A pesar del bajo crecimiento económico, la incertidumbre comercial con Estados Unidos y las presiones sobre las finanzas públicas, México conserva las características de una economía con grado de inversión. Sin embargo, Fitch Ratings señaló que ese estatus no debe darse por garantizado.
Fitch ve a México con grado de inversión, pero alerta por Pemex y bajo crecimiento
La directora global de Riesgo Soberano para América de la calificadora, Shelly Shetty, afirmó que el país mantiene fortalezas como un marco macroeconómico sólido, un régimen de tipo de cambio flexible, un banco central con credibilidad, mercados financieros profundos y una estrecha integración con la economía estadounidense, factores que respaldan la calificación BBB- con perspectiva estable.
Pero también delineó con claridad las condiciones que podrían modificar esa evaluación. Un incremento acelerado de la deuda pública, un fracaso en la consolidación fiscal o un choque económico severo que deteriore las finanzas del gobierno podrían ejercer presión sobre la nota soberana. En sentido contrario, una reforma fiscal estructural, una trayectoria descendente de la deuda y un mayor crecimiento económico abrirían espacio para una mejora de la calificación.
"Seguimos considerando que México tiene características propias de un grado de inversión", afirmó Shetty durante una conferencia organizada por Fitch en la Ciudad de México, aunque insistió en que la evolución de la deuda y de las cuentas públicas será determinante para mantener esa posición.
El mayor riesgo es el bajo crecimiento
Para Fitch, el principal desafío de México no proviene únicamente del entorno internacional, sino de la debilidad de su propia economía.
La agencia prevé que el país crecerá alrededor de 1% este año, después de un avance cercano a 0.5% el año pasado. Ese desempeño coloca a México por debajo del promedio de América Latina, de las economías emergentes e incluso de Brasil.
"Sin importar cómo se compare, México está creciendo por debajo de sus pares", señaló Shetty, quien advirtió que existe el riesgo de que el país quede atrapado en una etapa de crecimiento estructuralmente bajo. También recordó que la recuperación económica posterior a la pandemia ha sido una de las más débiles de la región.
A su juicio, detrás de esa desaceleración existe un mismo denominador: la inversión.
La inversión pública perdió impulso tras la conclusión de los grandes proyectos de infraestructura de la administración anterior, mientras que la inversión privada todavía no logra compensar ese vacío. A ello se suma la incertidumbre derivada de la política comercial estadounidense, la revisión del T-MEC y factores internos como la reforma judicial, que, según Fitch, continúan afectando la confianza empresarial.
Pemex resta fortaleza
La situación financiera de Pemex permanece como uno de los principales focos de preocupación para Fitch y continúa pesando sobre la evaluación soberana del país.
Shetty explicó que la petrolera mantiene una posición financiera débil y que la calificadora parte del supuesto de que seguirá requiriendo apoyo del gobierno federal mediante distintos mecanismos, desde aportaciones presupuestarias hasta esquemas para cubrir deuda y obligaciones con proveedores.
Ese respaldo ya forma parte del análisis de la deuda soberana. De hecho, reveló que Fitch descuenta un escalón completo dentro de su modelo de calificación para reflejar el costo potencial que representa Pemex para las finanzas públicas.
"Tomamos un notch (escalón) completo para reflejar no sólo el apoyo actual, sino también el apoyo futuro que esperamos que el gobierno continúe otorgando a Pemex", explicó.
Aunque reconoció que el esquema de apoyo actual resulta más transparente que los rescates extraordinarios utilizados en años anteriores, al existir una partida presupuestaria específica para la empresa, consideró que todavía no existe una transformación estructural que reduzca de manera significativa su dependencia de los recursos públicos.
Nearshoring impulsa exportaciones, pero no la inversión
Fitch considera que el fenómeno del nearshoring sí ha fortalecido la posición exportadora de México, aunque ese dinamismo todavía no se refleja en la inversión extranjera.
Shetty destacó que México mantiene una posición competitiva favorable frente a otros países gracias a una tasa arancelaria efectiva cercana a 3.5%, muy inferior a la que enfrenta China. Además, el país continúa ganando participación dentro de las importaciones estadounidenses mientras la presencia china pierde terreno.
Sin embargo, aseguró que la inversión extranjera directa permanece prácticamente en los mismos niveles observados antes del auge del nearshoring. En promedio representa alrededor de 2.5% del PIB, una proporción incluso inferior al 2.9% registrado entre 2015 y 2019.
La analista añadió que la revisión anual del T-MEC introduce un nuevo elemento de incertidumbre para las empresas que planean inversiones manufactureras de largo plazo.
"Las fábricas se construyen pensando en horizontes de 20 o 30 años y los acuerdos comerciales existen precisamente para dar certidumbre sobre las reglas del juego", explicó.
Además, subrayó que el atractivo de México dependerá no sólo del desenlace de la política comercial estadounidense, sino también de avances internos en infraestructura, energía, agua, Estado de derecho y seguridad jurídica.
La consolidación fiscal será la prueba
Fitch reconoció que el gobierno ha logrado avanzar en la reducción del déficit fiscal después del fuerte deterioro registrado en 2024, pero considera que la siguiente etapa será más compleja.
La calificadora observa presiones por menores ingresos petroleros, una desaceleración en la recaudación tributaria asociada al menor crecimiento económico y un gasto social que continúa aumentando. Al mismo tiempo, la capacidad de seguir ampliando los ingresos mediante mejoras administrativas comienza a agotarse.
Ante ese panorama, Shetty consideró que México debería comenzar a discutir una reforma fiscal estructural que permita ampliar la base tributaria, acelerar la consolidación de las finanzas públicas y crear espacio para responder a futuros choques externos.
"Vivimos en un mundo donde habrá crisis sucesivas y es necesario construir espacio fiscal para enfrentarlas", señaló.
Para Fitch, precisamente la evolución de las finanzas públicas marcará la diferencia entre conservar la actual calificación o mejorarla. Si el gobierno logra contener el crecimiento de la deuda, fortalecer sus ingresos y elevar el crecimiento potencial de la economía, México podría reforzar su perfil crediticio. Pero si la deuda aumenta con rapidez, la consolidación fiscal pierde credibilidad o un choque económico deteriora las cuentas públicas, esas fortalezas podrían comenzar a erosionarse.