Sin embargo, estas caídas se han agravado para las aerolíneas, que han operado a capacidades mínimas mientras gran parte de sus costos fijos continúa, señala Alejandro González, analista de Intercam Casa de Bolsa.
“Las caídas de los reportes de tráfico de los últimos meses no tienen precedentes, y eso comienza a verse en los ingresos. Durante los últimos meses las aerolíneas han estado operando muy por debajo de su capacidad (…) A esto se suma la parte de los apoyos gubernamentales, que en América Latina y en México han sido pocos”, dice.
Ante estas condiciones, las empresas que tienen menos costos fijos, como la renta de activos, son las que están sorteando mejor la crisis, como es el caso de los operadores hoteleros y grupos aeroportuarios.
“El grueso de las rentas para las empresas aeroportuarias viene de empresas como Alsea y CMR, y esas empresas mantienen sus contratos durante años, por lo que los aeropuertos siguen recibiendo un flujo de efectivo (…) En el caso de los hoteles, ellos son propietarios de los inmuebles, y no tienen un costo de renta, aunque sí de depreciación y amortización, pero hoy por hoy no se ven obligados a hacer uso de efectivo para el pago de rentas”, agrega Fernández.
Calificaciones, el daño colateral
La contingencia sanitaria ha provocado que las mayores calificadoras de riesgo tengan una perspectiva negativa sobre el precio de las acciones de empresas del sector, con ajustes a la baja que no han cedido, lo que tendría dos principales consecuencias: una menor participación de algunos fondos de inversión y condiciones menos favorables al buscar otras fuentes de financiamiento, como los créditos bancarios.
“Los recortes de calificación afectan los parámetros de inversión de ciertos fondos, que sólo pueden invertir en compañías con cierto grado de calificación, lo que podría derivar en que pierdan inversionistas”, explica González. Y, de manera adicional, encarecería el costo de refinanciamiento para futuras emisiones.
Respecto a un escenario de prestamos bancarios, el recorte de calificaciones se traduciría en tasas de interés más altas para las empresas, aunque aún podría darse en un margen factible para algunas firmas.
“Considerando que cuando surja nuevamente el tema de salir de casa y la ‘nueva normalidad’, mucha población que mantiene su poder adquisitivo se podrán favorecer con productos a menores costos, por lo que las empresas pueden optar por endeudarse ahorita para sanear sus deudas o capital de trabajo, y a futuro, pagar sus créditos”, concluye.