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Los ductos, el embudo del que Pemex no puede prescindir

La red de transporte de gasolinas de la petrolera lleva 17 años sin recibir una actualización importante, pero el traslado del combustible por carretera es 14 veces más caro.

La red de ductos por la que Pemex transporta las gasolinas está ahora en el centro del debate sobre el desabasto de combustibles que sufren varias zonas del país, como consecuencia de la estrategia del gobierno contra el huachicol.

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Pemex ha frenado casi en seco la ampliación de esta red de ductos en los últimos 17 años, al igual que el almacenamiento, según datos de la Secretaría de Energía.

“Derivado de los controles de precio y la escasa rentabilidad de la cadena de suministro dentro de Pemex, la construcción de ductos y terminales de almacenamiento mostraba un rezago significativo. (...) De igual forma, durante los últimos 17 años, Pemex sólo ha construido la Terminal de Almacenamiento Tapachula II, en Chiapas, la cual entró en operación en 2016, agregando menos del 1% a la capacidad de almacenamiento operativa nacional”, comenta un documento de la Sener, de noviembre de 2018.

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La petrolera cuenta con 8,883 kilómetros de ductos que pueden transportar los diferentes productos refinados o ciertos derivados del petróleo, como la Magna, la Premium, el diésel, el combustóleo y la turbosina.

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Esta red le permite conectar los puertos, desde los que se importa el combustible, con las refinerías y las cerca de 77 terminales de almacenamiento y reparto (TAR). Por estos ductos, los combustibles recorren las mayores distancias, para que una vez llegados a la TAR, se distribuyan a las gasolineras a través de pipas.

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Sin embargo, esta red se encuentra bajo un ataque constante y creciente desde hace casi una década por parte de los llamados huachicoleros, que realizan tomas clandestinas en los ductos. El número de piquetes identificados por Pemex ha ido creciendo hasta alcanzar un récord a finales de 2018, con 12,581 tomas hasta octubre.

Ahora, el nuevo gobierno ha decidido cerrar parte de estos ductos, que transportaban cerca del 80% de todas las gasolinas del país, con el fin de atacar el problema del robo. Esto ha provocado consecuencias.

“La razón fundamental de este desabasto que vemos es por el cierre de los ductos, y por el cambio al transporte a través de rueda”, dice Marco Cota, director de la consultora Talanza Energy.

Las pipas siempre están involucradas en la cadena para llevar las gasolinas hasta el consumidor final, pero su papel se centra en recorrer la última milla, es decir, llevarlas de las TAR a cada estación de servicio.

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Estos días, las pipas están realizando el trabajo habitual de los ductos, a un costo que se estima es 14 veces más caro. “Si la estrategia actual consiste en simplemente sustituir ductos por pipas, en el momento en que tengamos un aumento en el precio del petróleo, no habrá finanzas públicas que aguanten”, apunta Cota.

Los gobernadores de los estados afectados, especialmente en el Bajío, ya han mostrado su interés en contratar servicios privados de auto tanques (pipas) para traer combustible de importación. Tras la reforma energética, ya existen algunas compañías que pueden importar y transportar su propio combustible, sea por pipa o tren.

¿Cuándo se normalizará?

Las autoridades del sector aún no han dado un estimado de cuándo se restablecerá el suministro normal de combustibles, y tampoco han explicado si continuarán con el cambio del transporte de los ductos a la carretera.

Según Cota, esta estrategia no se puede mantener por mucho tiempo, debido a los altos costos que implica y a que el precio del petróleo puede subir.

La nueva administración de Pemex, que dirige Octavio Romero Oropeza, estima que las pérdidas al año por el robo llegan a los 60,000 millones de pesos (mdp), pero diversos expertos comienzan a cuestionar si la actual estrategia no acarreará más pérdidas en el largo plazo. Por ahora, López Obrador y su equipo han pedido paciencia y mesura para permitir que su plan dé frutos.

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