Sin embargo, el acuerdo aún no cubre todos los productos. En el caso del sector automotriz, Trump impuso un arancel de 25% para vehículos terminados en su contenido no estadounidense en el caso de México y Canadá.
Las autopartes todavía no enfrentan aranceles, pero están sujetas a revisión.
México también busca proteger sus exportaciones de acero y aluminio, que representan poco más del 2% de sus envíos a Estados Unidos. Según el gobierno, existe margen de maniobra, ya que el país vecino mantiene un superávit comercial en este rubro.
El gobierno de México activó "dos cartas paralelas" del T-MEC que permiten abrir canales bilaterales de diálogo sobre estos temas. El objetivo es garantizar condiciones preferenciales que mantengan la competitividad mexicana frente a otros países.
“El reto es consolidar la posición de México en este nuevo sistema comercial y maximizar nuestras ventajas comparativas”, señaló Ebrard.
Aseguró que el país cuenta con mejores condiciones para competir, no sólo por la cercanía geográfica con Estados Unidos, sino por el acceso sin aranceles a su mercado para la mayoría de las mercancías.
El logro no es menor, porque el tratado se mantiene, señaló Ebrard.
La permanencia del T-MEC, con tarifa cero para productos que cumplen con este, protege más de 10 millones de empleos en sectores clave como agroindustria, manufactura electrónica, eléctrica, química, textil, calzado, maquinaria y equipo, dispositivos médicos y farmacéuticos.