Mientras la inteligencia artificial, los semiconductores, los centros de datos y los vehículos eléctricos disparan la demanda mundial de minerales críticos, México mantiene prácticamente cerrada la puerta al desarrollo de nuevos proyectos mineros. Desde el inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la Secretaría de Economía no ha otorgado una sola nueva concesión minera, una política que la administración de Claudia Sheinbaum decidió mantener pese a que el país posee algunos de los recursos que podrían convertirse en uno de los principales activos estratégicos de Norteamérica.
Mientras EU y China se disputan los minerales críticos, México lleva 8 años con el freno puesto
(Jose Luis Stephens/Getty Images)
México es el principal productor mundial de plata y uno de los mayores productores de cobre, oro y zinc, además de contar con reservas de litio, grafito, manganeso, molibdeno y otros minerales indispensables para fabricar baterías, chips, centros de datos, infraestructura eléctrica y equipos de defensa.
De acuerdo con la Cámara Minera de México (CAMIMEX), la industria representa 8.7% del PIB industrial, genera más de 417,000 empleos directos y durante 2025 alcanzó un valor de producción de 379,290 millones de pesos. Las exportaciones crecieron 19.8%, hasta 30,642 millones de dólares.
La balanza comercial registró un superávit de 13,747 millones de dólares, mientras que las aportaciones fiscales aumentaron 72.3%, hasta 78,136 millones de pesos.
Para Juan Treviño, socio senior de Roland Berger y especialista en energía, minería y recursos naturales, el cambio va mucho más allá del sector minero.
El tema de minerales críticos va más allá de simplemente minería; es un tema de seguridad nacional
El especialista explica que la oportunidad para México ya no consiste únicamente en extraer cobre, plata o litio, sino en integrarse a toda la cadena industrial que se construye alrededor de esos recursos: refinación, producción de materiales para baterías, componentes electrónicos y nuevas industrias vinculadas con la inteligencia artificial, los centros de datos y la electromovilidad.
"Estados Unidos obviamente está superinteresado en trabajar con México, sobre todo con México en estos momentos, sobre todos los temas de minerales críticos."
Incluso, considera que la cooperación bilateral podría dar un paso más.
"Que no nos extrañe nada que... se está hablando de abrir un capítulo en el T-MEC para ver si se incluyen reglas de suministro... y potencialmente hacer un acuerdo trilateral."
México dice, pero no acciona
El propio gobierno mexicano también ha reconocido la relevancia estratégica del sector.
Durante la instalación del Comité Educativo de Minería México 2025, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, aseguró que el Plan México busca incrementar la producción nacional, fortalecer las cadenas de valor e impulsar la innovación para que el país no sólo exporte minerales, sino que también participe en las etapas de mayor contenido tecnológico.
El funcionario afirmó que México debe prepararse para una nueva etapa industrial en la que los minerales estratégicos serán determinantes para la competitividad de Norteamérica.
Sin embargo, ese discurso convive con una política minera distinta.
Además de mantener suspendido el otorgamiento de nuevas concesiones, el gobierno federal anunció en febrero la recuperación de 1,126 concesiones mineras, equivalentes a 889,512 hectáreas, de las cuales 249,108 hectáreas corresponden a Áreas Naturales Protegidas.
La Presidencia explicó que la medida respondió a incumplimientos como la falta de pago de derechos, la ausencia de trabajos de exploración y el uso especulativo de los títulos, además de reiterar que los recursos minerales pertenecen a la nación y que la prioridad será proteger el territorio y el medio ambiente.
Para la Camimex, el reto consiste precisamente en crear las condiciones para aprovechar una oportunidad que difícilmente volverá a repetirse. Aunque México avanzó 13 posiciones en el Índice de Atracción de Inversión del Instituto Fraser, hasta ubicarse en el lugar 36 a nivel mundial, y ocupa el octavo sitio por potencial geológico entre 68 jurisdicciones evaluadas, la industria sostiene que todavía persisten desafíos relacionados con la certeza jurídica, la regulación, los permisos ambientales, la seguridad y el desarrollo de nuevos proyectos de exploración.
