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Incluso sin Trump era inevitable que EU cuestionará la relación con la OTAN

Aunque las quejas del presidente de EU sobre el gasto puedan estar justificadas, los críticos temen que sea una fragmentación del sistema que lo convirtió en la nación más rica y poderosa del mundo.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene un buen argumento cuando se queja de que los socios estadounidenses de la OTAN no cumplen siquiera con sus propios objetivos de reparto de la carga para la defensa común de la alianza.

Y solamente está adoptando argumentos y expresando frustraciones ya comunicadas por sus dos predecesores más recientes, aunque de una manera menos sutil, poco diplomática y ‘trumpiana’.

El actual presidente es especialmente sensible al costo del despliegue de seguridad de Estados Unidos para sus aliados, tanto en Asia como en Europa y, en gran medida, ve las alianzas que apuntalan el poder global de Estados Unidos en términos transaccionales en lugar de geopolíticos.

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Las quejas sobre el gasto de la OTAN encendieron su campaña de 2016, cuando calificó a la alianza de “obsoleta”, por lo que nadie en Europa —donde años de complacencia se establecieron después de la caída de la Unión Soviética— puede decir que no fue advertido.

“Nos está costando demasiado dinero y francamente tienen que aportar más dinero (...) estamos pagando de manera desproporcionada”, dijo Trump en un evento de audiencia de CNN en marzo de 2016.

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En una agria reunión de líderes de la OTAN el año pasado, dijo que Europa no estaba siendo “justa” hacia los contribuyentes estadounidenses. En la desastrosa cumbre del G7 del mes pasado, Trump criticó a la OTAN como “peor que el TLCAN”, como reportó por primera vez Axios.

Pero antes de lo que se perfila como una contundente cumbre de la OTAN en Bruselas, Bélgica, la ira de Trump, expresada en cartas enviadas por el gobierno a varios gobiernos extranjeros, hace temer que su enfoque de línea dura sea contraproducente y que ponga a la alianza misma en riesgo.

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Su frustración también parece estar enraizada en una hostilidad más fundamental hacia el concepto de cooperación colectiva y multilateral que ha unido a la comunidad de democracias liderada por Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.

Después de todo, Trump tiene antecedentes de retirarse de los acuerdos multilaterales, como el acuerdo climático de París y la Asociación Transpacífico, y también se opone a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Él dice que los principales aliados de Estados Unidos solo están interesados en saquear su “alcancía”.

Entonces, aunque las quejas del presidente sobre el gasto de defensa en Europa puedan estar justificadas, los críticos temen que sean un posible precursor de una fragmentación del sistema internacional que convirtió a Estados Unidos en la nación más rica y poderosa de la historia del mundo.

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La actitud de Trump y la filosofía de “Estados Unidos Primero” complican los esfuerzos de líderes como la canciller alemana, Angela Merkel, y la primera ministra británica, Theresa May, para argumentar ante sus audiencias nacionales la necesidad de más gastos de defensa para cumplir con las demandas estadounidenses. Y, si se reduce a ello, tendrán poco apoyo público para desplegar tropas en cualquier guerra extranjera liderada por Trump.

Las propias sospechas de Trump hacia las instituciones occidentales podrían socavar sus exigencias de más gasto, al igual que su concepto erróneo de que la OTAN es como un club al que los miembros europeos deben miles de millones de dólares en pagos morosos.

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Y su propio compromiso con la OTAN se ve empañado por sus comentarios que hacen eco a las posturas del presidente ruso, Vladimir Putin, cuya política exterior está diseñada para socavar a Occidente y es percibida como una creciente amenaza para la seguridad por la mayoría del resto de los 29 miembros de la alianza.

Un gran temor es que Trump pueda insinuar públicamente que Estados Unidos no defenderá a los miembros de la alianza que no alcancen los objetivos, un paso que fracturaría la noción de defensa colectiva que es central para la identidad de la OTAN y que seguramente deleitaría a Moscú.

Obama y Bush se quejaron antes de que Trump llegara

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La tardanza de los gobiernos de la OTAN para cumplir con sus propias promesas de gastar el 2% de su Producto Interno Bruto en defensa y las capacidades disminuidas de poderes clave como Gran Bretaña siempre han exasperado a Washington.

“Si tenemos una defensa colectiva, significa que todos tienen que participar, y he tenido algunas preocupaciones sobre la disminución del nivel de gasto de defensa entre algunos de nuestros socios en la OTAN”, dijo el presidente Barack Obama en Bruselas en 2014.

“La situación en Ucrania nos recuerda que nuestra libertad no es gratuita y tenemos que estar dispuestos a pagar por los activos, el personal, la capacitación que se requiere para garantizar que tengamos una fuerza creíble de la OTAN y una fuerza disuasoria efectiva".

Seis años antes, en su última cumbre de la OTAN, el presidente George W. Bush había pedido a los miembros de la OTAN “aumentar sus inversiones en defensa para apoyar las operaciones de la OTAN y de la UE” y agregó: “Estados Unidos cree que si los europeos invierten en su propia defensa, también se volverán más fuertes y más capaces cuando nos despleguemos juntos”.

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Incluso sin Trump, era inevitable que los estadounidenses comenzaran a cuestionar los compromisos en el exterior y la relación costo-beneficio de alianzas como la OTAN, a medida que los recuerdos del horror de la Segunda Guerra Mundial se desvanecen y el propósito común de la Guerra Fría se esfuma en la historia.

