“Como industriales tenemos una preocupación muy muy fuerte porque esto nos saca totalmente del mercado a los transformadores de PVC en México. Sería desastroso porque el sector de PVC en México cubre muchos productos de muchas industrias y estaría peligrando a desaparecer”, dijo Francisco Espinosa, presidente de la sección de PVC de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (ANIPAC), en entrevista con Expansión.
Cuota compensatoria al PVC
El pasado 24 de marzo, la Secretaría de Economía publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) una resolución preliminar del procedimiento administrativo de investigación antidumping sobre las importaciones de PVC suspensión en el que se estableció la aplicación de una cuota compensatoria.
La investigación respondió a una solicitud presentada por Mexichem, actualmente el único productor de resina de PVC suspensión en México, por presuntas prácticas de discriminación de precios. La medida estableció una cuota compensatoria de 639 dólares por tonelada para el producto procedente de Norteamérica.
Para los transformadores, el efecto de la medida se refleja directamente en el costo de su principal materia prima. Con la cuota, la resina que llega al mercado mexicano alcanza precios de entre 1,250 y 1,300 dólares por tonelada, de acuerdo con Espinosa. El precio internacional, en contraste, se ubica entre 890 y 950 dólares.
“Está muy muy cara, y eso le resta competitividad a los productos manufacturados en México”, señaló el presidente de la sección de PVC de la ANIPAC.
Asia abre otra presión sobre los transformadores
El problema no termina en el costo de la resina. Mientras los fabricantes mexicanos enfrentan una materia prima más cara, el mercado nacional recibe productos terminados y semiterminados provenientes del mercado asiático a precios que la industria local considera difíciles de igualar.
Espinosa señaló que varios de estos productos proceden de países que no tienen tratados comerciales con México, pero que aun así llegan al mercado nacional con precios inferiores a los de los fabricantes locales.
“El país recibe competidores con productos terminados –a precio ridículamente bajo– pues no hay manera de que la industria nacional subsista”, afirmó.