La problemática radica en que, de acuerdo con lo dicho por las autoridades, el servicio de transporte de pasajeros del Corredor Interoceánico estaba enfocado en brindar rentabilidad social, es decir, bienestar y mejores opciones de traslado para los habitantes de las localidades.
Óscar Cortés Hidalgo, socio fundador de la consultora Alttrac y experto del sector, destaca que el sentimiento de temor podría persistir entre las personas que comenzaban a ver en este proyecto una alternativa de transporte, aunque dicho temor podría aminorarse conforme avancen las investigaciones en torno al accidente.
“Era una ruta que se estaba implementando justamente para impulsar el traslado de personas, de la fuerza de trabajo en el corredor también, y sí, sin duda es algo que en la percepción de la población deja temor. Sin embargo, a medida que esto se pueda reforzar, mitigar y se demuestre que ha sido un hecho aislado, y que no es algo que pueda presentarse de manera recurrente, sería natural que la gente pierda ese miedo y se traslade a través de esta línea”, comenta en entrevista con Expansión.
Hoy, la expectativa es que los usuarios regresen a optar por el autotransporte de pasajeros, que era el medio de transporte público más utilizado en la región antes de que el Tren Interoceánico volviera a estar en funcionamiento, luego de décadas de haber permanecido en desuso.
Pero más allá de ello, también genera dudas el respaldo de las autoridades hacia los afectados del incidente, pues hasta el momento la presidenta Sheinbaum ha dicho que se otorgarán 30,000 pesos a cada persona, lo cual “es nada más para que no tengan que hacer gastos en uno o dos días”, de acuerdo con lo expresado por la mandataria.
Además de las dudas sobre la indemnización que recibirán las víctimas, desde la perspectiva de José Ignacio Martínez, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN), el papel que ha asumido la Semar hasta el momento deja mucho que desear, pues si se hubiera tratado de un siniestro con empresas privadas se esperaría un posicionamiento rápido y oportuno, algo que no ocurrió en este caso.
“Al no salir de manera inmediata el titular de la secretaría, más allá de que no haya sido directamente el responsable, pero sí hablando de la institución, deja entrever que el gobierno, estrictamente como tal, no asume su responsabilidad, a diferencia de otros incidentes donde es precisamente la aseguradora la que determina las responsabilidades”, menciona en entrevista con Expansión.
Las perspectivas del negocio de carga
Así como las personas buscan seguridad al utilizar un medio de transporte, la iniciativa privada actúa de la misma manera. Tras el siniestro, la expectativa de los especialistas es que las empresas sean aún más cautelosas al utilizar el tren cuando este vuelva a operar, ya que el empresariado busca minimizar riesgos, en un contexto donde además existen factores externos a la logística, como las nuevas políticas proteccionistas a nivel internacional.
“No se quiere correr riesgos, menos ahora, ante la incertidumbre que provocan las constantes amenazas arancelarias de Trump. Tomando en consideración que apenas estaba siendo explorado este tramo entre Salina Cruz y Coatzacoalcos, este lamentable accidente puede hacer que algunas empresas de logística consideren otras vías, ya que un evento de este tipo, en términos de cadena de suministros, afecta la proveeduría tanto nacional como internacional, en su caso”, comenta.
Hasta el momento, el core business del Corredor se había centrado en servicios nacionales. Cemex y Gruma fueron de los primeros clientes, seguidos por otras empresas como Minsa, Moctezuma, Pemex y ADN Energía.
Aunque las autoridades señalaron desde antes de su inauguración que el principal negocio sería el cruce de mercancías de litoral a litoral, hasta ahora solo se había brindado uno de estos servicios, con Hyundai, al transportar 900 autos de Salina Cruz a Coatzacoalcos en abril de 2024.
Los especialistas consideran que las adecuaciones necesarias para reforzar la seguridad del proyecto podrían derivar en sobrecostos del servicio. Así, con una cartera de clientes aún en formación, la mala imagen tras el accidente y mayores costos hacen aún más complejo el arribo de nuevos contratos.
“Lo más lamentable es la pérdida de vidas humanas, pero claramente las industrias actúan en función de sus negocios, y si están expuestas a que este tipo de sucesos ocurra de manera habitual, eso va en contra de sus intereses. Lo que puedo percibir es que el usuario estará atento a cómo el reforzamiento de la seguridad impacta también en el costo operativo”, comenta Cortés Hidalgo.