén como la capital de Israel, desafiando la furia internacional al prometer trasladar allí la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv, un paso que sus predecesores inmediatos consideran demasiado arriesgado.

“Cuando tomé el cargo, prometí ver los desafíos del mundo con los ojos abiertos y un pensamiento muy fresco”, dijo Trump este miércoles, en las primeras palabras de un discurso que delineó un cambio agudo en la política sobre Israel.

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null“No podemos resolver nuestros problemas haciendo las mismas suposiciones fallidas y repitiendo las mismas estrategias del pasado”, dijo.

También ha cumplido con su promesa conceptual más amplia de ser una fuerza disruptiva en Washington y en todo el mundo. Los enemigos estadounidenses ahora carecen de la comodidad de un adversario predecible, al igual que sus adversarios nacionales y sus aliados.

Hasta ahora, el presidente no ha pagado un precio tangible por cumplir con sus promesas más controvertidas. Pero está tomando grandes riesgos, especialmente a nivel internacional, y el ajuste de cuentas podría estar por llegar.

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Washington aún no sabe si la reacción violenta entre sus aliados sobre la última declaración de Trump la dejará vulnerable. De todos modos, a los partidarios de Trump que creen en el concepto de 'America First' ('Estados Unidos primero') les preocupa poco que el presidente enfurezca a los amigos del país alrededor del mundo.

Como prometió, ha trabajado para renegociar el TLCAN, se retiró del propuesto acuerdo comercial de la Asociación Transpacífico , abandonó el acuerdo climático de París , atacó el acuerdo nuclear de Irán e introdujo una prohibición de viaje para los residentes de algunas naciones mayormente musulmanas , mientras adoptaba otras políticas radicales de inmigración.

Trump prometió presidir el crecimiento económico y hacer subir el mercado bursátil. El producto interno bruto se expandió 3.3% en el tercer trimestre, un máximo de tres años, y el Dow acaba de superar los 24,000 puntos.

El mensaje de la Casa Blanca es que Trump está cumpliendo su promesa de agitar las cosas.

“Aunque los presidentes anteriores hicieron de esto una gran promesa de campaña, no cumplieron. Hoy estoy cumpliendo”, dijo el presidente.

La campaña de reelección de Trump saltó a la narrativa de un presidente que vale tanto como su palabra.

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“Una vez más, el presidente Trump ha demostrado el tipo de liderazgo que Washington no reconoce ni comprende. Con Donald Trump, una promesa hecha es una promesa cumplida”, dijo el director ejecutivo de la campaña, Michael Glassner.

Más de lo que parece

Pero con la presidencia, las cosas rara vez son tan sencillas. Hay una razón por la cual Trump rompió los esquemas en Jerusalén: los presidentes anteriores juzgaron que el capital político que podían ganar con un movimiento similar no estaba justificado por los riesgos. Estos han incluido preocupaciones de incitar a la violencia en Medio Oriente u ofender a los palestinos al prejuzgar las conversaciones de paz finales sobre Jerusalén, una ciudad que también consideran su capital futura.

El destino de los estadounidenses en el extranjero —blancos fáciles en cualquier reacción violenta en el Medio Oriente— también pesa sobre las conciencias presidenciales. Trump decidió correr el riesgo de todos modos.

Los críticos también podrían señalar que la lista de promesas cumplidas de Trump es incompleta y políticamente conveniente.

Ha tendido a honrar promesas que inflaman su credo populista o complacen a electorados clave como evangélicos y donantes ricos —incluido el magnate de casinos Sheldon Adelson—, quienes tenían un gran interés en Jerusalén.

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Pero Trump ha eludido algunas de sus promesas más complejas. Difícilmente ha entregado un seguro de salud “para todos” como dijo que haría. El plan de impuestos del partido republicano, de acuerdo con múltiples estudios independientes, reduce el acceso a la atención médica y ayuda a los amigos ricos de Trump más que a sus seguidores de la clase trabajadora.

También prometió endurecer su postura hacia China en comercio. Pero eso no se ha materializado a medida que busca la ayuda de Pekín en la crisis nuclear de Corea del Norte.

