La cantidad extra de ingresos equivale a 1.5 puntos del PIB, con lo que se lograría llegar hasta tres puntos para un sistema de cuidados integral, que es la referencia y estimación de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), explicaron Alejandra Macías, directora ejecutiva, y Nubia Pedroza Chávez, economista e investigadora especializada en género y economía de los cuidados del CIEP.
En la investigación “ Los cuidados y las finanzas públicas. El ciclo de vida fiscal ”, el CIEP explica que los recursos que el Estado destina a los cuidados en el Presupuesto de Egresos de la Federación equivalen al 1.2% del PIB, los cuales, el 64% es para trasferencias de recursos a través de programas como la beca Rita Cetina; el 35.3% se destina a servicios o bienes públicos; el 0.6% a infraestructura como hospitales, guarderías, casas de descanso, y solo el 0.002% es para generar un cambio cultural sobre el trabajo de cuidados.
Estos recursos están distinguidos, por primera vez, en el Anexo 31 del Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 . En total son 468,641 millones de pesos, que representan 4.6% del gasto total, detalló Pedroza en la presentación del documento.
“Las transferencias ayudan a aliviar las necesidades de un hogar, sin embargo, no son suficientes. Si queremos un sistema de cuidados robusto es necesario la inversión en infraestructura y en servicios desde el Estado, y también el Estado debe de redirigir esos esfuerzos para que también el sector privado haga lo suyo y que las comunidades podamos compartir toda esta parte de los cuidados”, expresó la investigadora del CIEP.
Macías explicó que las finanzas públicas enfrentan presiones para ampliar el financiamiento de cuidados, pues este no pueden ser solo reasignaciones al gasto público. “Se necesitan ingresos permanentes, progresivos y solidarios”, remarcó.
¿Cómo generar más ingresos para un sistema de cuidados?
Para ello, el CIEP analiza y propone tres componentes en la parte de ingresos. El primero es que el cuidado pueda financiarse a través de contribuciones a la seguridad social. El segundo, es la necesidad de reformas tributarias y fiscales, con especial atención en las renuncias recaudatorias que tiene el sector público, por ejemplo, las deducciones a los automóviles nuevos.
“Algo relevante en este estudio es cómo evaluar las renuncias recaudatorias, desde la perspectiva de cuidados. Entonces desarrollamos una metodología para ver, dentro del ciclo de vida, cuáles son las renuncias que podrían vincularse directamente con el cuidado y entonces evaluar si esas renuncias están cumpliendo sus objetivos o no”, comentó la directiva.