La tecnología tiene que dejar dinero
El reto aparece cuando el productor hace las cuentas, pues sembrar una hectárea de maíz en esta zona del Bajío cuesta alrededor de 55,000 pesos desde la siembra hasta la cosecha, según Marco Gallegos, representante de cuentas clave de Bayer. La cifra incluye semilla, fertilizantes y labores agrícolas, de modo que cualquier tecnología debe generar un beneficio suficiente para justificar su costo.
Rancho Hontoria parte de una condición particular porque transforma el maíz en alimento para sus vacas y vende leche diariamente a Alpura, mientras un agricultor dedicado al grano depende de una sola cosecha y puede esperar alrededor de seis meses para recuperar su inversión. A ese periodo puede sumarse el tiempo de pago, pues Gallegos señala que este año algunos productores esperaron tres o cuatro meses después de entregar su cosecha.
La presión económica se extiende al resto del campo mexicano. El Censo Agropecuario 2022 del Inegi indica que 88.8% de las unidades agropecuarias reportó dificultades por los altos costos de insumos y servicios y 61% sufrió pérdidas por factores climáticos o biológicos; además, solo 6.1% consiguió crédito y 1.9% contó con seguro.
“Para escalar la agricultura regenerativa, la primera condición es que le cierren los números al productor. Que al final de este ciclo, no dentro de diez años, le deje más dinero en el bolsillo”, afirma Bravo. “No se vale pensar que la recuperación del planeta se viva a costa del productor”.
La familia Rubín lleva varios años probando esa ecuación, ya que antes de convertirse en ForwardFarm participó con otros 19 productores de Sinaloa y el centro del país en el desarrollo de los maíces de baja estatura de Bayer. El proceso permitió que los agricultores señalaran problemas directamente desde sus parcelas y que los investigadores ajustaran los híbridos.
Los productores detectaron, por ejemplo, que una mazorca situada a 30 centímetros del suelo quedaba al alcance de los roedores y podía escapar de la maquinaria durante la cosecha, por lo que Bayer modificó su posición hasta ubicarla entre 60 centímetros y un metro. También ajustó las hojas para facilitar la entrada de luz.
Después de esa etapa, la empresa calcula que Vitala y Preceon pasarán de unas 500 hectáreas durante las pruebas a alrededor de 60,000 hectáreas sembradas por agricultores este año. La semilla representa entre 10% y 15% de la inversión total del ciclo y tiene un precio comparable con los híbridos convencionales, según Bravo.
Vitala y Preceon no son semillas transgénicas , sino híbridos de baja estatura que permiten aumentar la densidad de siembra y reducir el riesgo de caída por viento. En Rancho Hontoria, el maíz se destina principalmente al ensilaje para alimentar al ganado, por lo que el proyecto no sustituye directamente las importaciones de maíz amarillo; su aportación está en probar cuánto puede aumentar la productividad con la misma superficie y un uso más eficiente de los recursos.
El retorno, sostiene Bravo, debe llegar en el mismo ciclo productivo, aunque el tiempo cambia según la región y el destino del cultivo. En Sinaloa puede extenderse aproximadamente 210 días, en el Bajío ronda los 180 y, cuando el maíz se utiliza para ensilaje, puede reducirse a unos 135 días.
A las semillas se suman FieldView, una plataforma que utiliza información de la parcela para orientar decisiones sobre siembra, nutrientes y sanidad vegetal, y Carlota, un dispositivo que recomienda cuándo y cuánto regar. Bayer estima que este año operarán cerca de 750 equipos Carlota en unas 30,000 hectáreas de 16 estados y, en pruebas con sandía en Sonora, reportó una reducción de 35% en el uso de agua.
No obstante, la herramienta también muestra los límites para escalar algunas soluciones, pues funciona donde el agricultor controla el riego, mientras alrededor de 70% de la superficie agrícola mexicana depende de la lluvia.
Bayer reporta incrementos de hasta 25% en productividad y reducciones de hasta 30% en el uso de agua con su sistema de manejo, aunque esos resultados corresponden a evaluaciones realizadas durante cuatro ciclos agrícolas en un promedio de ocho parcelas o macrolocalidades por año. Rancho Hontoria todavía deberá generar sus propios datos para comprobar qué resultados consigue bajo este modelo.