Para Eric Ramírez, director de Urban Science para América Latina y el Caribe, la diferencia comenzó en la forma de pensar el tiempo. “En la industria automotriz el mundo tiene que aprender mucho de China, especialmente por su planeación a largo plazo, con quinquenios que no han dejado de renovarse en los últimos 30 años, así como la definición de metas relevantes, entre ellas, el desarrollo de nuevas tecnologías y energías”, comenta.
Planeación de largo plazo, la primera lección
Mientras México consolidó su papel como plataforma de exportación bajo acuerdos como el T-MEC, China apostó por un modelo que iba más allá de la manufactura: las joint ventures como vehículo de aprendizaje.
El esquema no se limitó a atraer inversión extranjera. El gobierno chino condicionó la entrada de fabricantes a la transferencia de conocimiento, con la intención explícita de desarrollar capacidades locales.
El primer caso, Beijing-Jeep-Cherokee en 1985, marcó el inicio de una estrategia que combinó apertura con control. Las armadoras occidentales encontraban mano de obra competitiva; China, en cambio, obtenía algo más valioso: conocimiento.
“Ellos tocaron la puerta de las OEM y de las empresas que necesitaban un producto terminado, mano de obra, sí, pero después fueron haciendo sus propias propuestas y tomando en sus manos los desarrollos propios”, explica Fernando González, Country Manager de SEGULA Technologies.
Ese aprendizaje se refleja hoy en la proliferación de marcas. De una decena hace 30 años, China pasó a más de 100 firmas independientes. Empresas como BYD, Chery y Xpeng no solo compiten globalmente, sino que lideran el desarrollo de vehículos eléctricos.
México, en contraste, ha construido una industria fuerte en manufactura, pero sin marcas propias con presencia internacional. Ollinia, en ese sentido, no parte de cero en infraestructura, pero sí en desarrollo de producto.
Antes del vehículo, el control de la cadena
La experiencia china sugiere que el reto no comienza en el vehículo terminado. Empieza mucho antes, en la base industrial.
Desde 2012, China es el mayor fabricante de vehículos del mundo. Su liderazgo no solo responde a la escala, sino a la integración de su cadena de valor.