Treviño resume el desafío en una frase : "Si México quiere participar tiene que ponerse las pilas."
Porque mientras México debate cómo aprovechar ese potencial, Estados Unidos ya dejó de discutir si los minerales críticos son importantes y comenzó a reorganizar su política industrial, comercial y de seguridad nacional para asegurar su suministro.
EU ya cambió las reglas del juego
La urgencia de Estados Unidos no responde únicamente a la creciente demanda de minerales críticos.
Responde, sobre todo, a quién controla la cadena de suministro.
Para Juan Treviño, la preocupación de Washington no radica en que China posea las mayores reservas del mundo.
Su fortaleza está en otra parte.
"La realidad es que los minerales críticos, con excepción de los commodities, están en las manos de los chinos. Y no es que ellos tengan las reservas más grandes del mundo porque no las tienen, pero lo que han hecho muy bien es que se han adueñado de todos los procesos de refino."
Ese dominio tiene consecuencias para prácticamente todas las industrias de alto valor agregado.
"Si tú quieres litio para tus baterías o quieres cobalto u otros productos para tus chips, vas a tener a China dentro de tu cadena de suministro, no importa si les compras a los taiwaneses o les compras a los coreanos."
Esa dependencia explica por qué la política minera estadounidense dejó de ser únicamente una política minera.
Hoy forma parte de la estrategia comercial, industrial y de seguridad nacional del país.
Durante los últimos meses, la Casa Blanca ordenó acelerar la autorización de nuevos proyectos de minerales críticos, fortalecer la capacidad nacional de procesamiento y refinación, desarrollar nuevas fuentes de suministro e impulsar inversiones para reducir la dependencia de proveedores extranjeros, particularmente de China.
Al mismo tiempo, el Departamento de Comercio abrió una investigación bajo la Sección 232 para determinar si la dependencia de minerales críticos procesados representa un riesgo para la seguridad nacional. Paralelamente, Washington comenzó a negociar nuevos mecanismos de cooperación con países aliados, entre ellos México, para construir cadenas de suministro más resilientes y con menor exposición a China.
La estrategia también alcanzó al comercio exterior.
Estados Unidos anunció restricciones a la exportación de residuos electrónicos que contienen minerales estratégicos con el propósito de que esos materiales permanezcan dentro del país y alimenten su propia industria, además de promover inversiones para instalar nuevas plantas de refinación y procesamiento.
La apuesta es clara: producir más minerales, pero también capturar una mayor parte del valor agregado.
Para Treviño, esa es precisamente la oportunidad que tiene México.
Ese ecosistema, explica, incluye infraestructura eléctrica, disponibilidad de agua, refinación, manufactura, logística y condiciones que permitan atraer inversiones de largo plazo.
"Tenemos que crear una infraestructura para que nuestra industria pueda crecer alrededor."
El consultor considera que el país ya cuenta con una ventaja importante.
México posee una de las plataformas manufactureras más grandes del continente. Produce automóviles, electrónicos, servidores para inteligencia artificial y componentes de alto valor agregado. Esa base industrial podría facilitar el desarrollo de nuevas actividades vinculadas con baterías, chips, materiales avanzados y refinación de minerales críticos.
Sin embargo, advierte que ese proceso exige reglas estables.
"Las inversiones de creación de infraestructura no son inversiones de seis años; son inversiones con un horizonte de 30 años."
Asegura que los inversionistas buscan marcos regulatorios predecibles, infraestructura suficiente, disponibilidad de energía y agua, seguridad física y certeza jurídica antes de comprometer capital en proyectos que tardan varios años en entrar en operación.
"No decidir participar... simplemente significa que tú le vas a regalar ese crecimiento económico a otros países."