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En busca de la mejor relación de la historia con Estados Unidos

México ha puesto mucho para que Estados Unidos ratifique el T-MEC. El secretario de comercio estadounidense Wilbur Ross lo reconoció ayer en Mérida, en la cumbre bilateral de CEOs.
México-Estados Unidos
La reforma laboral eliminó uno de los obstáculos para aprobar el nuevo tratado comercial.

La aprobación de la reforma laboral, este jueves, eliminó uno de los obstáculos que habían pedido los demócratas para dar luz verde al nuevo tratado comercial de México, Estados unidos y Canadá, el T-MEC. ¿Será suficiente? La agenda bilateral está hoy en manos de la política y de la dinámica electoral estadounidense, con un presidente Donald Trump que ha puesto el tema migratorio en primer plano.

El jueves también arrancó en Mérida el encuentro de líderes empresariales de México y Estados Unidos, con la buena noticia de la reforma laboral sobre la mesa (aunque las consecuencias de esta reforma están aún por ver) y un tono celebratorio acerca de la relación bilateral.

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La cena inaugural se celebró en una hacienda henequenera, con guayabera obligada para los hombres, y abrió con los discursos muy emocionales de los presidentes de las cámaras de comercio de ambos países.

El estadounidense Thomas J. Donohue, involucrado profundamente en la defensa del viejo TLCAN, expuso las consecuencias devastadoras del cierre de fronteras y la actual ralentización del cruce para la economía de los dos países, sean los que sean los motivos aducidos por el gobierno estadounidense. El mexicano Carlos Salazar expuso el compromiso del sector empresarial mexicano en avanzar la agenda de inclusión y crecimiento del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, una vía necesaria para la prosperidad regional, dijo. Ambos son los anfitriones de este evento que se celebra dos veces al año, y que en esta ocasión cuenta con la participación de cinco secretarios de Estado mexicanos y del secretario de Comercio estadounidense Wilbur Ross.

Entre el público estaban muchos líderes empresariales mexicanos, como Antonio del Valle Perochena, presidente del Consejo Mexicano de Negocios; Carlos Slim Domit, de Grupo Carso; Agustín Coppel o Eugenio Madero de Rassini, entre otros muchos. Del lado estadounidense había muchos CEOs regionales, como los de Morgan Stanley, Honeywell y Kansas City Southern.

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El canciller Marcelo Ebrard puso en su discurso de cierre del evento la clave de lo que estamos viviendo: el presidente López Obrador pidió a su gabinete y a su secretario de Relaciones Exteriores que en el sexenio 2018-2024 las relaciones entre México y Estados Unidos sean las mejores de su historia.

El desafío es notable, dada la animosidad del presidente Trump contra lo que queda al sur de la frontera. Parece estar logrando los frutos deseados: el secretario de Comercio Wilbur Ross ofreció en su discurso un agradecimiento a México y al gobierno de López Obrador “por apoyarnos mientras confrontamos la crisis en nuestra frontera sur” y por “su apoyo en muchos asuntos de interés mutuo”. El mensaje es claro: al presidente estadounidense lo que le preocupa es la migración, porque ya está en campaña.

La estrategia implica la renuncia al apasionado nacionalismo de discurso que maneja el gobierno en otros temas. A la vista de las palabras de Ross, está llegando a donde tiene que llegar. Tender la mano al gobierno de Trump con una estrategia migratoria de contención acorde con principios de respeto a los derechos humanos, y guiñar el ojo a los demócratas con una reforma laboral, parece avanzar la agenda y haber frenado el discurso confrontatorio del presidente Trump, y probablemente el de la líder demócrata Nancy Pelosi. Al menos por ahora.

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La secretaria de comercio, Graciela Márquez, centró su discurso en la inclusión y la innovación que el T-MEC dará a los ciudadanos de ambos lados de la frontera. Olga Sánchez Cordero expuso ante los estadounidenses cómo el gobierno tiene un programa para defender el Estado de Derecho y atajar la violencia y la corrupción.

Y el centro de todo es: ¿se ratificará el T-MEC? Nadie lo duda, pero cuanto antes suceda, antes recibirán los mercados una noticia que urge para calmar los ánimos. Los líderes empresariales ni siquiera parecían preocupados por la reforma laboral, que tendrá un impacto profundo en los negocios en México.

Ojalá que esto promueva un mayor contenido de valor agregado en nuestras cadenas, y una mayor productividad en todo el país, y se logre el incremento de salarios que se persigue sin afectar a las cifras de empleo. Parece un propósito complicado, pero si el dúo Trump-López Obrador logran la mejor relación bilateral de la historia, es que ya no hay imposibles.

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