México necesita aliviar los aranceles que ya golpean a sus industrias estratégicas, aunque la negociación sobre el futuro del T-MEC tome más tiempo. Para Ildefonso Guajardo, ambas discusiones deben avanzar por caminos distintos: primero, un acuerdo transitorio que reduzca el daño inmediato; después, uno que defina las reglas comerciales de largo plazo en América del Norte.
Primero detener la hemorragia arancelaria; después, negociar el futuro del T-MEC: Ildefonso Guajardo
“Es urgente parar la hemorragia que estamos recibiendo en sectores estratégicos”, dijo el exsecretario de Economía y exjefe negociador mexicano del T-MEC durante su participación en la quinta Convención Binacional México-Estados Unidos de la American Society.
Guajardo se refirió a los aranceles que Estados Unidos impuso por motivos de seguridad nacional a sectores como el automotriz, el acero y el aluminio. En su opinión, México debe buscar una solución para esas industrias sin esperar a que concluya la discusión más amplia sobre la renovación del tratado.
“No veo la renovación antes de noviembre. Lo que sí veo es el acuerdo para frenar los aranceles de 232”, señaló. Su previsión deja abierta la posibilidad de un alivio para las empresas mientras los tres países discuten asuntos más complejos , como las reglas de origen y la eventual extensión del T-MEC.
La urgencia, explicó, responde a que los aranceles afectan actividades integradas a las cadenas productivas de América del Norte. Si México espera a resolver toda la negociación del tratado antes de buscar un alivio, esas industrias seguirán expuestas a los costos de las medidas estadounidenses.
Pero alcanzar un acuerdo transitorio tampoco será sencillo. Guajardo recordó que, cuando le tocó negociar con Estados Unidos, pudo mantener los asuntos ajenos al comercio fuera de la mesa. Hoy observa una agenda bilateral más amplia, en la que las exigencias comerciales conviven con otros temas y limitan el margen de los negociadores mexicanos.
Yo sí me daba el lujo de no permitir que me mezclaran temas no comerciales o económicos en mi negociación. Hoy, lamentablemente, no nos podemos dar el lujo
A su juicio, esa mezcla hace más difícil llegar a un entendimiento y obliga a México a cuidar lo que consiga acordar.
Guajardo considera que existe una ventana política para una solución de corto plazo. Describió a Donald Trump como un presidente pragmático , capaz de cambiar de posición si encuentra un acuerdo que también le resulte útil en Estados Unidos. Ese pragmatismo, advirtió, implica que lo pactado entre los equipos negociadores puede cambiar cuando llegue al mandatario.
Por eso atribuyó un papel central a la presidenta Claudia Sheinbaum. En los hechos, sostuvo, Trump es el negociador principal de Estados Unidos y una llamada suya puede modificar los términos que sus colaboradores hayan convenido. “La que tiene la llave de la negociación es la presidenta de México”, dijo Guajardo. La interlocución entre ambos mandatarios será clave para concretar un eventual alivio arancelario y evitar que se deshaga después.
Las líneas rojas
La negociación de largo plazo exige, además, saber qué está dispuesto a ceder México. Guajardo coincidió con la postura atribuida al primer ministro canadiense, Mark Carney, de que es preferible quedarse sin acuerdo antes que aceptar uno malo. Matizó, sin embargo, que México enfrenta una posición más difícil por la complejidad de su agenda bilateral con Estados Unidos. Eso, sostuvo, hace todavía más necesario definir sus líneas rojas.
Una de ellas es la libertad de México para decidir con quién comercia. Guajardo recordó que el país negoció la modernización de su acuerdo con Europa y advirtió que Washington busca ahora que desconozca compromisos ofrecidos a los europeos. Consideró inaceptable poner en la mesa de negociación la independencia de la política comercial mexicana o cerrar la posibilidad de diversificar sus mercados.
Esa defensa de la autonomía comercial no elimina, en su planteamiento, la necesidad de atender las preocupaciones sobre las cadenas de suministro de América del Norte. Guajardo propuso reforzar la trazabilidad de los insumos y evitar que cualquiera de los socios funcione como puerta de entrada para mercancías que incumplan las reglas regionales. Para él, ese compromiso puede ayudar a negociar un alivio arancelario sin renunciar a las relaciones comerciales de México con otros países.