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Las empresas de alimentos buscan ahorros de hasta 35% ante el T-MEC

La revisión comercial lleva a las compañías a revisar proveedores, inventarios y logística con datos e IA para ganar eficiencia y margen.
Planta de producción de alimentos envasados.
El intercambio comercial de productos alimenticios —importaciones y exportaciones— alcanzó 37,822 millones de dólares en 2024, de acuerdo con los últimos datos de la plataforma Data México. (Foto: liujunrong/Getty Images)

El problema para las empresas mexicanas de alimentos y bebidas no es solamente qué decidirá Estados Unidos durante la revisión del T-MEC. También es cuánto margen tendrán para absorberlo cuando las nuevas reglas lleguen.

Mientras la negociación avanza y todavía no está claro hasta dónde cambiarán las condiciones comerciales de América del Norte, algunas compañías están haciendo una revisión de sus propios costos. Proveedor por proveedor, inventario por inventario y ruta por ruta, buscan encontrar gastos que puedan eliminar antes de que una mayor presión comercial termine llegando al precio que paga el consumidor.

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De acuerdo con datos de Infor México, una vez que las empresas superan un periodo de estabilización de alrededor de dos meses y medio después de implementar cambios tecnológicos y operativos, los ahorros pueden ubicarse entre 25% y 30% durante el primer año y alcanzar entre 30% y 35% en el segundo.

Cecilia Hermida, country manager de Infor México, explica que las compañías integran a sus procesos data, inteligencia artificial y herramientas de análisis para revisar cómo compran, a quién compran, cuándo deben abastecerse y cuál es el costo real de cada proveedor para la operación.

“Las empresas consideran que, en vez de reaccionar a la incertidumbre, tienen tiempo para prepararse para todo lo que es el manejo de exportaciones y para volver y profesionalizar su práctica de exportación de alimentos y bebidas a Estados Unidos”, señala la directiva.

Esto representa un cambio en la forma en que las compañías buscan mejorar sus márgenes , de acuerdo con la directiva, ya que en lugar de concentrar la tecnología únicamente en reportes contables y mejorar la rentabilidad desde sus fundamentales financieros, la integran en los procesos donde se genera el costo, es decir, para eficientar compras, inventarios, almacenamiento, producción y logística.

Hermida considera que ahí existe una de las mayores oportunidades para las compañías de alimentos y bebidas, porque los datos permiten encontrar costos que no necesariamente aparecen en los estados financieros. Un proveedor más barato, por ejemplo, puede terminar siendo más costoso si genera retrasos, devoluciones o problemas de calidad.

El cambio también aplica para las grandes empresas del sector, que integran el uso de los datos y la inteligencia artificial para tener mayor eficiencia en el manejo de inventarios, transporte y planeación, procesos en los que Cecilia Hermida identifica como áreas en las que se pueden encontrar eficiencias.

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Un ejemplo es Grupo Herdez, que implementó una torre de control de planeación con inteligencia artificial para mejorar el nivel de servicio, trabajar con menores inventarios y optimizar los gastos de transporte en una red de 15 centros de distribución. El sistema permite hacer planeaciones diarias y detectar puntos de la cadena donde puede presentarse un problema de suministro.

El caso de Herdez muestra que el ahorro puede generarse con mejor información para decidir cuánto producir, cuánto inventario mantener y cómo moverlo. La empresa planteó la herramienta para obtener visibilidad de extremo a extremo y tomar decisiones sobre la operación antes de que los problemas de suministro impacten el negocio.

Los datos como eslabón de la cadena de suministro

El foco está en convertir la información que generan las operaciones diarias en decisiones de compra y producción. Para ello, las empresas revisan desde la selección de proveedores y la adquisición de materias primas hasta el almacenamiento y la fabricación.

La inteligencia artificial puede cruzar variables que antes se analizaban por separado y detectar patrones en precios, entregas y comportamiento de proveedores. Con ello, una empresa puede determinar si le conviene comprar anticipadamente un insumo, cambiar de proveedor o almacenar determinados productos antes de que aumenten sus costos.

Para Hermida, el potencial no está solamente en reducir un gasto específico, sino en modificar procesos completos para que la empresa pueda producir y distribuir con los mismos recursos, pero de una manera más eficiente.

“Cuando se enfocan en procesos puntuales posible lograr márgenes para lograr que el cliente final no se vea impactado”, dice Hermida.

El intercambio comercial de productos alimenticios —importaciones y exportaciones— alcanzó 37,822 millones de dólares en 2024, de acuerdo con los últimos datos de la plataforma Data México.

Los principales destinos comerciales de Los Productos Alimenticios fueron Estados Unidos, con un valor de 20,274 millones de dólares, Guatemala con 500 millones de dólares, Canadá con 434 milones de dólares, Colombia con 316 millones de dólares y República Dominicana con 209 millones de dólares.

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Para las compañías mexicanas que exportan alimentos y bebidas hacia Estados Unidos y Canadá, reducir esos costos se traduce en un acierto frente a cambios en las condiciones comerciales. La meta es llegar a la próxima etapa de la revisión con una estructura de costos más eficiente y con mayor margen para absorber presiones sin trasladarlas directamente al consumidor.

Humberto Calzada, economista en jefe para Rankia Latam, coincide en que este periodo debe utilizarse para revisar variables que pueden determinar la competitividad de las empresas. “Las empresas deberían aprovechar estos meses para revisar temas de costos, proveedores, rutas logísticas, contenido regional, entre otros”, señala Calzada.

Esta inspección de las operaciones es una especie de viaje en caso de que la revisión del T-MEC pudiera elevar las exigencias para las compañías que tienen cadenas productivas integradas entre México y Estados Unidos.

“Estados Unidos buscará fortalecer el contenido producido en Norteamérica y reducir su dependencia de insumos provenientes de China. En ese escenario, la eficiencia que las empresas consigan ahora puede convertirse en un colchón frente a reglas comerciales más estrictas”, dice Calzada.

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