Un conflicto bélico ha vuelto a poner en vilo a los mercados energéticos globales. Como respuesta a los ataques orquestados por Estados Unidos e Israel, la navegación por el estrecho de Ormuz ha sido cerrada después de que Irán amenazara con atacar barcos comerciales, estrangulando de manera efectiva el tránsito de hidrocarburos y derivados. Se trata de una arteria vital para la economía mundial ya que por ahí transita alrededor de una quinta parte del petróleo mundial y del gas natural licuado (GNL).
La crisis en Irán y la urgencia de una política nacional de fertilizantes
Las cotizaciones han reaccionado al alza. Con relación al cierre de la semana pasada, los precios del Brent y WTI se han incrementaron alrededor de 13% al martes 3 de marzo, mientras que la mezcla mexicana de exportación lo ha hecho de manera moderada – el aumento ha sido de aproximadamente 5%.
En Europa, los precios del gas natural han experimentado un alza de alrededor del 70% en el mismo lapso. Qatar, un importante proveedor del mercado europeo y segundo mayor exportador global de GNL, ha cerrado operaciones en sus principales complejos productivos como consecuencia de los ataques de Irán a su infraestructura.
No todo es petróleo y gas
Más allá de los hidrocarburos, existe otro grupo de commodities igualmente expuesto a la volatilidad geopolítica y que ha recibido menos atención: amoniaco y fertilizantes nitrogenados.
Gracias a la abundancia de gas natural, el Medio Oriente es también un jugador clave en la producción y exportación de amoniaco y fertilizantes como la urea – el nutriente más utilizado en el mundo, incluyendo México.
Lo anterior significa que, cuando el suministro de gas natural se ve comprometido o su precio se incremente de manera abrupta e importante, el costo de producción del amoniaco se encarece y, en consecuencia, el de la urea y otros fertilizantes esenciales para la agricultura. Un alza en los precios del gas natural se traduce en fertilizantes más costosos.
De modo que, si el conflicto continúa por semanas o meses, la economía mundial también podría enfrentar volatilidad en este mercado, lo que con el tiempo puede traducirse en una menor aplicación de nutrientes, caída en los rendimientos, y presión sobre los precios de los alimentos.
En esta discusión hay otro dato clave: el cierre del estrecho de Ormuz no es cosa menor pues es la arteria por la cual se exporta una tercera parte de la urea mundial, lo que es de especial importancia para economías importadoras como México.
El plan de Sheinbaum
Como se ha reportado en otras entregas, el gobierno de Mexico – vía Pemex y el sector privado – tiene en la mira la rehabilitación de la cadena del amoniaco-urea. Ante los acontecimientos en el Medio Oriente, el plan de la presidenta Sheinbaum adquiere otra dimensión. Por décadas, el país ha importado (casi) la totalidad de su urea y ahora se tiene la clara intención de reducir esa dependencia y fortalecer las capacidades productivas, lo que significa añadir valor al gas natural existente – propio o importado – y blindar al campo mexicano y productores de la volatilidad externa.
Aunado a lo anterior, el rescate de la cadena amoniaco-urea también es susceptible de alinearse con los objetivos de descarbonización si se acompaña, eventualmente, de inversiones en tecnologías más limpias como el amoniaco verde y de una reducción en la quema de gas natural. Dicho de otro modo, el país tiene opciones para fortalecer la seguridad alimentaria sin renunciar a sus metas climáticas, al tiempo que mitiga la volatilidad de los mercados energéticos.
El conflicto en Irán – y la invasión de Rusia a Ucrania en el 2022 – es un recordatorio de cuán frágiles pueden ser las cadenas de suministro de fertilizantes y confirma la profunda interdependencia entre la seguridad energética y la seguridad alimentaria. Por lo que, en este contexto de incertidumbre geopolítica, la decisión de aumentar la producción de amoniaco y urea en el país es un acierto de política pública.
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Nota del editor: Adrián Duhalt es analista del sector energético. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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