"El principal costo para empresas e inversionistas no sería la pérdida del acceso preferencial al mercado estadounidense, sino la persistencia de incertidumbre regulatoria y comercial durante los próximos años", resumió en un análisis BBVA Research. Por lo tanto, economistas de distintas instituciones coinciden en que existen medidas para amortiguar esta "certeza negativa"., que implicaría revisiones anuales durante la próxima década.
Mantener el diálogo con Estados Unidos
La primera recomendación compartida por los especialistas es evitar que las revisiones anuales se conviertan en una confrontación política. Los especialistas consideran que el nuevo esquema debe entenderse como un mecanismo permanente de negociación y no como el inicio del desmantelamiento del acuerdo. Hasta el momento, Estados Unidos utilizará las revisiones para negociar temas específicos —como reglas de origen, regulación, seguridad económica y barreras no arancelarias—, mientras mantiene vigente el tratado hasta 2036.
La incertidumbre tiene rendimientos decrecientes; eventualmente quedará internalizada por el mercado
Óscar Ocampo, director de desarrollo económico del IMCO
Alejandro Saldaña, economista en jefe de Ve por Más, explicó que uno de los principales aciertos del gobierno mexicano ha sido mantener abierto el diálogo con Washington. "Esto debe continuar así para poder acotar las propuestas más agresivas y proteccionistas de la administración Trump", señaló.
El economista considera que la negociación dejó de ser exclusivamente comercial para incorporar temas de seguridad nacional, por lo que mantener canales de comunicación permanentes será fundamental.
Por otro lado, Iván Arias, director de estudios económicos de Banamex, aceptó que "uno de los riesgos que contemplamos es que el efecto fuera mayor al que estamos estimando; que hubiera empresarios que estaban esperando el anuncio para detonar inversiones y que, al encontrarse con que no se dio esta extensión, disminuyan sus planes de inversión".
Reducir la incertidumbre interna
Oscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del IMCO, afirmó que la incertidumbre derivada de las revisiones anuales del T-MEC difícilmente desaparecerá en el corto plazo, por lo que la estrategia debe centrarse en reducir los factores de incertidumbre que sí dependen de México. "Lo importante es observar cómo evolucionan las exportaciones. de México, las inversiones y que México mantenga su ventaja relativa contra sus competidores", añade.
Saldaña identifica tres prioridades en términos de políticas: fortalecer el Estado de derecho; mejorar la certidumbre regulatoria y acelerar proyectos de infraestructura, particularmente en energía y logística.
Ello se debe a que la debilidad de la inversión no obedece únicamente al T-MEC, sino también al deterioro de la percepción institucional y a cuellos de botella que limitan la capacidad productiva del país.
Gerónimo Ugarte, economista en jefe de Valmex Casa de Bolsa, coincide con ese diagnóstico. Aunque considera que México mantiene ventajas relevantes frente a otros mercados emergentes —como estabilidad macroeconómica, una política monetaria creíble, tasas reales atractivas y una integración manufacturera única con Estados Unidos—, advierte que esas fortalezas deberán complementarse con mayor certidumbre para la inversión.
"Para traducir esas fortalezas en un crecimiento estructural más elevado será fundamental reducir la incertidumbre asociada al T-MEC y generar un entorno que incentive mayores niveles de inversión privada", afirmó.
Aprovechar las ventajas que todavía conserva México
BBVA Research también destaca que el país continúa gozando de uno de los menores niveles de protección comercial entre los principales socios de Estados Unidos, lo que mantiene una ventaja relativa para las exportaciones mexicanas. Además, recuerda que las mercancías que cumplen las reglas de origen del T-MEC continúan exentas de los aranceles generales aplicados por Washington a otros socios comerciales.
Oxford Economics considera poco probable una ruptura del T-MEC porque tendría altos costos para la industria automotriz de Estados Unidos, afectaría a estados clave como Texas y Michigan, y enfrentaría obstáculos legales y políticos; más bien, la amenaza de salida funcionaría como presión negociadora.