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Bayer prueba una fórmula para producir más maíz con menos recursos

El proyecto operará en 70 hectáreas de Rancho Hontoria y combinará semillas, herramientas digitales y manejo del agua; Bayer evaluará los resultados antes de replicarlo.
Bayer abre su primera "granja del futuro" en México para probar una nueva forma de producir alimentos
Rancho Hontoria utiliza maíz híbrido de baja estatura para ensilaje, que posteriormente se convierte en alimento para el ganado lechero. (Nancy Malacara)

Querétaro.- México llega a la revisión del T-MEC con una paradoja en el campo. El país mantiene una fuerte dependencia del maíz amarillo importado, destinado principalmente a la alimentación animal, mientras busca fortalecer su producción agrícola en medio de costos altos, menor disponibilidad de agua y un clima cada vez más impredecible.

Estados Unidos exportó a México 25.25 millones de toneladas de maíz por 5,620 millones de dólares en 2024, de acuerdo con el Departamento de Agricultura estadounidense, una relación comercial cuyo peso quedó claro con la disputa por el maíz transgénico.

Un panel del T-MEC falló contra las restricciones mexicanas y, como resultado, el gobierno dejó sin efecto en 2025 la prohibición para utilizar ese grano en masa y tortillas, así como la instrucción de reducir su uso en alimento para animales.

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La dependencia del maíz amarillo es solo una parte de un problema mayor, pues México necesita elevar la productividad del campo mientras los agricultores enfrentan costos altos, pérdidas por el clima y dificultades para financiar cada ciclo. Además, producir más tampoco garantiza rentabilidad si el precio obtenido no compensa la inversión.

En ese escenario entra Bayer. La compañía inauguró en Querétaro el primer ForwardFarm de México, una granja donde busca demostrar en condiciones comerciales si la combinación de agricultura regenerativa , semillas, protección de cultivos y herramientas digitales puede aumentar la productividad y reducir el uso de recursos sin deteriorar el margen del agricultor.

El proyecto también tiene una base de negocio para la compañía, ya que México es su quinto mercado más importante a escala global y alberga ocho centros de investigación y cinco plantas. Bayer esperó para traer el modelo hasta contar con tecnologías como FieldView, Carlota y los maíces de baja estatura Vitala y Preceon, que comercializa a través de distribuidores.

ForwardFarming nació en Sudamérica y posteriormente llegó a Europa, Asia y Norteamérica. La red está integrada por 17 fincas en más de 10 países, entre ellos Estados Unidos, Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Alemania, Francia, Vietnam, China e India, donde productores anfitriones muestran las soluciones en operaciones agrícolas reales.

Bayer aporta tecnologías, productos y acompañamiento, mientras el agricultor produce y comparte con otros productores qué funcionó, qué tuvo que modificar y qué resultados obtuvo. “La idea es hacer una transferencia de tecnología de agricultor a agricultor. No somos nosotros, sino los usuarios quienes cuentan cómo les va”, explica Manuel Bravo, presidente y director general de Bayer en México.

La compañía eligió Querétaro después de buscar alternativas en Puebla y Morelos, pues quería que la granja estuviera a menos de dos horas de la Ciudad de México para facilitar las visitas de productores, autoridades, investigadores y otras audiencias alejadas del campo. El proceso terminó en Rancho Hontoria, donde la familia Rubín destinará 70 de sus 168 hectáreas al proyecto.

El rancho combina la producción de leche con cultivos de maíz para ensilaje, brócoli, apio, avena y triticale, por lo que la operación permite seguir el cultivo desde la parcela hasta la alimentación del ganado. La relación también tiene un efecto económico, ya que Ciro López Coello, director general de Ganaderos Asociados de Querétaro, calcula que la alimentación representa entre 50% y 60% del costo de producir leche.

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La tecnología tiene que dejar dinero

El reto aparece cuando el productor hace las cuentas, pues sembrar una hectárea de maíz en esta zona del Bajío cuesta alrededor de 55,000 pesos desde la siembra hasta la cosecha, según Marco Gallegos, representante de cuentas clave de Bayer. La cifra incluye semilla, fertilizantes y labores agrícolas, de modo que cualquier tecnología debe generar un beneficio suficiente para justificar su costo.

Rancho Hontoria parte de una condición particular porque transforma el maíz en alimento para sus vacas y vende leche diariamente a Alpura, mientras un agricultor dedicado al grano depende de una sola cosecha y puede esperar alrededor de seis meses para recuperar su inversión. A ese periodo puede sumarse el tiempo de pago, pues Gallegos señala que este año algunos productores esperaron tres o cuatro meses después de entregar su cosecha.

La presión económica se extiende al resto del campo mexicano. El Censo Agropecuario 2022 del Inegi indica que 88.8% de las unidades agropecuarias reportó dificultades por los altos costos de insumos y servicios y 61% sufrió pérdidas por factores climáticos o biológicos; además, solo 6.1% consiguió crédito y 1.9% contó con seguro.

