Propuestas de presidenciables, inviables solo con austeridad

En el tercer y último debate, los candidatos a la presidencia no dejaron claro cómo financiarían sus ambiciosas propuestas; los expertos dicen que será necesaria una reforma fiscal.
Insuficiente  La reducción del gasto público y disminuir la corrupción no son propuestas desdeñables pero no aportarán los recursos suficientes para implementar las propuestas de presidenciables.  (Foto: Oscar Obregón)
María Luisa Aguilar
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

Durante el último debate presidencial, tres de los cuatro candidatos indicaron que de resultar electos no habrá aumento de impuestos e incluso, algunos proponen reducir ciertos gravámenes.

Frente a ello, los periodistas conductores del encuentro insistieron en preguntarles cómo llevarían a cabo sus propuestas, a lo cual los candidatos no respondieron de forma clara.

Las expertos consultados advierten que las propuestas de los candidatos en materia de crecimiento del PIB, un sistema de salud universal, estimular salarios, crear fuentes de empleo y aumentar la inversión se verán limitadas si no emprenden una reforma fiscal integral.

A la falta de recursos disponibles que tendrá la próxima administración se suma el reducido margen de maniobra de la economía mexicana, con un crecimiento en la deuda pública que apenas empieza a ser remediado.

Lee: Qué debes saber sobre las propuestas económicas de los candidatos

“Está ausente la especificación de las fuentes de financiamiento, no han dado detalles y eso lleva a pensar en un ajuste a los impuestos para poder financiar lo que proponen”, dice Rodolfo de la Torre, director de Desarrollo Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

Las propuestas de reducción del gasto público, disminuir los beneficios de la alta burocracia, mejorar la estructura del gasto y reducir la corrupción, de Andrés M. López Obrador, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, no son desdeñables pero son insuficientes para que lleven a cabo el resto de sus propuestas, si llegaran a la presidencia, coincidieron expertos.

“Todas las administraciones han querido mejorar su gasto y se enfrentan con que hay muchos programas comprometidos, que no se pueden terminar, por lo que no es tan fácil hacerlo”, menciona Jorge Gordillo, director de Análisis de CI Banco.

La reforma fiscal debe ponerse en la agenda de discusión, sostiene Luis Sánchez Galguera, socio de Impuestos de Deloitte. “No estamos hablando que implique necesariamente incrementar impuestos”.

Los expertos coinciden en la necesidad de ampliar la base de recaudación formalizando la actividad de las personas físicas. En México cerca del 60% de la población económicamente activa sobrevive en la informalidad, de acuerdo con las estadísticas oficiales.

“Que se revise la estructura de los impuestos, que se amplíe la base de contribuyentes y que se revisa el impuesto al consumo”, sugiere Sánchez.

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Bajar impuestos, ¿factible?

Solo algunas de las propuestas en materia fiscal de los candidatos a la presidencia son viables y deben venir acompañadas de mecanismos de recuperación o de compensación para no debilitar las finanzas públicas.

Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente, propone disminuir el precio de las gasolinas por medio de una reducción del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Para Luis Sánchez Galguera, técnicamente puede ser viable pero tendría que revisarse detalladamente la estructura del impuesto.

Otra propuesta que podría ser factible es la de eximir el cobro de ISR a personas con ingresos menores a 10,000 pesos mensuales, pues podría estimular la competitividad salarial y la economía interna.

México recauda el equivalente de 12 puntos del PIB, por lo que es un país con una enorme oportunidad de crecer y eso no sucede porque hay una enorme evasión, indica Sánchez Galguera.

“Hay que tener claridad con las propuestas que se pusieron en la mesa porque hay fenómenos que están sucediendo y que nos pueden estar presionando”, indica Óscar Ortiz, socio de impuestos de EY.

La reforma fiscal de Estados Unidos de finales del año pasado, es uno de ellos. Países como Alemania y España ya están reaccionando con una premisa de competitividad.

“Entrar en un tema de competitividad ante un tema de presión global donde claramente la respuesta debería de ser de una reacción de una política fiscal distinta que nos ponga en un contexto de productividad y que nos ponga al mismo nivel y con las mismas reglas de juego que los demás están haciendo”, indica.

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