El gesto lo desconcertó. “Yo no me lo esperaba… y, de repente, mi papá llegó, tocó a la escuela y me sacó de clases”, recuerda. Camino a casa, vino la explicación: iban a ver el partido de México. “Me dijo: ‘Esto es algo que nunca se te va a olvidar en la vida. Es una experiencia que nunca vas a olvidar’”.
No fue tanto el marcador lo que quedó grabado, sino ese momento inesperado: su primer acercamiento consciente a lo que significaba un Mundial. Después vendrían otras imágenes, como el gol de tijera de Manuel Negrete contra Bulgaria, los partidos vistos entre amigos, las salidas a jugar futbol que se interrumpían para mirar la televisión. “Compramos un álbum y llenábamos las estampitas… Me llamaba mucho la atención la mascota, Pique”, recuerda. Colores, camisetas y rituales infantiles que hoy reaparecen desde una posición distinta.
Carranza sigue siendo aficionado. “A mí me gusta mucho el futbol, en general, casi todos los deportes, pero el futbol fue el primer deporte que me gustó ver”, afirma. La diferencia es que ahora su relación con la Copa del Mundo también es estratégica, él encabeza Hyundai México justo cuando la marca se prepara para capitalizar uno de los mayores escaparates comerciales del planeta.
Cuestión de actitud y liderazgo
Como él mismo lo dice, Carranza es fanático de este deporte, pero no deja de ser el directivo de una firma que participa por séptima ocasión como patrocinador oficial de la FIFA, una alianza que inició en 1999. Para la filial mexicana, será el primero que se jugará en casa desde que la marca opera formalmente en el país, tras su llegada en 2014.
Para el directivo, el reto es conectar con audiencias muy distintas. “Hay diferentes etapas: cuando lo vives como niño, cuando eres joven y sabes todas las estadísticas, y cuando ya lo valoras más como tiempo con la familia o amigos”. Bajo esa lógica, Hyundai diseñó una narrativa multigeneracional.
La pasión de Carranza se hace presente, por eso, la estrategia incluye una alianza con cuatro figuras del futbol mexicano reconocidas como leyendas FIFA. “Uno es Luis Hernández ‘el Matador’, otro es Osvaldo Sánchez, también Memo Ochoa y el Chino Huerta”, detalla. Cada uno representa una generación distinta y permite contar historias diferenciadas según la etapa de vida del espectador.
En paralelo, Carranza ve el Mundial como una metáfora de liderazgo. Él observa que, a lo largo de los mundiales, hay selecciones que se repiten como campeonas: Brasil, Alemania, Italia, Francia, Uruguay, equipos que, generación tras generación, encuentran la manera de ganar. Frente a ellos, aparecen otros que han llegado a la final, que han tenido talento y momentos brillantes, pero que se han quedado a un paso, como Holanda o Croacia. La diferencia, dice, rara vez está en la técnica, sino en la mentalidad.