El impulso de Trump de mantener las promesas, incluida su decisión de redoblar su apuesta en descarrilar el acuerdo con Irán —se negó a certificar el cumplimiento de Irán en octubre—, su anunciada prohibición de viaje que parece estigmatizar a los musulmanes y su desafío al consenso mundial sobre el cambio climático podría reflejar fuerzas políticas más profundas.

La nube de la investigación sobre Rusia se está volviendo cada vez más gruesa, mientras que su índice de aprobación se ubica en 35%. Y hasta que se apruebe la ley fiscal del partido republicano, tiene pocos logros legislativos. Eso significa que Trump nunca ha necesitado más a sus seguidores. Y Kevin Liptak de CNN informó esta semana que el presidente está preocupado por perder la base política sin la cual perdería toda viabilidad política.

Todo eso puede explicar por qué estaba dispuesto a aceptar los riesgos de su movimiento en Jerusalén, que podría sofocar la campaña de paz israelí-palestina en su gobierno, unir a los aliados de Estados Unidos en Europa y Medio Oriente contra él, y desencadenar extremismo o represalias contra ciudadanos e intereses estadounidenses.

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Bajo esa luz, su medida parece menos como un gran gesto de un político que raramemente mantiene sus promesas y más como un acto cínico de cálculo político.

Naturaleza polarizante

La naturaleza polarizante de la medida de Trump se reflejó en las respuestas de dos veteranos exfuncionarios estadounidenses inmersos en la política de Medio Oriente.

Elliott Abrams, que trabajó en el consejo de seguridad nacional de George W. Bush, dijo que la decisión del presidente era un reconocimiento de la realidad de que Jerusalén es considerada por Israel como su capital, y se burló de las predicciones de que el presidente podría incitar un levantamiento como “completamente exageradas”.

“Hay intifadas entre los palestinos cuando la Autoridad Palestina lo permite y lo fomenta”, dijo Abrams en CNN.

Pero Aaron David Miller, un negociador de paz en Medio Oriente para presidentes republicanos y demócratas, dijo que Trump estaba priorizando su propia conveniencia política sobre intereses de seguridad más amplios.

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“Esto no tenía nada, en mi opinión, que ver con la búsqueda de la paz israelí-palestina”, dijo Miller en CNN.

“Esto parece ser una declaración política de un presidente obstinado decidido a cumplir y básicamente decir a los que dicen: 'No puedes hacerlo, no lo harías y no deberías hacerlo', decir: 'Puedo cumplir'”.

No es la primera vez que Trump desafía a la opinión internacional para expresar tal punto; sus medidas sobre el clima e Irán encajan en la misma categoría.

Pero el costo de estas medidas podría ser menos inmediato que cualquier reacción negativa ante la apuesta de Jerusalén.

Las consecuencias negativas de abandonar la lucha contra el cambio climático, en forma el aumento del nivel del mar y los patrones climáticos devastados, podrían estar a décadas de distancia; la pérdida de la influencia de Estados Unidos al ceder ante China al salir de la Asociación Transpacífico es intangible en este momento para los votantes estadounidenses; si el TLCAN se derrumba, las consecuencias económicas podrían no resentirse de inmediato.

Pero el hecho de que el presidente no haya pagado un precio todavía no significa que no vaya a suceder.

Y también es posible, si tiene suerte, que el presidente se vuelva más confiado en sus decisiones, menosprecie los consejos de aliados y asesores de la clase establecida, y esté más tentado de dar rienda suelta a sus instintos.

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Tal comportamiento podría tener implicaciones para la crisis de Corea del Norte, debido a que los expertos y aliados advierten sobre las consecuencias de una guerra en la península que durante mucho tiempo se consideró demasiado horrible de considerar.

Trump dice que al estado aislado no se le permitirá amenazar a Estados Unidos con un misil balístico con una cabeza nuclear, una posibilidad que está a unos meses de convertirse en realidad.

Y el presidente está desarrollando un gusto por cumplir sus promesas.

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