La presión por estos recursos aumenta conforme se expande la fabricación de vehículos eléctricos, baterías , centros de datos, redes eléctricas, turbinas eólicas y otras tecnologías. A nivel mundial, la demanda de litio aumentó casi 30% en un año, por encima del crecimiento anual de 10% que había registrado durante la década de 2010. La de níquel, cobalto, grafito y tierras raras también creció, entre 6% y 8%, según la firma de investigación de mercado Fact.MR.
El incremento ha llevado a países como China y Estados Unidos a buscar mayor control sobre territorios, reservas, cadenas de suministro y proyectos mineros considerados estratégicos. La disputa ya no se limita a quién tiene capacidad para procesar estos materiales, sino también a quién puede asegurar las reservas que permitirán sostener la producción durante las próximas décadas.
China parte con ventaja. El país domina buena parte de la cadena mundial de las tierras raras, desde la extracción hasta su procesamiento, y ha utilizado esa posición para reforzar su importancia estratégica en un mercado que resulta indispensable para industrias como la automotriz, la electrónica, la defensa y la generación de energía.
México, en cambio, ha tomado una ruta distinta. Aunque cuenta con recursos que forman parte de la lista de minerales críticos de Estados Unidos y tiene indicios de tierras raras en al menos 11 estados, no tiene actualmente minas de tierras raras en explotación comercial y el sector privado dejó de recibir nuevas concesiones para explorar el territorio nacional desde la reforma a la Ley Minera de 2023.
Incluso, en febrero pasado, la Secretaría de Economía informó que se han recuperado 1,126 concesiones que representan 889,512 hectáreas, lo que representa casi la extensión territorial de Querétaro.
El cambio trasladó al Estado la responsabilidad de investigar y explorar nuevas zonas con potencial minero. La única entidad que actualmente puede realizar esa actividad de manera directa es el Servicio Geológico Mexicano (SGM), que recibe órdenes de exploración de la Secretaría de Economía.
Una exploración concentrada en minerales tradicionales
El alcance de la exploración pública permite dimensionar el reto. De acuerdo con Flor de María Harp, directora general del SGM, actualmente existen tres áreas en desarrollo: Delia, en Sonora; La Soledad, entre Sinaloa y Durango, y Las Granadas, en el Estado de México.
Ninguna de las tres corresponde a un proyecto de tierras raras.
Delia se ubica entre los municipios de Puerto Peñasco y Plutarco Elías Calles, en Sonora, y la expectativa es localizar oro. La Soledad se extiende entre Badiraguato, Sinaloa, y Tamazula, Durango, con indicios de oro, cobre, molibdeno y tungsteno.
Las Granadas, en el Estado de México, comprende municipios como Almoloya de Alquisiras, Amatepec, Luvianos, Temascaltepec, Tejupilco, Tescaltitlán, San Simón de Guerrero y Sultepec de Pedro Ascencio de Alquisiras, donde se busca plomo, zinc, cobre, oro y plata.
“En el Estado de México estamos finalizando los metros que tenemos contemplados este año para barrenar, en Delia estamos iniciando la barrenación y en La Soledad estamos esperando la autorización de la MIA (manifestación de impacto ambiental)”, explicó Harp en entrevista con Expansión.