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Modernización del TLC con Europa no alcanza a la industria automotriz mexicana

Especialistas advierten que el acuerdo UE–México tendrá impacto limitado en autos por regulaciones estrictas, costos logísticos y producción europea ya consolidada.
 El nuevo tratado con Europa 'decepciona' a la industria automotriz de México: ¿por qué no es igual que con el TMEC?
Los autos hechos en México compiten con los países que históricamente han suministrado de vehículos a la Unión Europea, como Turquía. (Cortesía Nissan)

La modernización del tratado comercial entre México y la Unión Europea llega en un momento en que las tensiones comerciales con Estados Unidos han reforzado la necesidad de diversificar mercados. Sin embargo, para la industria automotriz mexicana, el acuerdo difícilmente se traducirá en un aumento significativo de exportaciones hacia Europa, una región donde los altos estándares regulatorios, los costos logísticos y la producción localizada continúan representando obstáculos relevantes.

La expectativa contrasta con el papel que la industria automotriz ha desempeñado en otros acuerdos comerciales, particularmente en el T-MEC, donde el sector se ha consolidado como uno de los principales beneficiarios gracias a la integración regional de las cadenas productivas.

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La relación comercial entre la industria automotriz mexicana y Europa no es nueva. Alemania, por ejemplo, se ha consolidado como el tercer destino más importante para los vehículos exportados desde México fuera de Norteamérica, aunque su participación sigue siendo limitada al representar apenas 3% del volumen total de unidades enviadas al extranjero.

Pero esa presencia responde más a estrategias específicas de manufactura global que a una demanda creciente por vehículos mexicanos en la región. Los modelos que actualmente llegan a Europa suelen ser aquellos cuya producción fue asignada exclusivamente a plantas mexicanas, como el Audi Q5, el Mustang Mach-E de Ford o el Serie 2 Coupé de BMW. En otras palabras, las exportaciones hacia ese mercado dependen principalmente de plataformas globales concentradas en México y no de una integración comercial comparable a la que existe con Estados Unidos y Canadá.

Especialistas del sector consideran que la modernización del acuerdo comercial no modifica de manera sustancial esta dinámica.

Para Alberto Bustamante, presidente de la Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz (ANAPSA), la oportunidad para México radica en atraer nuevas plataformas globales de producción exclusiva que permitan al país convertirse en un centro de exportación para múltiples mercados.

“Ese tipo de plataformas son las que necesitaríamos en México para seguir exportando a esos 100 países y poder incrementar esos destinos incluso… Por eso existen plantas en cada una de las regiones, ya están muy localizadas, y por eso México lo que debe hacer en específico es traerse esas plataformas únicas , que son de México para el mundo”, comenta.

Barreras más allá de los aranceles

La limitada expectativa de crecimiento también responde a factores estructurales que van más allá de los términos comerciales.

Europa es considerada una de las regiones con regulaciones más estrictas del mundo en materia de seguridad vehicular y reducción de emisiones contaminantes. Esto obliga a que los vehículos destinados a ese mercado sean concebidos desde su etapa de diseño y manufactura bajo estándares específicos que no necesariamente coinciden con los requerimientos de otros destinos, como América del Norte.

Además de los desafíos regulatorios, la distancia geográfica continúa representando un obstáculo relevante.

Eric Ramírez, director para América Latina y el Caribe de Urban Science, explica que incluso si los vehículos producidos en México cumplieran con todas las normas europeas, seguirían enfrentando una desventaja competitiva derivada de los costos logísticos.

“No sé si México podría llegar a los niveles de competitividad de, por ejemplo, un coche producido en Turquía, sobre todo por el tema de logística. Mandar un auto o una camioneta desde México obviamente es mucho más caro que mandar uno de, quizás, Turquía a Alemania”, agrega.

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La situación resulta particularmente compleja porque Europa cuenta con una red de producción regional consolidada. Países como Turquía, República Checa y Hungría se han especializado durante años en la fabricación de vehículos de volumen destinados al consumo europeo, lo que les permite operar con menores costos de transporte y tiempos de entrega más reducidos.

Bajo esta lógica, las armadoras globales suelen reservar para México aquellos modelos que forman parte de estrategias de exportación internacional, mientras que la producción de vehículos de alto volumen para Europa permanece concentrada cerca de los principales centros de consumo.

La transición eléctrica cambia las reglas

Otro de los factores que limita el potencial de crecimiento de las exportaciones mexicanas hacia Europa es la transformación tecnológica que atraviesa la industria automotriz de esa región.

Como parte del acuerdo modernizado entre México y la Unión Europea un plan de inversiones por 5,000 millones de euros para México enfocado en proyectos relacionados con energías limpias, industria farmacéutica, redes digitales y economía circular.

La estrategia coincide con las prioridades industriales europeas, donde la electrificación del transporte se ha convertido en uno de los principales motores de inversión.

En algunos mercados europeos, como Noruega, los vehículos eléctricos representan prácticamente la totalidad de las ventas de automóviles nuevos. Aunque existen contrastes importantes con otros países, como Grecia, donde la participación aún se mantiene por debajo de 5%, la tendencia general apunta hacia una mayor adopción de tecnologías de bajas emisiones.

Esta evolución representa un desafío para la industria automotriz mexicana, cuya capacidad productiva continúa concentrada principalmente en vehículos con motores de combustión interna.

Si bien varias armadoras han comenzado a incorporar modelos electrificados en sus plantas mexicanas, la mayor parte de las líneas de producción del país siguen orientadas a abastecer mercados donde los vehículos de gasolina mantienen una participación dominante.

En ese contexto, especialistas consideran que los beneficios más inmediatos del acuerdo modernizado podrían concentrarse en otros sectores económicos.

“Podrá haber beneficios para otras industrias como agricultura, energía y está bien para mostrarle al país vecino del norte que no somos tan dependientes, pero no he visto nada que me haga pensar que va a llegar o se va a inyectar un nuevo dinamismo al sector automotriz”, agrega Ramírez.

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