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Presión comercial de Trump empujaría a México y Canadá por la ruta del Pacífico

Un escenario de la Hinrich Foundation plantea que ambos países buscarían nuevos mercados y proveedores si Estados Unidos endurece el T-MEC.
Composición editorial de Donald Trump en primer plano, acompañado por Claudia Sheinbaum y Mark Carney en una terminal portuaria con buques y contenedores rumbo al Pacífico.
La presión comercial de Donald Trump podría llevar a México y Canadá a fortalecer sus vínculos con Asia-Pacífico, aunque el T-MEC seguiría como el centro de su integración económica. (Expansión/ChatGPT)

La inestabilidad de la política comercial de Donald Trump puede tener un efecto no previsto: que México y Canadá busquen en Asia-Pacífico nuevos mercados, proveedores e inversiones. No para reemplazar a Estados Unidos, algo difícil por el nivel de integración alcanzado, sino para depender menos de sus decisiones.

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La posibilidad aparece en un ejercicio del hfAI Lab de la Hinrich Foundation, que dibuja tres escenarios para el futuro de América del Norte. Uno de ellos, llamado Pacific Pivot o Giro hacia el Pacífico, plantea que los socios de Estados Unidos flexibilizarían sus requisitos de contenido regional y estrecharían relaciones con economías asiáticas si el acceso al mercado estadounidense se vuelve más incierto.

Es un escenario, no un pronóstico y tampoco describe una política que México y Canadá ya hayan decidido adoptar. Lo que hace es poner sobre la mesa una pregunta: ¿cómo responderían ambos países si Estados Unidos endurece las reglas de origen, prolonga la revisión del T-MEC o coloca nuevas barreras al comercio?

Para ninguno sería aventurado, pues los dos pertenecen al TIPAT, que les ofrece acceso preferencial a Japón, Vietnam, Malasia, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Brunéi, Chile, Perú y Reino Unido.

También cuentan con salidas logísticas hacia la región, porque México tiene los puertos de Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Ensenada , cuyas conexiones con China, Corea del Sur y otros mercados asiáticos han ganado capacidad y frecuencia. Canadá dispone de Vancouver y Prince Rupert, además de una oferta de energía, minerales críticos y productos agrícolas con demanda al otro lado del océano.

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El Pacífico gana terreno

La mirada hacia Asia no nace solamente de los problemas del T-MEC. Forma parte de una reorganización más amplia del comercio mundial.

JPMorgan Private Bank advierte que la época en la que las empresas elegían proveedores casi exclusivamente por precio comienza a quedar atrás. La seguridad, la resistencia de las cadenas productivas y la cercanía política entre países pesan cada vez más. El resultado es una economía dividida en bloques y empresas que reparten sus compras entre más proveedores para reducir riesgos.

Esa protección tiene un precio. JPMorgan habla de una “prima de resiliencia”: el costo adicional que las compañías aceptan pagar para acercar la producción, comprar en países aliados o no depender de una sola fuente de suministro.

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Asia está en el centro de este reacomodo porque reúne capacidades industriales difíciles de reproducir. China conserva fortalezas en manufactura avanzada y materiales críticos; Japón, en automatización e infraestructura energética; Taiwán, en semiconductores avanzados, y Corea del Sur, en memorias para inteligencia artificial, redes eléctricas y construcción naval.

Cerca de 30% de la inversión mundial relacionada con la expansión de la inteligencia artificial llega a Taiwán y Corea del Sur, según cálculos de JPMorgan. El dato también deja claro que mirar hacia Asia no equivale necesariamente a acercarse solo a China. La región ofrece varias fuentes de tecnología, capital e insumos.

Para México, esa red tiene un valor particular, pues su industria electrónica importa componentes asiáticos que después transforma en equipos de cómputo y otros productos destinados, en buena medida, a Estados Unidos. La relación con Asia y la integración norteamericana no son caminos separados: actualmente forman parte de una misma cadena.

Estados Unidos sigue al centro

El Pacífico abriría opciones, pero difícilmente desplazaría a Estados Unidos. El Center for North American Prosperity and Security (CNAPS) calcula que América del Norte reúne a más de 500 millones de habitantes, genera cerca de 30% del PIB mundial y mueve alrededor de 1.93 billones de dólares al año en bienes y servicios entre sus tres integrantes.

Desde la entrada en vigor del T-MEC, en 2020, el comercio regional creció más de 35%. Por eso, la diversificación serviría más como un seguro ante los cambios de Washington que como una ruptura con el mercado estadounidense.

Además, la dependencia no corre en una sola dirección. Cerca de 40% de los insumos utilizados en los bienes finales mexicanos procede de Estados Unidos, según el CNAPS. Así, por cada dólar que ese país gasta en mercancías mexicanas, unos 40 centavos regresan a su propia economía. En el caso de las importaciones chinas, son apenas cuatro centavos.

La industria automotriz muestra hasta dónde llega esa integración, algunos componentes cruzan siete u ocho veces las fronteras de América del Norte antes de terminar en un vehículo. Un arancel o una revisión adicional no golpea una sola operación: suma tiempo y costos en cada cruce.

El T-MEC no solo elimina aranceles. También da a las empresas una razón para comprar insumos regionales y mantener inversiones dentro de América del Norte. El CNAPS advierte que, si esos incentivos pierden fuerza, los proveedores asiáticos de menor costo volverán a resultar más atractivos.

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