Pero ha habido signos positivos en los últimos años, los cuales probablemente se vean eclipsados por la ira de Trump contra los aliados de Estados Unidos. Y muchos diplomáticos temen que en Bruselas se repita lo de la cumbre del G7 en Canadá, la cual Trump hizo estallar, lo que plantea dudas sobre la cohesión occidental.

Las últimas cifras de la OTAN, de 2017, apuntan a un aumento del 4.3% en el gasto de defensa como porcentaje del PIB entre los miembros de la alianza europea y Canadá.

El gasto militar está en aumento entre la mayoría de los miembros, en parte debido a la presión de Estados Unidos y por los temores renovados de la expansión rusa tras la anexión de Crimea en 2014.

Sin embargo, en el momento en que se publicó el informe hace un año, solo seis naciones de la OTAN estaban gastando el 2% del PIB en defensa, un objetivo que todas las naciones tienen hasta 2024 para alcanzar.

Sin embargo, las quejas de Estados Unidos son más profundas que los números.

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Existe una gran preocupación sobre la capacidad de las fuerzas armadas de la OTAN, ya que el impacto de la Gran Recesión y las presiones presupuestarias en las naciones que financian estados de bienestar más generosos que Estados Unidos han provocado que algunas potencias europeas tomen decisiones dolorosas.

Gran Bretaña, por ejemplo, tiene dos nuevos portaaviones enormes que entrarán en pleno funcionamiento en los próximos años y está renovando su programa nuclear disuasivo independiente Trident.

Sin embargo, a principios de este año, el jefe del ejército británico, general Sir Nicholas Carter, advirtió después de años de recortes de defensa que la capacidad de Gran Bretaña para enfrentarse a las fuerzas rusas probadas en Siria y Ucrania podría verse erosionada si no se hacen esfuerzos para igualar sus capacidades.

“Necesitamos reconocer que una disuasión creíble debe estar respaldada por una capacidad genuina y un compromiso genuino que obtenga el respeto de los oponentes potenciales”, dijo Carter.

Algunos funcionarios estadounidenses están utilizando lo que ven como retrasos intencionales de los miembros de la OTAN para refutar las afirmaciones de los críticos de Trump de que el presidente está tratando de socavar la alianza transatlántica, incluida su solícita relación con Putin.

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“Si crees que Rusia es una amenaza, pregúntate a ti mismo: ¿por qué Alemania gasta menos del 1.2% de su PIB?”, dijo el consejero de seguridad nacional de Trump, John Bolton, en el programa Face the Nation de CBS durante el fin de semana.

Las quejas de que el gobierno no está comprometido con la OTAN también son socavadas por su presupuesto de 3,400 millones de dólares en 2017 para la Iniciativa Europea de Disuasión, que surgió de un programa de la era Obama para tranquilizar a los socios estadounidenses después del movimiento de Rusia en Ucrania.

Rezagos de Alemania en los pagos

Alemania se ha comprometido a aumentar sus gastos de defensa solo al 1.5% de su PIB para el 2025, a pesar de una serie de informes que cuestionan la preparación de sus fuerzas. El gasto en defensa ha sido tradicionalmente un tema político delicado en una nación que pasó décadas tratando de aceptar su pasado militarista.

En una carta a Merkel, leída por una fuente a Michelle Kosinski de CNN, Trump dijo que comprende las restricciones políticas que han frenado el gasto de defensa en su país.

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“Estados Unidos continúa dedicando más recursos a la defensa de Europa, donde las economías del continente, incluida Alemania, tienen buen desempeño y abundan los desafíos de seguridad”, escribió Trump.

También existe una amenaza apenas velada de que Estados Unidos comenzará a cuestionar su propia devoción a la defensa europea si Europa no hace mucho más.

“Será... cada vez más difícil justificar ante los ciudadanos estadounidenses por qué algunos países no comparten la carga de seguridad colectiva de la OTAN, mientras que los soldados estadounidenses continúan sacrificando sus vidas en el extranjero o llegan a casa gravemente heridos”.

Tales argumentos son muy irritantes entre los miembros de la OTAN, dado que la única vez que el artículo de defensa colectiva de la OTAN fue invocado fue en apoyo de Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Naciones como Gran Bretaña y Canadá han sufrido grandes pérdidas peleando junto con Estados Unidos en Afganistán. Según el sitio web iCasualties.org, Alemania perdió 54 soldados en la guerra afgana. Mantiene la segunda presencia de tropas más alta en la coalición de la OTAN en Afganistán, solo superada por Estados Unidos.

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Aunque Trump está furioso con el gasto de la OTAN, existe igual preocupación entre los aliados de la alianza y los partidarios de la OTAN en Estados Unidos de que él ni siquiera comparta los valores comunes que sustentan la alianza, o aprecie su papel histórico y vital.

Esa brecha fue enfatizada por la renuncia esta semana del embajador de Estados Unidos en Estonia, James Melville Jr. En una publicación de Facebook obtenida por la revista Foreign Policy, Melville escribió:

“Que el presidente diga que la UE fue 'creada para aprovecharse de Estados Unidos, para atacar a nuestra alcancía’ o que 'la OTAN es tan mala como el TLCAN' no solo es erróneo en los hechos, sino que me demuestra que es hora de irse”.

La desconexión transatlántica encapsulada en esa publicación es la razón por la cual la cumbre de la OTAN de la próxima semana podría ser la más crucial en la historia de la alianza.

Ryan Browne y Elise Labott de CNN contribuyeron a este reportaje

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