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El rival de Norteamérica no es solo China, sino una Asia que reorganiza su inversión

Diversificar la producción fuera de China no garantiza nuevas fábricas para Norteamérica. Otras economías asiáticas ofrecen proveedores, infraestructura y capacidad industrial.
Fotoarte que combina un trabajador, una línea de producción robotizada, instalaciones industriales y un puerto de carga, con paisajes urbanos al fondo para ilustrar la competencia por la inversión entre Norteamérica y Asia.
La competencia por nuevas inversiones también pasa por la tecnología y la capacidad de producción. (Expansión/ChatGPT)

Una empresa que busca diversificar su producción fuera de China puede encontrar otro destino sin salir de Asia y esa posibilidad plantea un desafío para Norteamérica: las fábricas y los capitales que cambian de ubicación también tienen alternativas dentro de la región asiática.

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En 2025, el sudeste asiático desplazó a Asia oriental como principal receptor de inversión extranjera directa dentro de la región, de acuerdo con ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD). El cambio revela nuevos protagonistas en la competencia por el capital internacional.

Para México, Estados Unidos y Canadá, la lectura es que una menor captación de inversión en China no garantiza que los nuevos proyectos crucen el Pacífico. La competencia incluye a economías que ofrecen capacidad manufacturera, proveedores y acceso a mercados.

El peso de Norteamérica

América del Norte recibió 344,000 millones de dólares de inversión extranjera directa en 2025, una caída de 2% respecto al año anterior, cuando captó 351,000 millones, de acuerdo con la UNCTAD.

El retroceso contrastó con el avance de Asia en desarrollo, donde las entradas aumentaron 3%, de 623,000 millones a 644,000 millones de dólares. Esa región recibió cerca de 1.9 veces el monto registrado por América del Norte.

La diferencia también aparece frente al comportamiento mundial. Los flujos globales de inversión crecieron 6%, hasta 1.624 billones de dólares, mientras las economías desarrolladas en conjunto registraron un aumento de 11%. Dentro de ese grupo, Europa elevó su captación 39%, hasta 285,000 millones.

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Asia cambia de protagonistas

Dentro de Asia, las entradas de inversión a China disminuyeron de unos 116,000 millones a 105,000 millones de dólares en 2025, mientras India registró un crecimiento de 44%. Estas tendencias no prueban una transferencia directa de capital entre ambos países, pero muestran que las opciones de inversión en la región van más allá de China.

La UNCTAD identifica fortalezas que sostienen el atractivo asiático: capacidad manufacturera instalada, redes de proveedores, grandes mercados de consumo e integración en la producción regional.

Esas condiciones amplían la discusión sobre la relocalización industrial. Además del costo de transportar una mercancía hasta el consumidor estadounidense, una empresa debe considerar dónde conseguirá componentes, servicios y personal para producirla.

La cercanía puede reducir distancias. Una red de proveedores permite resolver otra parte de la operación: disponer de piezas, mantenimiento y servicios especializados alrededor de la planta.

Infografía IED Unctad.png

Las industrias en disputa

La competencia también cambia por el tipo de proyectos que buscan capital. Los sectores estratégicos, entre ellos infraestructura de inteligencia artificial, semiconductores, minerales críticos y tecnologías para la transición energética, concentraron 44% del valor mundial de los anuncios de nuevos proyectos de inversión en 2025, frente a 16% en 2020, según la UNCTAD. Los anuncios no equivalen necesariamente a inversión ya ejecutada.

La disputa abarca así actividades que definirán las próximas cadenas de suministro. Para Norteamérica, atraer una instalación exige también desarrollar la infraestructura, los conocimientos y los proveedores que permitan sostenerla.

Además, las conexiones entre ambas regiones siguen en movimiento. La UNCTAD señala que el comercio entre China y Estados Unidos cayó más de 20% desde 2024, mientras Asia oriental amplió sus intercambios tanto con China como con Norteamérica. La reorganización comercial puede crear nuevos vínculos entre las regiones, incluso cuando disminuye el intercambio directo entre las dos potencias.

Producir más en la región

El gobierno mexicano ha colocado esa competencia en la discusión del T-MEC. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha planteado que reducir la dependencia de proveedores externos requiere ampliar la capacidad industrial norteamericana, particularmente en semiconductores.

“No va a bastar con aranceles, se tiene que trabajar para que haya producción en Norteamérica”, afirmó.

Ebrard identificó oportunidades en actividades que producen en Asia para abastecer al mercado norteamericano. Mencionó los fármacos y equipos médicos entre los sectores en los que Estados Unidos busca reducir su dependencia de proveedores asiáticos. Su propuesta consiste en atraer esa producción hacia la región.

El comportamiento de la inversión asiática añade una exigencia a esa apuesta: Norteamérica necesita ofrecer condiciones capaces de competir con las alternativas que las empresas ya encuentran dentro de Asia.

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La cercanía no basta

La parte mexicana de ese desafío aparece en el libro América Latina y el Caribe y China. Economía, comercio e inversión 2026, coordinado por Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China-México (Cechimex) de la UNAM. El académico Francisco Javier Valderrey Villar sostiene que los beneficios de la relocalización dependen de infraestructura, agua, energía, innovación y recursos humanos. La ubicación geográfica ofrece una ventaja cuyo aprovechamiento requiere políticas industriales.

México cuenta con décadas de experiencia en producción para el mercado norteamericano , conexiones terrestres con Estados Unidos y empresas integradas en las cadenas regionales. Sin embargo, Valderrey considera que esas fortalezas no se han traducido plenamente en los resultados que podría ofrecer el nearshoring.

Una parte del problema está dentro del país, pues señala que los estados compiten por conseguir nuevas plantas mediante incentivos fiscales y facilidades logísticas, sin suficiente coordinación nacional. Esa disputa puede elevar los beneficios que recibe una empresa extranjera sin asegurar una aportación equivalente al desarrollo industrial mexicano.

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