El panorama luce retador con una expectativa de crecimiento económico moderada. Moody’s plantea una expansión de 1.2% en 2026, solo un crecimiento de 0.5 puntos porcentuales respecto a 2025, sujeta al resultado de la revisión del T-MEC y a un entorno geopolítico más complejo.
Fitch Ratings añade que, más allá del tratado, persisten factores internos que elevan la cautela, como reformas en discusión en ámbitos judiciales, laborales y económicos, con potencial para incrementar costos y frenar decisiones de inversión.
El sector empresarial identifica con claridad los pendientes. El estudio Perspectivas de la Alta Dirección en México 2026 de KPMG México muestra que 72% de las empresas considera prioritario fortalecer la confianza en el Estado de derecho. A ello se suma la necesidad de una revisión adecuada del T-MEC, señalada por 59% de los directivos, y el desafío de atraer inversión nacional y extranjera, mencionado por 53%.
Ventaja sin despegue
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS por su sigla en inglés) explica que México se ha beneficiado del nearshoring y de su integración manufacturera con Estados Unidos, pero esa ventaja aún no detona un ciclo sólido de inversión. El problema no es la falta de interés, sino la incertidumbre que frena decisiones de largo plazo.
Los especialistas del CSIS, Ryan Berg y Diego Marroquín Bitar, indican en su análisis que aunque México alcanzó niveles récord de inversión extranjera directa en 2025 (41,000 millones de dólares al tercer trimestre), la inversión total —que incluye capital privado, público y extranjero— cayó alrededor de 10% ese año.
La inversión privada retrocedió cerca de 2%, mientras que la inversión pública se desplomó más de 26%. En sectores críticos para el crecimiento, la contracción fue todavía mayor.
Esta brecha explica por qué las ventajas del país no se traducen en crecimiento de largo plazo. El capital externo llega, pero no se acompaña de inversión doméstica suficiente ni de gasto público que habilite infraestructura, energía y logística. El resultado es una economía integrada a Norteamérica, pero con una base de inversión frágil.