“Para escalar la agricultura regenerativa, la primera condición es que le cierren los números al productor. Que al final de este ciclo, no dentro de diez años, le deje más dinero en el bolsillo”, afirma Bravo. “No se vale pensar que la recuperación del planeta se viva a costa del productor”.

La familia Rubín lleva varios años probando esa ecuación, ya que antes de convertirse en ForwardFarm participó con otros 19 productores de Sinaloa y el centro del país en el desarrollo de los maíces de baja estatura de Bayer. El proceso permitió que los agricultores señalaran problemas directamente desde sus parcelas y que los investigadores ajustaran los híbridos.

Los productores detectaron, por ejemplo, que una mazorca situada a 30 centímetros del suelo quedaba al alcance de los roedores y podía escapar de la maquinaria durante la cosecha, por lo que Bayer modificó su posición hasta ubicarla entre 60 centímetros y un metro. También ajustó las hojas para facilitar la entrada de luz.

Después de esa etapa, la empresa calcula que Vitala y Preceon pasarán de unas 500 hectáreas durante las pruebas a alrededor de 60,000 hectáreas sembradas por agricultores este año. La semilla representa entre 10% y 15% de la inversión total del ciclo y tiene un precio comparable con los híbridos convencionales, según Bravo.

Vitala y Preceon no son semillas transgénicas , sino híbridos de baja estatura que permiten aumentar la densidad de siembra y reducir el riesgo de caída por viento. En Rancho Hontoria, el maíz se destina principalmente al ensilaje para alimentar al ganado, por lo que el proyecto no sustituye directamente las importaciones de maíz amarillo; su aportación está en probar cuánto puede aumentar la productividad con la misma superficie y un uso más eficiente de los recursos.

El retorno, sostiene Bravo, debe llegar en el mismo ciclo productivo, aunque el tiempo cambia según la región y el destino del cultivo. En Sinaloa puede extenderse aproximadamente 210 días, en el Bajío ronda los 180 y, cuando el maíz se utiliza para ensilaje, puede reducirse a unos 135 días.

A las semillas se suman FieldView, una plataforma que utiliza información de la parcela para orientar decisiones sobre siembra, nutrientes y sanidad vegetal, y Carlota, un dispositivo que recomienda cuándo y cuánto regar. Bayer estima que este año operarán cerca de 750 equipos Carlota en unas 30,000 hectáreas de 16 estados y, en pruebas con sandía en Sonora, reportó una reducción de 35% en el uso de agua.

No obstante, la herramienta también muestra los límites para escalar algunas soluciones, pues funciona donde el agricultor controla el riego, mientras alrededor de 70% de la superficie agrícola mexicana depende de la lluvia.

Bayer reporta incrementos de hasta 25% en productividad y reducciones de hasta 30% en el uso de agua con su sistema de manejo, aunque esos resultados corresponden a evaluaciones realizadas durante cuatro ciclos agrícolas en un promedio de ocho parcelas o macrolocalidades por año. Rancho Hontoria todavía deberá generar sus propios datos para comprobar qué resultados consigue bajo este modelo.

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El reto de llevarlo al pequeño productor

La escala será otra prueba porque 85% de los agricultores mexicanos tiene menos de 10 hectáreas, de acuerdo con Bravo, quien asegura que una proporción similar se observa entre los clientes que compran semillas de Bayer.

Para acercar sus productos a este segmento, la empresa trabaja mediante distribuidores y algunos de ellos utilizan líneas respaldadas por FIRA para ofrecer financiamiento a los agricultores.

La compañía también opera Cultivando Mejores Vidas, un programa con puntos de atención en comunidades alejadas de las redes comerciales; aun así, un productor pequeño no parte de las mismas condiciones que Rancho Hontoria.

La familia Rubín cuenta con infraestructura, produce alimento para su ganado y genera ingresos diarios por la venta de leche, mientras un agricultor con una cosecha al año tiene menos margen para absorber un error.

Por esa razón, Bayer no planea replicar inmediatamente el ForwardFarm en otros estados. La empresa todavía no tiene elegido un segundo socio porque primero quiere medir si los productores visitan el rancho, intercambian conocimiento y adoptan las soluciones, además de evaluar los resultados económicos y agronómicos.

“Este es el primero en México y hay que ver cómo reaccionan los productores, cómo lo acogen y si realmente vienen”, señala Bravo.

Si los indicadores funcionan, la compañía analizará una segunda granja que podría enfocarse en frutas y hortalizas en lugar de maíz. Antes quiere comprobar si una fórmula que ya opera en Brasil, Argentina o Paraguay puede crear la misma comunidad en México y, sobre todo, si los números también funcionan para el agricultor.

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