La reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales ya tiene calendario. Lo que durante años fue una propuesta impulsada por sindicatos, legisladores y organismos internacionales se convertirá en una realidad gradual para las empresas mexicanas a partir de enero del próximo año. Y su llegada coincide con la revisión del T-MEC, un momento particularmente sensible para la relación comercial con Estados Unidos.
El cambio no solo transformará la organización del trabajo dentro de las fábricas, oficinas y centros de distribución. También podría convertirse en una carta de presentación para México en una negociación donde las condiciones laborales han adquirido un peso similar al de las reglas de origen, los aranceles o las inversiones.
“Digamos que es un guiño, pero a la vez es una forma de decir a Estados Unidos que estamos acomodando todas nuestras normas laborales para que las mejores condiciones estén dadas y garantizadas para el trabajador mexicano igual que en Estados Unidos o mejor que en los Estados Unidos, entonces, de esa forma creo que tenemos un buen elemento de negociación sobre el T-MEC”, comenta Israel Morales, director nacional del Comité Relación MX-USA y Asuntos Internacionales de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index).