Durán explica, en este sentido, que el desafío para países como México no es únicamente adoptar tecnología, sino preparar a las personas para aprovecharla. De hecho, mostró que una intervención de capacitación en IA generó resultados medibles: el aumento en comprensión de IA fue cinco veces mayor en el grupo capacitado que en el grupo de control, mientras que la mejora en comodidad para usar la herramienta fue 1.8 veces mayor.
De acuerdo con las estimaciones presentadas por Peter Gal, economista senior de la OCDE, la IA podría elevar el ingreso real per cápita anual entre 0.1 y 0.95 puntos porcentuales durante la próxima década, dependiendo de la velocidad de adopción, la estructura productiva de cada país, la infraestructura digital y las habilidades disponibles. En ese escenario, México aparece con un potencial más limitado que las economías con mayor peso de servicios intensivos en conocimiento y adopción tecnológica más acelerada, lo que vuelve más relevante la alfabetización digital desde la escuela.
Los países con más servicios intensivos en conocimiento y una adopción inicial más rápida son los que probablemente se beneficiarán más en un horizonte de 10 años, apoyados por buena infraestructura digital y habilidades
Peter Gal, economista senior de la OCDE
La escuela, el eslabón débil
Por otro lado, los académicos reunidos en el evento de Unicef plantearon que México necesita una ruta propia, basada en evidencia nacional y no solo en regulaciones importadas. La propuesta, denominada Ruta Digital México, busca articular a gobierno, plataformas, escuelas, familias, academia y sociedad civil alrededor de cuatro objetivos: reducir riesgos como ciberacoso, exposición a contenido nocivo, uso problemático y daño emocional; fortalecer la alfabetización digital crítica de niñas, niños, adolescentes, docentes y familias; impulsar la seguridad por diseño en plataformas; y generar evidencia mexicana sobre los efectos del uso digital.
La Dra. María Elena Medina Mora, de la UNAM, advirtió que México enfrenta un problema de salud en su niñez y adolescencia, agravado después de la pandemia. Los especialistas coincidieron en que la prohibición absoluta es una “puerta falsa” si no se atiende la lógica de enganche de los algoritmos, la dependencia emocional de los jóvenes y la falta de acompañamiento desde familias, escuelas y autoridades.
Manuel Alejandro Guerrero, profesor investigador de la Universidad Iberoamericana, señaló que presentar la alfabetización digital como solución única puede ser “tramposo” si implica trasladar toda la responsabilidad a la sociedad, sin exigir corresponsabilidad al gobierno y a las empresas tecnológicas. También advirtió que prohibir, por sí solo, no resuelve el problema de fondo: el diseño algorítmico, el modelo de negocio basado en la atención y la falta de formación de docentes y familias.
Fernando Gutiérrez García, director de División de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, planteó que las intervenciones deben ir más allá de talleres aislados. Desde la academia, dijo, se requiere colaboración entre gobierno, sociedad civil, instituciones educativas y empresas; programas de alfabetización digital ante la llegada de la IA generativa; y un mapeo continuo de brechas, especialmente en entidades del sur-sureste como Chiapas, Oaxaca y Veracruz.