Añadió que el deterioro de las condiciones climáticas de los últimos tres años ocasionaron una caída histórica en la producción de granos, incluyendo el maíz, a nivel nacional. A esto se suman otros factores; por un lado, la producción de granos en el resto del mundo tuvo un repunte y esto abarató los precios para los productores mexicanos, quienes además reciben menos dólares por sus exportaciones, ante la apreciación del “superpeso”.
En este escenario, la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán elevó los precios de los fertilizantes. El paso de cargamentos que transitan por el Estrecho de Ormuz cayó 97% el 7 de marzo frente al promedio de febrero, lo que anticipa presiones sobre la disponibilidad global de estos insumos.
Según Fernando Cruz, México importa alrededor del 75% de sus necesidades de este tipo de fertilizantes; en 2025, esto implicó entre 3.8 y 4 millones de toneladas, provenientes principalmente de Rusia y China, pero también de países afectados por la guerra como Omán (alrededor de 341,000 toneladas).
Esa dependencia externa vuelve particularmente vulnerable al campo mexicano. “Hoy por hoy, casi el 75% de los fertilizantes son importados, lo que hace que este sector sea muy sensible a lo que suceda en el exterior”, advirtió Marco Cancino, economista y especialista en finanzas públicas. Añadió que los programas públicos actuales son insuficientes y que los productores “no están preparados” para un choque prolongado en precios.
Cruz detalló que las consecuencias de la guerra llegan en un momento clave para los agricultores del Bajío y centro del país, pues inicia el ciclo de siembra primavera-verano; el cual suele dar como resultado entre 17 y 19 millones de toneladas de maíz al final de la cosecha. Y si bien algunos productores ya comenzaron a sembrar, los barcos que llegan desde el Golfo Pérsico cargados con fertilizantes tardan unos 60 días en arribar al país, por lo que los efectos de las interrupciones podrían sentirse hacia abril y mayo. Como dato adicional, recordó que los fertilizantes pueden llegar a representar hasta un tercio de los costos de producción de maíz y trigo.
Y aunque en México existe un programa gubernamental de apoyo a productores con fertilizantes, este consiste en la distribución de apenas 1 millón de toneladas dirigidas a pequeños productores de autoconsumo o comercio en circuitos muy localizados. Quedan excluidos medianos y grandes productores cuya cosecha se dirige al comercio al por mayor.
Esta situación, advierte Cruz, podría causar presiones inflacionarias que compliquen la tarea del Banco de México e incluso comprometan el crecimiento económico. Cancino coincide en ese riesgo: si el conflicto se prolonga, el impacto “va a reflejarse muy pronto en los precios al consumidor”, en productos que forman parte de la canasta con la que se mide la inflación.
Y no solo por el hecho de que los barcos que trasladan contenedores llenos de alimentos y otras mercancías de consumo masivo ya cobran una prima de riesgo por guerra, lo cual impacta directamente en los precios finales.
El mundo puede sufrir más hambre
A nivel global, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU ya advirtió que esta situación puede agravar la crisis de acceso a alimentos a millones de personas. "Si el conflicto en Oriente Medio se prolonga hasta junio, otros 45 millones de personas podrían caer en una situación de inseguridad alimentaria aguda debido al aumento de los precios", declaró el director ejecutivo adjunto del PMA, Carl Skau, en rueda de prensa en Ginebra, esta semana.
"De prolongarse (la guerra), el aumento de los precios de la energía provocará una subida general de la inflación", afirmó Julie Kozack, portavoz principal del FMI, durante una conferencia de prensa. Los precios de los alimentos constituyen otro motivo de preocupación. "El transporte de fertilizantes se ha visto interrumpido y esta circunstancia, sumada a las disrupciones en el transporte general, eleva el riesgo de que se produzcan aumentos en los precios de los alimentos", señaló en información recopilada por AFP.