Una tendencia que construyó infraestructura propia
Samsung no es el único actor, Cisco Networking Academy es, según sus propias cifras reportadas en 2024, el programa corporativo de formación tecnológica de mayor escala en México. Desde 1998 capacitó a un millón de estudiantes en el país a través de cientos de academias e instituciones educativas, con contenidos en redes, ciberseguridad, programación y habilidades digitales.
Oracle apostó por un modelo diferente con Oracle Next Education (ONE), un programa gratuito orientado a personas que buscan ingresar al sector tecnológico con contenidos de programación, desarrollo web y Java. A diferencia de otros programas corporativos, ONE no centra su oferta en estudiantes universitarios, sino que busca ampliar el acceso a carreras tecnológicas para quienes tienen menos oportunidades educativas formales.
IBM SkillsBuild opera en México a través de alianzas con instituciones educativas y organizaciones sociales, con formación en inteligencia artificial, análisis de datos y ciberseguridad.
La inversión más reciente en infraestructura de formación tecnológica llegó desde Amazon Web Services. El mesa pasado, Querétaro se convirtió en la sede del Think Big Space número 123 en el mundo y el primero en toda América Latina, un espacio de formación impulsado por AWS en alianza con la UNAM y el municipio de Querétaro, dentro de las instalaciones de Bloque, el Centro de Innovación y Tecnología municipal. La elección de Querétaro responde a que la entidad concentra una parte relevante de la industria manufacturera y tecnológica del país, y la demanda de perfiles digitales calificados es particularmente alta en la región.
La brecha dentro de la brecha
Al interior de estos programas existe una disparidad que refleja un problema más profundo. En Samsung Innovation Campus, las mujeres representan el 22% de los participantes, una cifra que De Lima reconoce como un reto activo. La meta para 2026 es alcanzar el 30%. El contraste con el programa Solve for Tomorrow, también de Samsung y dirigido a jóvenes de 14 a 18 años, es revelador, ahí la participación femenina llega al 60%.
La explicación que ofrece De Lima no apunta a falta de interés, sino a cargas culturales no reconocidas. "Cuando me acerco con jóvenes de 19 o 20 años y les digo que participen en el programa, me responden que quieren, pero que tienen que llegar después de la universidad a cuidar a sus hermanitos, a sus abuelos", describe.
Las labores de cuidado no remuneradas recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres jóvenes, y eso reduce su disponibilidad para programas de formación que, aunque gratuitos, demandan tiempo.
La respuesta del programa fue ampliar el rango de edad hasta los 29 años, con el argumento de que las mujeres más grandes tienen mayor autonomía sobre su tiempo. Es una solución parcial a un problema estructural que ningún programa corporativo puede resolver por sí solo.