Ebrard señaló que el gobierno mexicano tendrá una postura de “sangre fría”, en línea con la estrategia marcada por la presidenta Claudia Sheinbaum, mientras se conocen los alcances reales de las medidas anunciadas por Donald Trump.
El secretario explicó que aún no hay claridad sobres los aranceles se incluyen. Recordó que cerca del 85% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos actualmente ingresan sin arancel gracias al T-MEC, mientras que gravámenes aplicados a sectores como vehículos, acero y aluminio responden a fundamentos legales distintos (la sección 232).
Ante el nuevo escenario, México evaluará primero el diseño final de las disposiciones antes de definir una respuesta. “Tenemos que ver qué medidas va a tomar Estados Unidos para determinar de qué manera puede afectar a nuestro país”, indicó.
Adelantó que viajará la próxima semana a Estados Unidos, donde sostendrá reuniones con sus contrapartes comerciales para obtener precisión sobre esta política arancelaria anunciada por Trump y defender los intereses mexicanos.
El funcionario subrayó que México no formó parte de los llamados aranceles recíprocos que se encuentran bajo cuestionamiento legal, por lo que el impacto potencial aún permanece incierto.
En un plazo de tres a cuatro días, añadió, el gobierno mexicano espera contar con reglas claras que permitan evaluar si el nuevo esquema mantiene las condiciones actuales del comercio bilateral o introduce cambios relevantes para las exportaciones mexicanas.