La discusión sobre bienes intermedios no se limita al sector automotriz. También alcanza a industrias como la de electrodomésticos, donde la lógica de integración de cadenas productivas es similar y la dependencia de insumos importados persiste.
Fernando González, country manager de SEGULA Technologies, considera que México tiene margen para escalar en procesos como inyección de plásticos, estampados y sistemas de cableado, pero requiere evolucionar su modelo de manufactura.
“Son componentes que tradicionalmente México ha localizado aquí y en los que la industria automotriz ha sido muy exitosa. Hay una gran oportunidad en lo que hoy consideramos componentes tradicionales. Sin embargo, estos necesitan una disrupción: debemos empezar a buscar componentes que sigan la línea de negocio existente, pero que incorporen nuevos herramentales y nuevas formas de producción”, señala en entrevista con Expansión.
El reto del acero y el contenido local
El desafío, sin embargo, no está solo en el nivel de transformación industrial, sino en el acceso a insumos básicos que alimentan esta cadena. El acero y el aluminio se han convertido en un punto crítico para la competitividad de los bienes intermedios.
Fabricantes de componentes como ZF identifican este problema como uno de los principales cuellos de botella para el desarrollo del sector en México.
“El acero en México puede llegar a costar el doble o incluso el triple que en China, entonces la pregunta es cómo competir en esas condiciones. Además, en los componentes que lo utilizan, el acero puede representar entre el 60 y el 70% del costo total del producto”, comenta en entrevista Alfonso Villa, encargado de development business & strategic projects CC Américas de ZF.
Esta diferencia de costos impacta directamente en la viabilidad de producir bienes intermedios con alto valor agregado dentro del país, especialmente en segmentos donde el material representa la mayor parte del costo final.
Una estrategia de fortalecimiento de materias primas se perfila como condición necesaria para reducir esta brecha y permitir que la industria de bienes intermedios gane competitividad frente a Asia.
En términos de estructura productiva, la Industria Nacional de Autopartes estima que las partes eléctricas representan el 19.6% de la producción nacional de autopartes, seguidas por transmisiones y embragues con 9.3%, telas, alfombras y asientos con 9.1%, partes para motor con 8% y motores a gasolina con 6.3%.
En conjunto, estos cinco grupos concentran el 52.3% del valor de la producción del sector al primer bimestre del año, lo que muestra una base industrial relevante pero aún concentrada en ciertos segmentos.
El reto, según los especialistas, no es comenzar desde cero, sino profundizar capacidades ya existentes y evolucionarlas hacia procesos más complejos y tecnológicamente intensivos.
Hoy la discusión ya no gira en torno a la capacidad de fabricar tornillos o piezas básicas, sino en la posibilidad de avanzar hacia un siguiente nivel de manufactura que incorpore mayor contenido tecnológico y valor agregado.
“Yo no me gusta decir que México es un país de manufactura. Qué bueno que lo fuimos y qué bueno que nos funcionó, pero en este momento debemos estar hablando que México debe ser potencia en el desarrollo de tecnología y de producto, de manufactura con mayor valor agregado, y para eso tenemos que estar alineados todos”, concluye González.