Quien se sube por primera vez a un auto eléctrico descubre que la relación con el vehículo cambia. No hay motor de combustión que marque el ritmo del manejo ni el ritual de ir a la gasolinera. En su lugar, la batería se vuelve el centro de la experiencia diaria. Con el paso de los días, ese vínculo da lugar a costumbres que parecen inofensivas. Algunas favorecen la permanencia del sistema; otras, sin notarse, desgastan la batería más rápido
No hagas esto con tu auto eléctrico: así se desgasta la batería más rápido
Te presentamos una lista de prácticas que reducen la vida útil de la batería, con base en la información de Chargemap, sitio especializado en vehículos eléctricos.
Mantener la batería en niveles bajos por periodos prolongados
Conservar la carga dentro de un rango intermedio reduce la exposición de las celdas a extremos que influyen en su desgaste. Para el uso diario, operar entre 20% y 80% mantiene el sistema en una ventana de trabajo estable.
Dejar que la batería baje de forma recurrente por debajo de 5% y no recargar de inmediato impacta en la vida útil del conjunto. Permanecer en niveles mínimos durante lapsos prolongados afecta el estado de las celdas.
Existen trayectos que obligan a cargar hasta 95% antes de salir o a llegar con menos de 10% al destino. Ese uso no genera un impacto relevante si no se vuelve una práctica constante y si el sistema no se mantiene en esos niveles extremos.
Dejar el vehículo sin uso durante periodos largos
Un auto eléctrico requiere circulación regular para conservar el estado del sistema de baterías. La inactividad prolongada acelera el desgaste cuando el vehículo permanece detenido por semanas.
Para periodos de resguardo, mantener la carga dentro del rango recomendado reduce el impacto de la inmovilización. Operar fuera de esa ventana incrementa el efecto de la inactividad sobre el conjunto de celdas.
Cuando el vehículo no se utiliza por más de un mes, un nivel de carga entre 50% y 75% permite conservar el sistema en un punto intermedio de operación. Ese margen evita que la batería quede expuesta a niveles que influyen en su degradación.
Usar con frecuencia la carga rápida
La carga rápida en corriente directa permite recuperar energía en menos tiempo. Ese beneficio se acompaña de un aumento de temperatura durante el proceso de carga.
El incremento térmico se origina por la potencia necesaria para completar la recarga. Repetir ese patrón expone de forma constante a las celdas a condiciones que influyen en su deterioro.
Para el uso cotidiano, la carga lenta o la carga rápida en corriente alterna permiten reducir la exposición térmica del sistema. La carga rápida en corriente directa queda reservada para trayectos largos o situaciones puntuales.
Conducir de forma que eleva el consumo de ciclos
La batería opera por ciclos completos de carga y descarga. Un ciclo equivale a recorrer el rango total entre carga completa y descarga.
El número de ciclos disponibles se ubica, en promedio, entre 1,000 y 1,500. Un manejo que incrementa el consumo obliga a recargar con mayor frecuencia y reduce el margen de ciclos a lo largo del tiempo.
Modos de conducción orientados a la eficiencia disminuyen la necesidad de recargas continuas. Ese uso impacta en la cantidad de ciclos consumidos durante la vida del sistema.
Conectar la carga cuando la batería ya se encuentra caliente
La temperatura incide en la potencia de carga y en el tiempo necesario para completar el proceso. El rango de operación para el máximo desempeño se ubica entre 20 y 40°C.
Temperaturas entre 50 y 70°C afectan el sistema de baterías de ion-litio. Trayectos prolongados con alta demanda elevan la temperatura del conjunto.
Conectar el vehículo de inmediato, en especial a carga rápida, suma calor al sistema. Algunos modelos incorporan regulación térmica para gestionar ese efecto; otros presentan mayor sensibilidad a la variación de temperatura.
Estacionar el vehículo en exteriores de forma constante
El resguardo en espacios techados reduce la exposición a condiciones ambientales. Permanecer bajo radiación solar eleva la temperatura del vehículo y del sistema de baterías.
En climas cálidos, permitir que la temperatura de la batería descienda antes de iniciar la carga reduce el impacto térmico del proceso. Ese margen evita sumar calor durante la recarga.
Durante el invierno, el frío reduce el desempeño de las celdas y se refleja en menor autonomía. Esa condición no incrementa el deterioro del sistema, aunque sí afecta su rendimiento en operación.