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Empresas no avanzan hacia la jornada de 40 horas por la presión de costos

El 85% identifica el impacto financiero como su principal barrera, mientras la mayoría sigue sin implementar cambios pese a que la reducción arrancará en 2027.
jue 26 marzo 2026 05:00 AM
Las empresas dependen de las horas extra para operar y la reducción de la jornada laboral les pone un nuevo 'miedo'
La reforma mantiene el esquema actual de descanso, con al menos un día libre por cada seis días trabajados, sin incorporar de forma obligatoria un segundo día semanal. (iStock)

La reducción de la jornada laboral a 40 horas es un hecho y comenzará a aplicarse de forma gradual a partir de enero de 2027. Sin embargo, dentro de las empresas, la conversación sigue detenida en un punto específico: el costo.

El estudio ¿Están listas las empresas mexicanas para la jornada de 40 horas? de EY, basado en 165 organizaciones en México, muestra que el principal obstáculo no es la falta de información ni la incertidumbre legal, sino el impacto financiero que implica cambiar la forma de operar.

El 85% de las empresas identifica el costo como la principal barrera para iniciar la transición. “Las compañías no están esperando porque no entiendan la reforma. Están esperando porque no saben cuánto les va a costar implementarla”, explicó Yeshua Gómez, associate partner de People Advisory Services en EY México.

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El cálculo implica evaluar si será necesario contratar más personal, invertir en tecnología o absorber mayores pagos por tiempo extraordinario en el corto plazo y la consecuencia es una inacción generalizada.

El 72.7% de las empresas se encuentra en parálisis táctica, esto es, que conocen el cambio, han seguido la discusión, pero no han iniciado ajustes. Solo 18% se considera listo para avanzar.

El problema, dice el ejecutivo, es que muchas parten de una base más compleja de lo que marca la ley. El 71% reconoce que depende de horas extra de forma recurrente para sostener su operación. En estos casos, la transición no será de 48 a 40 horas, sino desde jornadas más largas que ya se han normalizado.

Ahí es donde el costo deja de ser una estimación y se convierte en una tensión real. Reducir la jornada sin ajustar esa dependencia puede elevar gastos de nómina, ya sea por la necesidad de contratar más personal o por el pago de tiempo extraordinario en esquemas más controlados.

“En muchos casos el tiempo extraordinario ya forma parte del ingreso habitual del trabajador. Modificarlo implica revisar cómo se va a compensar ese ingreso dentro de las nuevas condiciones”, explicó Jacqueline Álvarez, socia del área laboral de EY México.

A esto se suma la espera de reglas más claras. Aunque la reforma constitucional fue publicada, aún falta la adecuación de la Ley Federal del Trabajo, para esto el Congreso tiene 90 días para publicar la legislación secundaria y ese plazo empieza a correr desde la publicación de la reforma constitucional en el Diario Oficial de la Federación, que fue el 3 de marzo de 2026.

Ahora bien, esa expectativa ha llevado a muchas empresas a posponer decisiones, bajo la idea de que habrá lineamientos más específicos sobre cómo implementar el cambio.

“Hoy ya existe una reforma constitucional. Falta la ley secundaria, pero las bases están definidas y las empresas tienen que empezar a prepararse desde ahora”, señaló Alejandro Caro, socio de EY en el área laboral.

Sin embargo, la reducción de la jornada laboral iniciará el 1 de enero de 2027 con un primer ajuste a 46 horas semanales, como parte de un esquema gradual que se extenderá hasta 2030.

Por lo tanto, EY advierte que el escenario no llegará en la forma que esperan. Las empresas tendrán que definir por sí mismas cómo reorganizar su operación, mientras tanto, el costo de no actuar también crece.

El estudio identifica un efecto en cadena donde los ajustes reactivos elevan los gastos, la falta de planeación desordena la operación y ese desequilibrio termina por impactar en la rotación de talento y en la confianza dentro de las organizaciones.

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El otro lado de la moneda

Hay un grupo que ya decidió moverse, pero sigue siendo minoritario. El 27.3% de las empresas ha iniciado cambios como el rediseño de turnos, la apertura de negociaciones con sindicatos y la evaluación de nuevas formas de trabajo. En estas organizaciones, los resultados empiezan a reflejarse en indicadores concretos, aunque aún en fase inicial.

En una escala de uno a cinco, reportan 3.30 en retención, 3.35 en productividad, 3.40 en atracción de talento administrativo, 3.50 en atracción de talento operativo y 3.60 en satisfacción laboral. Si bien, no son saltos espectaculares sí muestran una tendencia: quien empezó antes ya tiene algo que medir, quien no, sigue estimando.

Acorde con los especialistas de EY, la diferencia no está en los recursos, está en el momento en que deciden actuar. “La reforma no solo implica trabajar menos horas, es una invitación a replantear cómo se organiza el trabajo”, señaló Gustavo Redondo, Socio de Consultoría en Talento, EY México.

La consultora propone una ruta en tres etapas. Primero, un diagnóstico para entender cómo se usan realmente las horas y dónde se concentra el tiempo extra. Después, un rediseño de la operación con esquemas más flexibles. Y luego, la implementación con apoyo de tecnología y cambios culturales.

Parte de las respuestas aún se definirá en la legislación secundaria. Ahí se resolverán varios de los puntos que hoy generan incertidumbre. Uno es cómo se medirá la jornada efectiva. Si el tiempo laboral se define por el periodo en el que el trabajador está a disposición, las empresas necesitarán mecanismos de registro, posiblemente electrónicos o biométricos.

También falta claridad sobre el límite diario. Hoy se permite redistribuir horas, pero no existe un tope absoluto entre jornada ordinaria y extraordinaria, algo que se vuelve relevante con la reducción a 40 horas.

Asimismo entra en la conversación la posibilidad de implementar bancos de horas y reducir el tiempo extra, dos herramientas que el sector empresarial considera necesarias para absorber el cambio sin disparar costos.

La diferencia, al final, no la marcará el tamaño de la empresa, sino su capacidad de adaptarse porque mientras las reglas se afinan, el costo de esperar ya empezó a acumularse.

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