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Del TLCAN al T-MEC: así se transformó la economía mexicana

La apertura comercial desplazó al petróleo como motor exportador e integró al país en las cadenas de valor regionales, aunque el crecimiento y la productividad siguen rezagados.
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La apertura comercial transformó la estructura productiva de México. (Photo by Guillermo Arias / AFP) (GUILLERMO ARIAS/AFP)

A comienzos de los años 80, México todavía era un país petrolero. El crudo concentraba la mayor parte de las exportaciones, la economía operaba detrás de altos aranceles, producir para el mercado interno era la prioridad y el Estado mantenía una fuerte presencia en la actividad productiva.. A través de cuatro décadas, el panorama cambió por completo.

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En 2025, las exportaciones mexicanas alcanzaron un récord de 663,770 millones de dólares, con cifras desestacionalizadas. De ese total, las manufacturas aportaron 607,736 millones, equivalentes a 91.6% de las ventas externas, mientras las exportaciones petroleras sumaron apenas 21,306 millones, es decir, 3.2% del total, de acuerdo con la Balanza Comercial de Mercancías de México de Banxico.

Las exportaciones petroleras perdieron peso incluso antes del TLCAN: pasaron de representar 58% del total exportado en 1980 a solo 12% en 1994, año en que el tratado entró en vigor. Aunque años después recobraron fuerza ya no alcanzaron a las manufacturas.

Ese contraste resume una de las transformaciones económicas más importantes de México: pasó de depender del petróleo a convertirse en una de las plataformas manufactureras más importantes del mundo y en una pieza esencial de las cadenas de suministro de América del Norte.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no inició ese cambio, pero sí lo aceleró y le dio certidumbre. La transformación comenzó una década antes, cuando el modelo económico que había impulsado al país durante buena parte del siglo XX llegó a su límite.

El fin del modelo cerrado

Por mucho tiempo, México siguió una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones. El objetivo consistía en fabricar dentro del país los bienes que antes se compraban en el extranjero, algo que volvió a la mesa en los últimos años. Para lograrlo, el gobierno protegía a las empresas nacionales mediante elevados aranceles, permisos de importación, subsidios y una amplia participación del Estado en la economía.

Ese modelo permitió el llamado Desarrollo Estabilizador. Entre las décadas de 1950 y 1970, la economía mexicana creció alrededor de 6% anual con inflación relativamente baja, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Sin embargo, también generó una industria poco expuesta a la competencia internacional y cada vez más dependiente del gasto público.

La crisis de deuda de 1982 marcó un punto de quiebre, pues la suspensión de pagos, la devaluación del peso y el aumento de la inflación obligaron al país a replantear su estrategia económica. Cuatro años después, México ingresó al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), redujo aranceles, eliminó buena parte de las restricciones a las importaciones y comenzó a abrir sectores a la inversión extranjera. La CEPAL identifica ese proceso como el inicio de la integración comercial moderna de México.

Cuando comenzó la negociación del TLCAN, la apertura ya estaba en marcha.

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El tratado que cambió el motor económico

El 1 de enero de 1994 entró en vigor el TLCAN. Más que abrir la economía, el acuerdo dio certidumbre a las inversiones y consolidó la integración productiva con Estados Unidos y Canadá.

El cambio se reflejó en lo que México comenzó a vender al mundo, principalmente a Estados Unidos, ya que el petróleo dejó de ser el único protagonista y empezó a figurar en vehículos, autopartes, pantallas, maquinaria, equipo eléctrico y cientos de productos manufacturados elaborados dentro de cadenas regionales de producción.

Hasta hace poco, la fortaleza exportadora más presumida en México dentro de las manufacturas era lo automotriz. El país atrajo inversiones de las principales armadoras y se integró a las cadenas de suministro de Norteamérica. Es el séptimo productor y el cuarto exportador mundial de vehículos, según la Organización Internacional de Constructores de Automóviles.

Sin embargo, ese ascenso enfrenta uno de sus mayores desafíos: los aranceles impuestos por Estados Unidos y la revisión del T-MEC han elevado la incertidumbre sobre una industria que representa 30% de las exportaciones manufactureras de México.

La relación con Estados Unidos también cambió de escala. Hoy, alrededor de ocho de cada diez dólares que México exporta tienen como destino ese mercado. La integración dejó de medirse únicamente por el comercio final: un vehículo ensamblado en México incorpora acero estadounidense, componentes electrónicos asiáticos y autopartes fabricadas en distintos estados de Norteamérica antes de regresar al consumidor estadounidense como un producto terminado.

La OCDE estima que más de la mitad del valor de los insumos importados por México termina incorporado en bienes que posteriormente se exportan, una de las proporciones más altas entre las economías del organismo. Esa cifra refleja el grado de integración alcanzado por la industria mexicana dentro de las cadenas globales de valor.

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El éxito tuvo límites

Pero la historia no termina con el auge exportador.

Mientras las ventas al exterior crecían hasta romper récords, la economía mexicana avanzó a un ritmo mucho más moderado. Diversos análisis del Banco Mundial, la CEPAL y la OCDE coinciden en que México construyó un sector manufacturero altamente competitivo, pero ese dinamismo no logró extenderse con la misma intensidad al resto de la economía.

Durante buena parte de las tres décadas posteriores al TLCAN, el crecimiento promedio del Producto Interno Bruto rondó 2%. La productividad avanzó de forma desigual, el ingreso por habitante aumentó menos de lo esperado y millones de pequeñas y medianas empresas permanecieron al margen de las cadenas globales de valor.

Por un lado, México se convirtió en una potencia manufacturera y en uno de los principales exportadores del mundo. Por otro, el crecimiento económico permaneció por debajo del potencial estimado por distintos organismos internacionales.

La CEPAL ha documentado que el crecimiento exportador convivió con débiles encadenamientos productivos hacia el mercado interno, mientras la OCDE ha insistido en que elevar la productividad fuera del sector exportador sigue siendo uno de los principales desafíos para acelerar el crecimiento del país.

El T-MEC, una nueva etapa

El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), vigente desde 2020, nació para un contexto completamente distinto al del TLCAN.

Si el acuerdo de 1994 buscó eliminar barreras comerciales, el nuevo tratado responde a un mundo marcado por la competencia con China, la relocalización de cadenas de suministro y la seguridad económica.

Las nuevas reglas elevaron el contenido regional en sectores como el automotriz, fortalecieron los compromisos laborales y ambientales e incorporaron disciplinas sobre comercio digital y propiedad intelectual.

La revisión conjunta iniciada en 2026 confirma ese cambio de paradigma y México llega con ventaja, pues en pocos años se convirtió en el principal proveedor de Estados Unidos y también comprador de bienes.

Las exportaciones tecnológicas empiezan a perfilarse como el nuevo motor manufacturero de México. El país ya no solo vende autos: también gana terreno en equipo de cómputo, electrónica y maquinaria vinculada a centros de datos e inteligencia artificial. En 2025, las exportaciones de equipo de cómputo alcanzaron 85,416 millones de dólares, un salto de 144.8%

El reto, sin embargo, sigue siendo el mismo que comenzó a dibujarse hace más de tres décadas: convertir el éxito exportador en un crecimiento económico más acelerado, con mayor productividad, innovación y valor agregado.

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